El título que he dado a mis conferencias estaba destinado, como corresponde a un título, a ser lo más claro e incisivo posible, pero —ahora lo advierto perfectamente— por un exceso de precisión ha resultado demasiado breve, con lo que ha vuelto a ser oscuro; así que debo empezar aclarando —e incluso disculpando, en caso de que sea necesario— ante mis ilustres oyentes este título y, por tanto, el objeto o de estas conferencias. Si he prometido hablar sobre el porvenir de nuestras escuelas, con eso no he pensado en primer lugar en el porvenir específico ni en el desarrollo posterior de nuestras instituciones basileenses de esa naturaleza. Aunque pueda parecer en bastantes ocasiones que muchas de mis observaciones generales encuentran una ejemplificación precisamente en nuestras instituciones educativas, sin embargo no soy yo quien hace esas ejemplificaciones, y, por eso, no quisiera de ningún modo asumir la responsabilidad de semejantes aplicaciones prácticas, y ello precisamente por la razón de que me considero demasiado extranjero e inexperto, y me siento demasiado poco enterado de la situación de esta ciudad, como para estar en condiciones de juzgar correctamente una configuración tan particular de las relaciones culturales o incluso para ser capaces de delinear con cierta seguridad su porvenir. Por otro lado, soy totalmente consciente de cuál es el lugar en que debo pronunciar estas conferencias: se trata de una ciudad que intenta fomentar —en un sentido incomparablemente grandioso y en una medida que debe incluso avergonzar a los Estados más grandes— la cultura y la educación de sus ciudadanos. Por consiguiente, no me equivoco cuando supongo que donde se hace más por esas cosas, se piensa también más en ellas.Recuerden que estamos tratando de establecer, tal vez en primera instancia, la axiomática de la cual parte el autor. Dicho de otra manera, cuáles son los puntos que "toma como verdades" sobre los asuntos a considerar. Si se trata de la educación, por ejemplo, aunque no lo diga podemos ir estableciendo lo que entiende por tal, o lo que le parece que nada tendría que ver con eso; también: cómo está considerando al sujeto que va a ser objeto de la educación, por qué tendría que ser educado, qué susceptibilidad tiene a la acción educativa, en qué sentido, etc. Esto, como es obvio puede estar diseminado a lo largo del texto. Y no tiene por qué ser del todo consistente.
No olviden que una cosa es el orden expositivo de un texto y otra cosa es su estructura. Todo el tiempo, al leer, estamos haciendo hipótesis sobre la estructura del escrito. No leemos linealmente. Cada hipótesis integra lo leído (por mal leído que esté) y se proyecta sobre las posibilidades de lo que viene. Esto, que es propio de la lectura, tiene doble filo. Sin ese procedimiento, no podemos leer, pero con él, sobreponemos al texto cosas que no están en él. Ahora bien, cada cosa que leemos, como efecto de leerla bien, o de leerla distraídamente, o de leerla bajo el influjo de una idea que parasita nuestra atención... puede alterar la hipótesis de lectura. De manera que estamos armando y desarmando el texto permanentemente. No necesariamente para bien del texto o del lector, pues la multiplicidad de asuntos que concurren al momento de leer es completamente heterogénea. Tal vez un "buen lector"... si algo así existe... sería alguien cuyos sesgos de lectura están un tanto bajo control, alguien que construye y desbarata hipótesis con cercanía al texto.
Bueno... mientras tanto, quiero un par de intervenciones de ustedes sobre qué elementos axiomáticos perciben en el párrafo transcrito.
Cuando vean dos comentarios, no introduzcan más.
¡A trabajar!
En la primera parte hay una idea de futuro, quizá pueda vincularse con la esperanza o aquello que deseamos que pase, en este caso con las escuelas… También se puede ver un intento de relativización de lo que pretende decir “y me siento demasiado poco enterado de la situación de esta ciudad, como para estar en condiciones de juzgar correctamente”, con lo cual, salva su responsabilidad de juzgar correctamente.
ResponderEliminarHabla también de “una configuración tan particular de las relaciones culturales”, quizá entendiendo la escuela como institución promotora de marcos de comprensión en la cultura.
Hace una loa a que en el lugar donde se encuentra, pronunciando este discurso, se preocupe por “la cultura y la educación de sus ciudadanos” y culmina valorando la “práctica” o el “hacer” sobre las proyecciones o proyectos… quizá sobre las mismas políticas.
Dice Carlos que hay una idea de futuro, vinculable con aquello que deseamos que pase con las escuelas… Pero justamente aclara Nietzsche: "con eso no he pensado en primer lugar en el porvenir específico ni en el desarrollo posterior de nuestras instituciones basileenses". Entonces, ¿qué diferencia hace entre el futuro "ideal" y el "porvenir específico". El texto lleva en el nombre la palabra porvenir y, sin embargo, dice que no se va a dedicar al porvenir específico.
EliminarDe otro lado, el tono dubitativo, ¿nos autoriza a decir que "salva su responsabilidad de juzgar correctamente", como dice Carlos?
Leo dos supuestos en estos fragmentos del primer prefacio. Celebro el primero. El segundo me resulta matizable: no suena tan evidente aquello de que donde más se hace por una cosa sea precisamente donde más se la piensa, podría en este sentido defender una sentencia distinta: un discurso suele proliferar precisamente porque no se ha logrado su realización. No es que quiera discutir al Nietzsche del prefacio (es mucho más inteligente que quien escribe), pero su axioma parece controvertible, pensar y hacer no son verbos coincidentes; permítanme aquí un ejemplo -forzosamente injusto- tenemos entre nosotros a expertos altamente calificados en el tema de violencia (su historia, sus datos, su diagnóstico), ese pensamiento que algunos califican peyorativamente de “violentología” no nos aproxima, ni siquiera remotamente, a estar más cerca de resolver semejante problema social y cultural.
ResponderEliminarEl primer axioma me resulta mucho más seductor, preguntarse por “el porvenir de nuestras escuelas” traduce aquí a una relación más amplia y compleja (el título de las conferencias se queda corto), importa indagar la conexión de aquel orden institucional con la cultura alemana, es decir, como “monumento vivo”, como “corriente de civilización”, como forma elevada de la cultura. Nietzsche defiende una valoración muy digna y muy superlativa de la cultura alemana. Los “bárbaros” sajones, que unificaron su lengua con Lutero, que adecuaron el alemán a las precisiones de la filosofía con Kant y el idealismo, defienden su legado con valor, dándole valor, incluso dotándolo del más alto valor. Simplemente, conmovedor.
Habla Jhon de dos supuestos en el fragmento, pero inmediatamente se le sale la época: "Celebro el primero. El segundo me resulta matizable". Nuestro acuerdo (pero veo que falta insistir para que lo sea) era que nos íbamos a concentrar en la postura, en la axiomática, en lo que el tipo efectivamente dice, no en lo que nosotros opinamos. El mismo Nietzsche dirá en el texto que es preferible tener pensamientos que opiniones. En lo que estamos tratando de hacer no se admiten opiniones (por eso tampoco se respetan)... se admiten argumentaciones.
EliminarDice Jhon "no suena tan evidente aquello de que...". ¿Y suena evidente eso de que un objeto no tiene color y que el color que vemos es el único que refleja (o sea, el que menos "tiene")? ¿Y suena evidente que el universo comenzó hace 16 mil millones de años y que desaparecerá más o menos en unos 45 mil millones? El pensamiento del que nos ocupamos en la escuela (que en su mayor parte parece venir de la ciencia) es contra-evidente.
Aquello de que donde más se hace por una cosa sea precisamente donde más se la piensa", ¿no podría ser una cortesía de Nietzsche con su público? Así las cosas, se nos escapa algo que no es evidente, pero que es serio en términos de la teoría de la comunicación: no es cierto que del dicho al hecho haya mucho trecho. El dicho, en su contexto, es el hacer correspondiente. Y el hacer, en su contexto, no resiste la tentación de poner palabras, independientemente de que tengan que ver con el asunto.
Armados del dicho popular ("del dicho al hecho hay mucho trecho") no podemos entender el 90% del habla cotidiana. ¿Qué tal, por ejemplo, un saludo? Cuando uno le dice al otro "¿cómo estás?", no espera un informe del estado del otro... y no por eso nos van a acusar de inconsecuentes...
Gracias profe por el afecto, bien recibido, bien merecido… Entiendo el argumento de la cortesía de Nietzsche para con su público, también el sablazo de lo poco evidente de algunas evidencias.
EliminarAcometo nuevamente… Dice Nietzsche en el prefacio uno que va a abordar una cuestión: el porvenir de la cultura (en particular la cultura alemana, expresa taxativamente que no quiere abarcar todo el horizonte de los pueblos civilizados). Porvenir de la cultura alemana que tiene algún nivel de relación con la pregunta por el porvenir de la “escuela” alemana (escuela en sentido amplio, que abarcaría desde la primaria hasta la universidad), pero para hacerlo advierte que va a diferenciarse de dos estatutos del hablante, o mejor, no le interesa ni la forma como hablaría un consejero, ni el modo como lo haría un profeta: ambas versiones del porvenir le resultan obnubilantes, incluso demasiado próximas a lo ridículo (p. 22).
Su idea del porvenir parece advertir varias características, así: 1. Tiene como base el presente (permítaseme adivinar el porvenir basándome exclusivamente… en las vísceras del presente). Dicho presente no es asociable al sentido común de lo actual, es más, el autor critica esa aspiración a lo actual, a lo moderno, a la cresta de la ola que parece obnubilar a las instituciones educativas del presente. Mejor dicho, lo presente no es lo actual, lo presente de una cultura tendría relaciones tanto con el pasado como con el futuro. El presente no sería ni la moda, ni un impulso modernizador. 2. Tiene por aliado la naturaleza. Conmueve aquí la alusión a los combatientes, a los esperanzados en el valor espiritual de la cultura, entre los que destaca a Goethe. En este punto confieso una limitación: tengo en mi cabeza una oposición semántica entre naturaleza y cultura, viejo debate sofista entre fisis y logos, la cultura es simulacro, pero aquí parece señalarse una naturaleza de la cultura que quisiera entender mejor.
Jhon Henry, tengo una versión distinta del concepto de discurso, primero, hay de fondo una distinción, -como lo dices- entre el discurso y la acción... en otras palabras entre la "carreta" y las "acciones", pero, ¿qué pasa si nosotros somos hablados por discursos?, es decir, el discurso, por el hecho de que no sea "tangible", no deja de ser material. Así, el axioma que comenté reza " no me equivoco cuando supongo que donde se hace más por esas cosas, se piensa también más en ellas.", casi en el marco de un saludo protocolario y una loa al lugar donde pronuncia su conferencia... la discusión, es entonces que según la afirmación "se hace más también se piensa más", eso del todo no es cierto... podría referirme al caso de Prometeo y su hermano Epimeteo... respectivamente el que piensa para actuar y el que actúa para pensar... también, me baso en una afirmación que hizo el maestro en clase, refiriéndose a los resultados del saber... el hecho, el acto,la acción, de alguna manera detiene el pensar... habría que ahondar en las diferencias de cada uno de estos conceptos (hecho, saber y acción), pero, noto que es una propuesta del autor en el texto sugerido. Gracias por responder.
ResponderEliminarCarlos, acepto que es una loa. Lo que me ocurrió fue que me quede pensando en la separación “tan marcadamente pura” entre pensamiento y acción, o mejor, entre conocimiento y su aplicación. Si bien entiendo la utilidad de separarlos conceptualmente, parecen existir diversos puntos de conexión, incluso podría argumentar cómo en nuestra “cultura” la existencia de la pedagogía obedece a un estatuto que es mucho más próximo a la práctica que a una epistemología, como sería el caso de la cultura alemana (Nietzsche) o de los franceses (Durkheim). Entre nosotros la educación es mucho más una forma de hacer que una forma de pensar, incluso valdría la pena defender la tendencia contraria, algunas cosas que alcanzan la dignidad de ciencia o de conocimiento, comenzaron como una forma de hacer. No siempre la “ciencia” es la que afecta (determina o explica) la acción, el proceso inverso es también productivo. Me suena eso de que somos hablados por el habla, hay un “se habla” que opera también como práctica.
ResponderEliminarRetorno las gracias.
Para mi cuando Nietzsche afirma "soy totalmente consciente de cuál es el lugar en que debo pronunciar estas conferencias: se trata de una ciudad que intenta fomentar(...) la cultura y la educación de sus ciudadanos..." es evidente que conoce una realidad, una realidad a la que no se escapa; es una realidad de la cual también quiere formar parte y por ello se incluye como miembro de la misma. Cuando se expresa sobre la "cultura" esto implica que hablar de la misma le da autoridad para interpretar las representaciones de cómo percibir, inferir, asumir y reconocer situaciones de ese determinado contexto y sus posible relaciones.
ResponderEliminarLa idea que plantea el autor de una ciudad que busca trascender en el estudio de la cultura y la educación para los ciudadanos, se nos presenta como una gran expectativa que debiera ser seguida por aquellos Estados a los que ha llamado “grandes” –infiero que desde una mirada económica de poder y de la construcción social-, entonces muestra en la línea “en un sentido incomparablemente grandioso y en una medida que debe incluso avergonzar a los Estados más grandes” como estos estado se han hecho a un lado de esta necesidad de contribuir a la formación de la cultura y la educación y al contrario han habido otros que han decidido invertir esfuerzos en el desarrollo de este.
ResponderEliminarOtro aparte que es de importancia es la idea de “donde se hace más por esas cosas, se piensa también más en ellas” que plantea una necesidad de no dar las cosas por acabadas, sino que más bien sobre la marcha y los adelantos, seguir repensando la idea de la cultura y la educación como una industria que necesita siempre de nuevas miradas de ser y hacer.