viernes, 8 de marzo de 2013

Un cuento de Nasruddin


¿Saben de qué les voy a hablar?
 
El Mulá Nasruddin llega a un pequeño pueblo en algún lugar lejano de Medio Oriente. Era la primera vez que estaba ahí. Una multitud se reunió para escucharlo. Nasruddin no sabía qué decir, porque él sabía que nada sabía; se propuso improvisar algo y así intentar salir del atolladero en el que se encontraba. Entró muy seguro y se paró frente a la gente. Abrió las manos y dijo:
—Supongo que si ustedes están aquí, ya sabrán qué tengo para decirles.
La gente dijo:
—No... ¿Qué tienes para decirnos? No lo sabemos ¡Háblanos! ¡Queremos escucharte!
Nasruddin contestó:
—Si ustedes vinieron hasta aquí sin saber qué vengo a decirles, entonces no están preparados para escucharlo.
Dicho esto, se levantó y se fue. La gente quedó sorprendida. Todos habían venido esa mañana para escucharlo y el hombre se iba simplemente diciéndoles eso. Pero entonces uno de los presentes dijo:
—¡Qué inteligente!
Y como siempre sucede, todos empezaron a repetir:
—Qué inteligente.
—Qué inteligente.
Hasta que uno añadió:
—Sí: qué inteligente, pero... qué breve.
Y otro agrego:
—Tiene la brevedad y la síntesis de los sabios. Porque tiene razón: ¿cómo vamos a venir sin siquiera saber qué venimos a escuchar? Qué estúpidos hemos sido. Hemos perdido una oportunidad maravillosa. Qué iluminación, qué sabiduría.
Algunos empezaron a decir que su conocimiento era demasiado para reunirlo en una sola conferencia. Entonces fueron a ver a Nasruddin, para pedirle una segunda conferencia.
Nasruddin dijo:
—No: es justo al revés, están equivocados. Mi conocimiento apenas alcanza para una conferencia. Jamás podría dar dos.
La gente dijo:
—¡Qué humilde!
Y cuanto más Nasruddin insistía en que no tenía nada para decir, con mayor razón la gente insistía en que querían escucharlo una vez más. Finalmente, después de mucho empeño, Nasruddin accedió. Al día siguiente, regresó al lugar de reunión, donde había más gente aún, pues todos sabían del éxito de la conferencia anterior. Nasruddin se paró frente al público:
—Supongo que ustedes ya sabrán qué he venido a decirles.
La gente estaba avisada para cuidarse de no ofender al maestro con la infantil respuesta de la anterior conferencia; así que todos dijeron:
—Sí, claro, por supuesto lo sabemos. Por eso hemos venido.
Entonces Nasruddin añadió:
—Bueno, si todos ya saben qué es lo que vengo a decirles, no veo la necesidad de repetir.
Se levantó y se fue otra vez. La gente se quedó estupefacta: aunque ahora habían dicho otra cosa, el resultado había sido exactamente el mismo. Hasta que alguien gritó:
—¡Brillante!
Y el resto comenzó a decir:
—¡Sí, claro, este es el complemento de la sabiduría de la conferencia de ayer!
—Qué maravilloso.
—Qué espectacular.
Hasta que alguien dijo:
—Sí, pero... mucha brevedad.
—Es cierto —se quejó otro.
—Capacidad de síntesis —justificó un tercero.
Entonces, una delegación de notables fue a pedirle una tercera conferencia. Nasruddin dijo que de ninguna manera; que él no tenía conocimientos para dar tres conferencias y que, además, ya debía regresar a su ciudad de origen. La gente le imploró, le suplicó, le pidió una y otra vez; por sus ancestros, por su progenie, por todos los santos, por lo que fuera. Finalmente, Nasruddin aceptó dar una tercera y definitiva conferencia.
Por tercera vez se paró frente al publico, que ya eran multitudes, y les dijo:
—Supongo que ustedes ya sabrán de qué les voy a hablar.
Esta vez, la gente se había puesto de acuerdo: sólo el intendente del poblado contestaría:
—Algunos sí y otros no.
En ese momento, un largo silencio estremeció al auditorio. Todos, incluso los jóvenes, siguieron a Nasruddin con la mirada.
Entonces el maestro respondió:
—En ese caso, los que saben... cuéntenles a los que no saben.
Se levantó y se fue.

6 comentarios:

  1. Lo que pide Nietzsche encarna una alta dificultad, al tiempo que se restringe a muy pocos…Ese vínculo espiritual que conecta algo que puede ser recordado, completado y adivinado, remite a un diálogo entre sabios, en el que no tiene cabida la experiencia común de la educación (suele ser demasiado baja, llana, ordinaria, ruidosa, prescriptiva, acotada, como para entender los valores de semejante diagnóstico elevado de la cultura). Por supuesto que en ese diálogo de sabios, lo que se dice de la educación no tiene disenso, no tiene reparos y se mostraría como el punto de llegada de aquella alta inteligencia que diagnostica pero que también puede describir modelos. Quien habla desde el ideal, tiene en sus manos todo un orden axiomático para pintar un paisaje, en este caso, el de la cultura y el de los ideales de la educación. La verdad sospecho que el ilustre oyente como en el cuento de Nasruddin, no tiene cómo ser entendido por la multitud, el Nietzsche que habla parece remitirse, sin ironía, al ilustre Nietzsche… un diálogo con el espejo.

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    1. El saber encarna una alta dificultad. De manera que no es “lo que pide Nietzsche”; tal vez lo que describe Nietzsche. Y es esa dificultad la que hace que no todos se apliquen a estar a su altura… en cuyo caso no es que “se restrinja”, que alguien la restrinja… ya habíamos hablado del ejemplo del ajedrez (¡ojalá sirviera a todos lo que se dice a cada uno!). Se juega entre personas que saben jugar. Se hace geometría entre geómetras; física entre físicos… (me la sé con un montón de disciplinas). No se trata de “los sabios” en abstracto… manera de decirlo que puede trazar una línea divisoria por donde no es. De ahí que Jhon afirme: “en ese diálogo de sabios, lo que se dice de la educación no tiene disenso”. ¿Quién dijo que en un campo de saber no hay disenso? Al contrario, un campo de saber se caracteriza por una pugna interna (de ahí el nombre de ‘campo’). Pero entonces, se está tomando “sabios” en un sentido distante de lo que dice Nietzsche. “Punto de llegada de aquella alta inteligencia que diagnostica pero que también puede describir modelos”… supongo que no se referirá Jhon a los químicos, a los biólogos, a los sociólogos… No: Jhon se refiere a quienes hablan desde el ideal: “Quien habla desde el ideal, tiene en sus manos todo un orden axiomático para pintar un paisaje, en este caso, el de la cultura y el de los ideales de la educación”. Bueno: nada que ver con Nietzsche

      Que no tenga cabida la “experiencia común”… pues ese es el ámbito del pensamiento juicioso, pues —como decía Marx, si la forma de manifestarse las cosas (para la experiencia común, digamos) y la esencia de éstas coincidieran directamente, toda ciencia estaría de más. Es curioso: nadie entraría a un simposio de física creyendo que algo que tiene que decir si no sabe física… pero todo el mundo cree que puede entrar a un simposio sobre educación, sin saber nada al respecto. Una señora, a quien nombraron ministra de educación en Colombia, en una de sus primeras declaraciones afirmó que ella había educado a un hijo y que eso era suficiente para desempeñarse en la cartera de educación.

      El cuento de Nasruddin, al que Jhon se refiere sólo a lo último, estaba ahí para meter leña al fuego encendido antes en relación con la paradoja de tener que saber algo para que nos enseñen.

      La multitud entiende lo que le está destinado como tal, como multitud. ¿Por qué tendría que entender lo que no le está dirigido? Y no es cierto que eso implique hablar ante un espejo. Significa hablar con quienes no son multitud, con quienes se han tomado el trabajo de estar a la altura de un discurso elaborado.

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    2. Impecable y afiligranada lectura profe… sólo puedo agradecerla… Deslicé valoraciones que terminan delatando prejuicios propios: que los ilustres oyentes no sean multitudes no me autoriza a calificar esa circunstancia como una actuación restrictiva (¿de parte de quién?), tampoco lo contrario, un soliloquio ante el espejo. Ahora sí que me resuena la frase de Nasruddin, que bien podría haber sido pronunciada por el Nietzsche del prefacio: “Si ustedes vinieron hasta aquí sin saber qué vengo a decirles, entonces no están preparados para escucharlo” (tal vez sea necesario reconocer lo poco ilustre de estos oídos, o de que sólo escucho ruidos)…

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  2. Apreciados Nasruddines: Me acosan (acusan) unas ideas, que surgen de lo que se ha planteado aquí; la primera es que en la educación existe una gran cantidad de diletantes, tanto es así que podemos ver lo que dice la Ministra de Educación -referencia hecha por por el Maestro-, o tal como es el caso, que cualquier profesional puede educar... (véase convocatoria de la SED en Bogotá)... justo ese aspecto me lleva a pensar que la diletancia en los educadores, es un reflejo directo del estatuto epistémico y por ende de la epistemología de la educación (que sospecho es de lo que se trata el curso). Hablo entonces de la configuración, requerimientos, discusiones, posicionamiento y "reconocimiento" de ese estatuto epistémico y epistemológico de la educación... ¿no será que nos estamos quedando sólo en el reconocimiento?

    Otra idea es que hay un tema de época, que determina la condición misma de educar... se trata de la facilidad misma del acceso a la información... en verdad, los datos sólo están ahí, y si "alguien" (aspiramos que sea el maestro).insta a buscarlos y les da sentido... pareciera ser que la tarea está hecha ... me refería entonces a la época y cómo el sentido de educar y del educador no se acomoda del todo a las exigencias que se plantean en esta discusión.

    Por último he desarrollado una cierta fijación, con el tema del maestro pescador (según metáfora del Maestro en clase presencial)... esto me lleva a la tercera idea: el maestro intenta vincular JUSTO LA EXPERIENCIA COMÚN a las "EXPLICACIONES", "TEORIZACIONES" y "RAZONES"... Como lo dije antes... aquí hay un plan: "Dar una explicación -cuerda-, -racional-" y enseñar esa(s) explicación(es)...

    Descontextualizo lo que dijo el Maestro en clase: "Hoy están preocupados, porque los estudiantes en los colegios se están matando y hacemos todo para que no se maten... menos darle razones para que no lo hagan"... ¿De eso se trata entonces? Dar razones, entrar en un laberinto argumentativo... sobre la manera y el para qué... (Discusión dada por Aristóteles en la "Retórica")... Digo todo esto porque, con lo del " maestro pescador", se me han ocurrido varias imágenes... ¿Qué hay de un maestro que pesque sin carnada? (o con la carnada equivocada) y todo lo ocurrente... el que se insole por el ejercico de pescar (agotamiento laboral), el que además de pescar tenga que hacer otra cosa (recarga de funciones: Dirección de grupo, encargado de disciplina, organizar el día del árbol... etc), el que el clima le daña la pesca (ambiente laboral)... en fin, las posibilidades infinitas relacionadas con el ejercicio del pescador y del maestro... pero he aquí la que me tiene con ruido: El maestro que pesca en el lugar equivocado... como un loco pescando en la mitad de la calle...

    "Un señor está sentado en la calle con una caña de pescar.
    - ¿Pican muchos?, le dice otro. - entono de burla-
    - Con usted van siete... responde el señor"

    ¿Será entonces, una discusión sobre el sentido de educar? ¿al referirnos a los axiomas y entender lo planteado... ¿nos pescan? y al estar en la red, coleteando por exceso de aire epistémico y ausencia de oxígeno "de lo común"... ¿moriremos felices pero en la red correcta... ?... a eso me quería referir.




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    1. De acuerdo en que hay una relación entre la desfachatez en educación (decir cualquier cosa: desde el maestro hasta el ministro) y el estatuto epistémico de la educación. Ahora bien, ¿cuál es el estatuto epistémico de la educación?, ¿en qué sentido es pertinente para ese campo la pregunta epistémica? Efectivamente, no es algo del orden del reconocimiento… que la mayoría de las veces es un desconocimiento que funciona como manera no problemática de reproducir los roles en educación. Tocaría, entonces, tener una versión seria del conocimiento (diferenciado de la información), una versión seria de lo que se llama “aplicar” el conocimiento, una versión seria de la condición humana que la educación busca producir (o reproducir), una versión seria del lenguaje… pero, en ningún caso, se trata de persuasión. La razón está ahí para algo, pero los efectos de la educación no son meramente del orden del sentido, del orden de la “información nueva”. Para poner un ejemplo nietzscheano: sostener la cultura, ¿es estar informado sobre la cultura?, ¿haber oído la 5ª sinfonía y haber leído a Shakespeare?
      Se va a pescar a sabiendas de todos los riesgos en juego. Cuando tiene certeza de que, armado de caña, a la sombra, en un laguito sembrado de tilapias, va a hacer algún hallazgo… se las cobran a la salida por peso. Eso no se llama pesca. Eso no es aventura.

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  3. El texto puede tomarse como una analogía frente al texto de Nietzsche, teniendo en cuenta que para el el Mulá se trataba de ponerse a la altura y es una de las pretensiones que puede tener el autor al desarrollar sus conferencias, por otra parte creo que también y sin temor a "herir susceptibilidades" pienso que la historia tiene algo de quijotesco y cuando hablé del termino señalado entre comillas es por que quizá es de esta manera como se ha manejado la educación en Colombia, por que desconociendo la realidad de otros países es en el único país donde el Ministro de Educación es un Economista, el Ministro de Salud no es Doctor y hasta somos capaces de elegir a un lustra botas como concejal de Bogotá, entonces hasta a dónde nos irá a llevar nuestra idiosincrasia, que ha falta del conocimiento por quién y cómo debe enseñar se haya creado el engendro llamado Decreto de Profesionalización docente que permite que otros profesionales "orienten" una asignatura dejando quizá sin oportunidad a quienes se han formado realmente para hacerlo, y cierro con una pregunta ¿cómo los licenciados no vamos a un hospital o a una juzgado a quitar el trabajo de ellos a sabiendas que somos químicos o profesionales en Ciencias Humanas?.

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