jueves, 25 de abril de 2013

Primer Prefacio (IX)

Continúa Nietzsche: 

«[…] no envidiamos a quien se sienta completamente de acuerdo con este presente, y lo acepte como algo “evidente”, ni por esa fe ni por esa escandalosa palabra de moda —“evidente”—; en cambio, quien haya llegado al punto de vista opuesto, ya está desesperado, ya no tiene necesidad de combatir y, apenas se entregue a la soledad, estará con toda seguridad solo. Sin embargo, en el centro, entre los servidores de lo evidente y los solitarios, están los combatientes, es decir, quienes están henchidos de esperanza». 

Tres posturas quedan configuradas por este enunciado: 

-         primero, la postura de aquellos que aceptan el presente como algo evidente. Escandalosa palabra de moda, dice Nietzsche. Pero parece que esa moda —contra su propia naturaleza— no ha pasado de moda. Hoy abunda en los discursos sobre educación que nos dicen, por ejemplo, que hay que ir a buscar las categorías en el objeto de investigación y no imponerlas desde afuera. El asunto es que, en aquella época al menos Nietzsche se escandalizaba, en cambio hoy no. Esa cantilena la repiten muchos profesores de metodología de la investigación que aspiran a hacer lo “políticamente correcto”, como se dice hoy, degradando tanto la palabra ‘política’, como la palabra ‘correcto’, que estaba hecha de manera que parecía no degradable. Los que aceptan el presente como algo evidente son los admiradores de lo sensible, los despreciadores de lo inteligible, independientemente del lugar que ocupen en el aparentemente ancho espectro de las posiciones políticas. Son los guardias de los procesos de reificación del sentido. Esta postura, en consecuencia, no puede demostrar en el sentido que nos pide Nietzsche, pues ese sentido de la demostración tiene que ver con dar cuenta de cómo las cosas han venido a parecer evidentes. A quien le parecen evidentes, ya mordió la carnada, ya está satisfecho.

-         La otra postura, en el otro extremo —dice Nietzsche— es la del desesperado, la de aquel que ya no tiene necesidad de combatir, pues está más allá del bien y del mal. Es un ángel caído en una marranera. La consecuencia, la señala Nietzsche: está con toda seguridad solo. Esta postura podemos caracterizarla como la del cínico, la del convencionalista a ultranza. Si todo es convención, ¿qué imperativo ético puede cobijarme? Ninguno. El que ya descubrió que todo es convencional, corre el riesgo de volverse un canalla, un cínico. ¿Por qué no podría movilizarse en pos de sus más mezquinas pretensiones, si ya cayeron los meta-relatos que antes justificaban las actuaciones en pos de los demás? No quedo sino yo. Es como el final de la película Pascualino, siete bellezas de Lina Wermüller.

-         La tercera posición, justamente situada por Nietzsche entre las dos anteriores, es llamada por él la de los combatientes, es decir, quienes están henchidos de esperanza. No creen en la evidencia, no se tragan el anzuelo de la reificación; pero, no por ello, caen en el convencionalismo, en el cinismo de los que ya pasaron por las idealizaciones y se dieron cuenta de que todo era semblante. Esperanza, entonces, no es idealización. Difícil postura que Nietzsche define en torno de la esperanza. Por eso cita al poeta Schiller:

Y su mejilla se encendía cada vez más roja
Con esa juventud que no se nos escapa nunca,
Con ese valor que tarde o temprano
Vence la resistencia del mundo obtuso
Con esa fe que, elevándose siempre,
Ora brota intrépidamente, ora se inclina pacientemente,
Para que el bien obre, crezca y sea útil,
Para que llegue por fin el día de los nobles.
 
Pero, ¿esperanza de qué? Se trata de algo obtenido, no soñado. Por eso dice que el futuro saldrá de una semilla actual. Y el presente, en consecuencia surgió de una semilla existente antes, no idealizada. Tal vez Nietzsche tiene esperanza en algo cuya semilla ve en el presente, en algo cuya semilla también estuvo en el pasado y produjo la cultura en relación con la cual monta toda su discusión. No se trata de algo a hacer, sino de hacer con ese algo que nos constituye. Se trata de algo que no puede quedar subsumido en el espíritu que se autodenomina a sí mismo revolucionario (pese a que habla de combatientes), pues éste se basa en una reificación, no en aquella que le resulta evidente a todos, sino en aquella que le resulta evidente a algunos. Creo que esta postura intermedia, henchida de esperanza, es profundamente revolucionaria… en otro sentido.

Un poco más allá, si ponemos a funcionar los criterios de Nietzsche (abstracción y especificidad), asignándoles a su vez valores de presencia y ausencia ( y +), obtenemos 4 campos: los tres de los que nos acaba de hablar Nietzsche y el de la idealización, del que ya hemos hablado pero que, de esta manera, quedaría formalizado junto con los otros:
 
 
 

6 comentarios:

  1. HELENA QUESADA

    ¿Pero, esperanza de qué?
    No resulta sencillo caminar por los laberintos de la retórica de Nietzsche, más bien es un camino que necesita muchas luces del pasado filosófico para poder encontrar , a tientas, todo aquello que trata de explicar sobre la educación. Trataré de explicar, pero sobre todo de explicarme. El sistema educativo es el dispositivo que encarna para nosotros todo este mundo de lo real, y en este caso el hombre tendría el vínculo con ella desde la necesidad, “voy en busca de…” y como tal se aleja del saber; es una realidad mecánica que invita a un juego cíclico, busca de un prestigio profesional, académico en la repetición porque desde este paradigma no se evidencia un producto nuevo en el saber.
    Como tal, este dispositivo plantea, entonces, a su opuesto, se rompe el paradigma, crea hombres solitarios que cansados de que la educación sea solo un propósito para algo y no un “algo” enfocado en el saber. Y al no encontrar solución a esta apatía simplemente quedan solos, hay aquí un una pregunta que los identifica ¿qué es lo real?
    El problema es que esta pregunta no encuentra una respuesta correcta y mucho menos un lugar dentro del sistema educativo, se trata de la repetición que no se puede reducir y hay una sensación de segregación, de irregularidad que no tiene en cuenta al sujeto en particular, sino que se ve como un ente general que no admite caracterizaciones, no hay salida.
    Por tanto, los combatientes establecen una advertencia para no caer en uno u otro enfoque (si se pueden llamar así) ya que la esperanza se pierde en uno u otro lado, solo el combatiente la tiene intrínsecamente, no necesita que el dispositivo se la otorgue, ya nunca la ha tenido, no se le ve, el combatiente hace su propio camino y de allí devienen sabios productores de conocimiento.
    ¿pero esperanza de qué? Hay por tanto un camino, pero no es el dispositivo, la estructura, el sistema el que lo da; no es un acto de sometimiento a una corriente. Es una decisión del sujeto que obtiene algo a través de la depuración de cada uno de estos dos lados de la tabla y sustraer de allí lo que la haga libre del reglamento y del desinterés

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    1. “No resulta sencillo caminar por los laberintos de la retórica de Nietzsche”, dice Helena, con toda razón. Pero me pregunto: ¿vale la pena la retórica de un autor (de un texto, mejor) si fuera sencillo caminar por sus laberintos? Esa es la diferencia entre los autores que perduran y los que sólo permanecen en el top diez durante un par de meses. Si enfocamos el asunto al texto y no al autor, ya no necesitamos “luces del pasado filosófico”, como añora Helena. Necesitamos leer mucho, para que veamos laberintos en la retórica de un texto. ¡Los laberintos más interesantes, los más complejos, son los que produce una mirada compleja! Entonces, conocer filosofía pero no para entender este texto, sino para complicar la mirada, en general. Recuerden que saber sobre Nietzsche y sobre otras obras suyas no nos ayuda a entender este texto, al menos que no nos interese el texto, sino la erudición. Y no es que saber sobre Nietzsche y sobre otras obras suyas no nos sirva: nos ayuda a entender este texto en la medida en que implica leer… pero entonces depende de la manera como lo hayamos hecho. ¿Cómo podemos entender, si alguna vez tenemos que llegar por primera vez a un autor?... Otra vez Nasruddin…
      La necesidad del hombre (“voy en busca de…”) resulta constitutiva de su acción hacia lo que él considera real. Es un real en el que cabe la poesía de Schiller, de manera que es un real muy especial, podríamos decir que está hecho de signos.
      Ahora bien, si la escuela es un tipo específico de respuesta al “voy en busca de…” propio de los humanos, ¿puedo sacrificar esa especificidad cuando, en su seno también se juegan las pequeñas mezquindades (prestigio y esas cosas)? ¿Cómo establecer la especificidad del dispositivo escuela y cómo situar allí los vínculos singulares de cada uno? Volvemos al tema de especificidad y ejemplo. La mezquindad de alguien, ¿en qué altera la especificidad del dispositivo escuela? Hemos dicho que hay medidas filantrópicas (implementar el amor y la democracia en la escuela), nada mezquinas, que sin embargo sí están acabando con el dispositivo escuela. Creo que el acólito de la evidencia, el solitario, el combatiente y el idealizador son efectos cuya relación con la escuela podemos buscar, pero no reducirlo a un efecto mecánico, moral… La soledad de la que habla Nietzsche no es el efecto de resignación de aquel que ha sido expulsado por el mal funcionamiento de la escuela; al contrario: ha sido expulsado por su propia postura.
      No creo que —como dice Helena— haya una pregunta que no encuentre respuesta o lugar en el sistema educativo. ¿Acaso ella no lo está diciendo en el sistema educativo? Las preguntas y las respuestas importantes no son de las instituciones, sino de los sujetos.
      La queja de que no se tiene en cuenta al sujeto particular, ¿a qué sujeto particular está teniendo en cuenta? Caíste en la trampa: toda afirmación universal elimina la singularidad. Y si la escuela habla del saber, ¿no implica que excluye al sujeto singular? Y si tiene en cuenta al sujeto singular, ¿no implica que excluye al saber? Has encontrado, Helena, que la escuela encierra una paradoja. No puedes hacer escuela sin equivocarte. El asunto es: ¿qué orientación permite equivocarse lo menos posible? Entonces, ¿esperanza de qué? No de buenos combatientes que llevan por dentro la magia y serán los creadores de conocimiento. No es para tanto, Helena. Esperanza no es idealización, dice en la entrega que estamos comentando. Combatiente —sigue diciendo ahí— es quien no cree en la evidencia, pero que no por ello cae en el convencionalismo. Como dice Helena: “es una decisión del sujeto que obtiene algo a través de la depuración de cada uno de estos dos lados de la tabla y sustrae de allí lo que la haga libre del reglamento y del desinterés”.

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  2. Diego Fernando Franco loaiza29 de abril de 2013 a las 19:39

    Diego Fernando Franco Loaiza

    Quisiera "intentar" -debido a que es una retorica compleja- reflexionar sobre el postulado de Nietzsche.

    "no envidiamos a quien se sienta completamente de acuerdo con este presente, y lo acepte como algo “evidente”, ni por esa fe ni por esa escandalosa palabra de moda —“evidente”—

    Muchas relaciones evidentes convergen hoy día en la escuela. Si se observan los curriculos, estrategias pedagógicas y dinámicas de clase se puede evidenciar la aceptación del presente cargado de intencionalidades, dicursos y retóricas. la función de lo evidente permite una inmovilización de la reflexión sobre el quehacer y el pensar pedagógico. Lo evidente hace que el maestro entre en un estado de confort y de tranquilidad hacia su oficio, de tal manera que acepta todo aquello que este presente sin cuestionar su especificidad. De esta forma su relacion con lo sensible se vuelve más profunda, lo inteligible se desvanece y el saber o el conocimiento adquiere otro sentido.

    Es aqui donde aparece el otro personaje que menciona Nietzsche: El desesperado o solitario, aquel que ya no le interesa lo que pase con la escuela, su posición se aleja de lo que se construye en el campo educativo, aquel que solo le interesa salir a cumplir su jornada laboral para regresar a su realidad, aquel que piensa que no se puede hacer nada con la famosa "Juventud de hoy día".

    Considero entonces que hay en Nietzche un primer llamado hacia la complejidad, hacia lo abstracto, en relación con la reflexión, que debe poner en jaque lo que se vive en el presente en la escuela.
    Es aqui donde ubico la esperanza, como esa relación existente entre lo inteligible y lo sensitivo; la educación entonces debe pensarse sin la ausencia del uno o del otro.

    El profesor bustamante hablaba de aquellos profesores en investigación educativa que buscan en la experiencia, en lo sensible, constituir las categorias:

    "Hoy abunda en los discursos sobre educación que nos dicen, por ejemplo, que hay que ir a buscar las categorías en el objeto de investigación y no imponerlas desde afuera"

    y estoy de acuerdo en el sentido de la necesidad de construir el objeto desde lo inteligible, sin embargo considero que la busqueda del objeto desde lo sensible tambien es parte del proceso y en ese sentido la esperanza puedo ubicarla como esa relación que puede llegar a existir entre la experiencia y las categorias que nos encontramos desarrollando en los seminarios de la maestría.



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    1. Gracias, Diego
      Me gusta la afirmación de Diego: “Lo evidente inmoviliza la reflexión sobre el quehacer y el pensar pedagógico”. Y como el asunto educativo no tiene nada en especial como objeto de investigación, podemos generalizar un poco más: lo evidente inmoviliza la reflexión sobre cualquier cosa… Así las cosas, investigar sería obrar contra la evidencia. No en vano, Marx decía que si la evidencia y la esencia coincidieran, sobraría la ciencia.
      El confort y la tranquilidad, como dice Diego, son algunos de los efectos de lo evidente. Continuando con la implicación, investigar sería ir contra el confort y la tranquilidad. Si algo te parece evidente, si no estás intranquilo con algo, quiere decir que eres agente de la reificación, agente de la fábrica de evidencias, es decir: de lo que se nos aparece como sensible, del sentido común. La intranquilidad, en ese sentido, se tramita en la inteligibilidad… que nada tiene de evidente.
      En ese panorama, el desesperado pasa del confort que implica el disfrute de la evidencia, a un desencanto que rápidamente conduce al cinismo: “ya no le interesa lo que pase con la escuela” (en palabras de Diego). Pero, no todo “poner en jaque lo que se vive en el presente en la escuela” conduce necesariamente a la inteligibilidad, ni toda puesta en jaque edifica una “esperanza” en el sentido del combatiente de Nietzsche (cuadrante inferior derecho del diagrama). Hay esperanzas hechas de ideales (cuadrante inferior izquierdo): aquellas que no dan razón de cómo desde hoy se está configurando ese futuro en el que sueñan… contra esto, dijo Nietzsche, recuerden: “a nadie debería estarle dado pronunciarse en tono de profecía […]”; hay esperanzas hechas de evidencias (cuadrante superior derecho)… el hecho de que contiendan entre sí no es importante: una esperanza derechista —la universidad privatizada, al servicio de los intereses del capital— no difiere de una esperanza izquierdista —la educación “científica y de masas”, como decía una consigna hace años—, y no difieren porque se basan en la evidencia, en evidencias distintas, pero, al fin y al cabo, evidencias; una esperanza.
      ¿Cuál sería el aporte de lo sensible, para articularlo a lo inteligible? Claro que Diego escribe “sensitivo”, quién sabe con cuáles características. No vamos a defender una palabra por nuestro apego a ella, sino en el marco de un sistema de conceptos, que permita ver algo. Puedo tener agua hirviendo a temperatura ambiente, algo contra-evidente para lo “sensitivo”… ¿cómo explicarlo? Pues ‘hervir’ es un efecto en el que se combinan presión y temperatura (recuerden que el agua no hierve a la misma temperatura cuando estamos en Bogotá que cuando estamos en Buenaventura); y, entonces, puedo disminuir la presión al punto que, a temperatura ambiente, el agua hierva.
      La esperanza del combatiente, como yo la entiendo, no es una fe en lo sensitivo. Eso no quiere decir que desprecie el mundo sensible. Se trata de edificar, con base en lo inteligible, a sabiendas de que es un camino limitado. Creo que es muy importante para el asunto educativo: enseñamos que el agua hierve a 100° a nivel del mar y a 96° en Bogotá, ¿para dar una evidencia al estudiante?, ¿para darle una sensibilidad?, ¿para darle una inteligibilidad? Yo respondería No a todas. ¿Entonces?

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  3. Lamento no haberme informado a tiempo para asistir a la conferencia del tema tratado en este seminario, dictada por usted en la semana de la filosofía de la UPN. También veo con preocupación que autores tan importantes como Nietzshe no son estudiados con profundidad en el pre-grado de la licenciatura y muy pocas veces en el posgrado en educación. Autores más trabajados son aquellos que se identifican con la actualidad pedagógica, los que la critican abiertamente, los que la comercializan, los que la defienden a ultranza institucionalmente, entre otros. Retomar a Nietzshe es una ventaja impresionante, porque antes que "pontificar" sobre el tema lo que hace, es cuestionarlo, desmenuzarlo, desnudar-lo, crear cuestinamientos amplios y profundos sobre la escuela como institución y como dispositivo. Obliga al lector -oyente- a preguntarse sobre lo leído, buscar la clave para interpretar a Nietzshe además de complicado es pausado y meticuloso, acciones que los solitarios y desesperados no han adquirido, probablemente los combatientes sí.
    el texto y la explicación menciona tres calidades de estudiantes, hijos de la escuela, allí también estamos incluidos los maestros, reproductores del establecimiento. con el acercamiento o alejamiento de la abstracción y de la especificidad la labor como maestros -responsables- y estudiantes -interpelados- por el sistema educativo y el estatus quo social, cumplimos con una función, así como la soledad, la evidencia, la idealización y el combate nos ubican en un plano cartesiano y en un cuadrante especifico, es importante identificar cual es la prioridad en dicho plano-grama.
    Las pedagogías criticas enfrentan tal dilema (100 años después de Nietzshe), la pedagogía de la esperanza logra responder a la necesidad de "no es algo a hacer, sino de hacer con ese algo que nos constituye. es evidente para algunos. Henchido de esperanza es un pensamiento revolucionario" con la presencia o ausencia de la abstracción y la especificidad el estudiantes y el maestro como actores principales de la escuela están encaminados a agruparse en las clasificaciones nicheanas:"ser un ángel caído en una marranera" es decir desesperado; "estar a la moda" ser consecuente con lo evidente y cruzarse de brazos o considerar "que la esperanza no es una idealización" que es algo obtenido, no soñado allí esta el Combatiente -ojala muchos maestros y muchos estudiantes- es la esperanza y su pedagogía la que debe guiar el diario encuentro en la escuela entre los actores sociales, para henchir la y sacar del anquilosamiento en la que esta atascada desde la época de Nietzshe o antes y actualizarla.
    Iván J. Ramírez Amaya

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    1. Gracias, Iván
      Lo de la conferencia se informó con tiempo en este blog...
      Que hagamos un seminario sobre Nietzsche es efecto de la preocupación que Iván plantea: no estudiamos a los autores importantes, sino a los de la "actualidad pedagógica" (en todo el abanico que pinta Ivén). Y no es que ninguno valga la pena, sino que, de ser el caso, es justamente porque han estudiado lo que nosotros --con la idea de la fecha de vencimiento-- hacemos a un lado.
      Yo no afirmaría que estudiar bien permite hacer "cuestionamientos amplios y profundos"... yo diría, más bien, que permite hacer buenas explicaciones y, en consecuencia, fundamentar "cuestionamientos amplios y profundos" si es del caso.
      El texto menciona tres posturas (que coincidan con "calidades de estudiantes" o de maestro vendría después), mientras que la explicación, sirviéndonos del plano cartesiano, menciona cuatro. No desestimen la fuerza de la formalización, que permite vislumbrar mejor algo que "en prosa" no se puede, porque no se percibe la estructura subyacente.
      Ahora bien, el esquema describe unos efectos, producidos por unas condiciones de posibilidad. Así las cosas, no se trata de "escoger". De ahí que el tono de Iván hacia el final se torne más del lado de la idealización que del combate.

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