jueves, 9 de mayo de 2013

Segundo Prefacio (I)

Dice Nietzsche: 

«El lector del que espero algo debe tener tres cualidades: 1) debe ser tranquilo y leer sin prisa; 2) no debe hacer intervenir constantemente su persona y su “cultura”; y, por último 3), no tiene derecho a esperar —casi como resultado— proyectos». 

Como se ve (… aunque ya no sé qué es lo que ustedes ven), Nietzsche hace tres negaciones (incluso las condiciones 2 y 3 comienzan con la palabra “no”). Tres negaciones a lo que sabe que le espera, pues es un hombre de su época… aunque algo muy parecido le sucedería hoy. Vamos a la primera:

Las personas que se relacionan con la educación tienen prisa. ¿Han oído hablar de los “resúmenes ejecutivos”? Son hechos para los administradores de la educación, pues ¡no tienen tiempo para leer!; y más recientemente lo que hacen es pedir copia de “la presentación” (en Power Point, por supuesto); por eso los formatos tienden a explicitar las fases, los resultados, las aplicaciones y ese tipo de cosas, pues es lo más visible, lo más rápido, aquello que no habría que pensar, aquello sobre lo cual se pueden pedir cuentas después. No se leen los informes de investigación, sino que se verifica el cumplimiento de los compromisos verificables al rompe, a un golpe de vista: listas de personas asistentes a los eventos, así el evento no haya valido la pena y los asistentes hayan llegado a la fuerza; libros publicados, así lo que allí se diga sea una explicitación de propósitos, glorificada con unas encuestas y, por supuesto, con unas gráficas de las cifras correspondientes. Alguien puede decir que, en esos cargos, no hay alternativa; supongamos que es así, pero, en todo caso, crea ciertas condiciones…

Ahora bien, el problema es que argumentos como estos, que supuestamente valen para los administrativos, ¡también son esgrimidos por los que no lo son! ¡Nadie tiene tiempo! Los estudiantes no tienen tiempo para leer (las series de “resúmenes de obras” son un éxito editorial; se piensa que ver Troya, con Brad Pitt, equivale a leer La Ilíada de Homero, con el “valor agregado” —para ponernos a tono con los estereotipos de la época sí hay tiempo— de que uno se divierte); una clase de más de dos horas se la llama —sin sentir la más mínima vergüenza— “anti-pedagógica”; cada vez se piden menos lecturas, cada vez las clases son más cortas, cada vez los semestres son más breves, cada vez las carreras duran menos; las personas entran a una conferencia y se salen a los 15 minutos a hacer nada.

Y, sin embargo, todos se quejan de la mala calidad de la educación… posiblemente piensan que dedicarle tiempo al asunto es lo que produce la mala calidad y, en consecuencia, quitándole tiempo se mejora.

Sin embargo, no es cierto que estemos en una época de la velocidad. Que la información aumente y que viaje a mayor velocidad, NADA implica de manera directa para los procesos formativos, ni para las ineludibles actividades de comprensión y estudio. Por eso, no solamente proliferan —y nos parecen “normales”— las comidas rápidas, sino también los institutos de lectura rápida (dice Woody Allen: “Hice un curso de lectura rápida y fui capaz de leerme Guerra y paz de Tolstoi en veinte minutos. Creo que decía algo de Rusia”).

Entonces, ese lector que no tiene tiempo, no es el que necesita Nietzsche, no es el que necesita la cultura, no es el que necesita el dispositivo escuela.

Nietzsche lo dice mejor: «Este libro va destinado a lectores tranquilos, a hombres que todavía no se dejen arrastrar por la prisa vertiginosa de nuestra rimbombante época, y que todavía no experimenten un placer idólatra al verse machacados por sus ruedas… o sea, ¡a poco hombres!».

Aquí podríamos retomar algo que está todavía sin discutir suficientemente en este curso: el asunto de que la ampliación de la cultura es contraproducente. La prisa está distribuida democráticamente, es para todos: efectivamente, todos se dejan arrastrar por la prisa vertiginosa de nuestra rimbombante época… Nietzsche habla como si viviera entre nosotros y, sin embargo, lo dijo hace 141 años. Pues bien, ¿eso es cultura? Cultura es justamente para “lectores tranquilos, hombres que todavía no se dejen arrastrar por la prisa […]”, ¡pocos hombres!, pero no por “aristocracia” (que sería algo impuesto), sino porque la mayoría escoge otra cosa, escoge verse machacada por las ruedas de la prisa. Entonces, ese “no dejarse”, esa resistencia, es contra la ampliación… ¿No enseñan hoy a Paulo Coelho en las escuelas?; en tal condición —que es de ampliación y que se nos hace natural, evidente—, leer La Ilíada se convierte en un acto de resistencia.

Además —asunto muy importante—, dejarse arrastrar por la prisa, verse machacado por sus ruedas, es puesto por Nietzsche en función de experimentar un placer (al que llama “idólatra”). O sea, se trata de un régimen de satisfacción, no sencillamente de una superioridad o inferioridad de algo en términos conceptuales. Es en busca de ese paradójico placer que hablamos de prisa, es en busca de esa forma de satisfacción que vivimos a las carreras y no tenemos tiempo.

Y, bueno, ¿hay otros regímenes de satisfacción?, si no son “idólatras”, ¿qué serán? Dado lo planteado, es forzoso reconocer que, al menos, hay otro régimen de satisfacción: aquel que la busca apartándose de la prisa. Podríamos aventurar una hipótesis: hay quien obtiene satisfacción a partir de productos obtenidos al cabo de un trabajo que requiere tiempo (así podría ser como se entra en relación con los “auténticos problemas culturales”, como los llama Nietzsche en el texto). Se trata de personas que todavía —ojo con la palabra— tienen tiempo, que no establecen el valor de las cosas en función del ahorro o de la pérdida de tiempo, dice nuestro filósofo. 

«Todavía les está permitido recoger y escoger, sin deber censurarse a sí mismos, las horas buenas de la jornada y sus momentos fecundos y vigorosos […] Un hombre así no ha olvidado todavía pensar; cuando lee, conoce todavía el secreto de leer entre líneas; más aún: tiene una naturaleza tan pródiga, que sigue reflexionando sobre lo que ha leído, tal vez mucho después de haber dejado el libro. Y todo eso, no para escribir una recensión u otro libro, sino simplemente por reflexionar. ¡Es un derrochador que merece castigo! ¡Él, que es lo bastante tranquilo y despreocupado como para adentrarse con el autor por un camino que lleva lejos, y cuyos fines sólo verá con plena claridad una generación muy posterior!». 

O sea que el tiempo es inherente a la cultura: no es algo que se le agregue o se quite en algún momento. Si no tenemos tiempo, no tendremos cultura; si queremos “ahorrar tiempo” tendremos, por ejemplo, kitsch, “cultura popular”. El autor de un texto propone un camino, dice Nietzsche; pues bien, según él, se necesita tranquilidad y despreocupación para entrar por ese camino hasta un lugar lejano, desconocido de antemano… todo esto es ajeno a “tener objetivos claros”, a “saber de antemano lo que se quiere”, a “emplear el tiempo libre”… y otra sarta de estereotipos administrativos que, no obstante, se esgrimen en ámbitos educativos. La escuela que trabaja en pos de la especificidad de la cultura sólo verá con claridad los fines de sus acciones una generación muy posterior. O sea, trabaja para lo incierto, pero desde una postura que, al tener arraigo en la cultura, crea condiciones de posibilidad.

Para terminar estas referencias al tiempo, anota Nietzsche: 

«Si el lector, violentamente excitado, recurre a la acción inmediatamente, si quiere coger los frutos del instante que a duras penas podrían conseguir alcanzar generaciones enteras, en ese caso debemos temer que no haya comprendido al autor».

7 comentarios:

  1. Tomo nota y acato la sutileza analítica que logra separar la cultura como un fenómeno de pocos y aquel recurso –reiterado, manido– a calificar esa minoría como condición aristocrática de la cultura. Es exagerada la manera como una valoración política puede introducir tanto ruido. Sospecho que los decibeles aumentarían considerablemente si se tratará de descifrar eso que gustan en nominar como “cultura popular”, pero no voy a meterme en ese lío. Por ahora queda claro que la cultura no es ni aristocrática, ni popular, eso sí, resultan ser pocos los que tienen la paciencia y la soledad que exige su apropiación, al tiempo que las prácticas que propugnan por expandirla tienen muchísimos problemas de lectura (cualidades del lector) y temporalidad (velocidad).
    Conectar la cultura con los fines políticos del Estado, con los fines culturales de la educación, con los propósitos sociales de la escolarización, con cualquier valor ancestral de lo popular supone muchas dificultades, o mejor, una impaciencia respecto de la cultura y su porvenir. Delata, más bien, cierta docilidad que no es de la cultura; un intervencionismo que no es de orden cultural. En el fondo, las pretensiones de autonomía de la cultura exigen esos atributos que Nietzsche coloca en el lector (anti-prisa, anti-intervención, anti-proyecto). Una contracultura del tiempo en favor de la propia cultura.

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    1. Completamente de acuerdo con Jhon. Veo, en el texto que estamos leyendo, los indicios que respaldan sus afirmaciones. Me gusta, además la introducción de la idea de "impaciencia" en el marco de la acción de una contracultura del tiempo en favor de la cultura.

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  2. Para hablar de cultura en esta parte, creo que es necesario hablar de la clase de educación que es impartida en nuestras escuelas, pues a través de ésta donde el poder y la política adquieren una expresión fundamental, pues allí convergen diferentes significados, deseos, y valores.
    A su vez, Nietzsche quiere hacer referencia a una cultura cotidiana, como aquella costumbre teocéntrica donde la iglesia era la encargada de tomar las decisiones de todo un país y por cultura moderna se deduce que es la recopilación de todos aquellos pensamientos griegos y romanas que ubican al hombre como centro del universo y su único interés es el progreso del mismo. Según Nietzsche, al perfeccionar los individuos, perfecciona también el grupo mejorando su calidad y el nivel social.
    Por último uno de los propósitos de Nietzsche puede ser la transmisión de la cultura como fuente principal de conocimiento, pues esta no solo aporta nuevos conocimientos, sino es esa capacidad que permite mantener las ideas que por un largo tiempo se han construido, por ejemplo ahora no podemos hablar de culturas que imponen ciertos rasgos o características específicas pero sí con la evolución del lenguaje, podemos notar lo que son las llamadas “ tribus urbanas” las cuales tratan de imponer ciertos estereotipos incluso trasmitiéndolos a través de la escuela y ni que decir del uso del lenguaje como lo añade Nietzsche, que sus lectores “… deben ser tranquilos y leer sin prisa”, pero con la implementación de Facebook, además de otras redes sociales, encontramos que ya existen diferentes formas de comunicación escrita donde el ahorro del lenguaje y hasta el uso de la ortografía y ha pasado de moda, si me es lícito decir ¿Qué pensarían Cervantes y Nietzsche de toda esta cultura idiomática?.

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    1. 1. ¿Cómo graficar la relación entre cultura y escuela?: ¿una subconjunto de la otra?, ¿intersección parcial?, ¿intersección vacía? Si Yecid dice que para hablar de cultura es necesario hablar de la clase de educación impartida en nuestras escuelas, está respondiendo de cierta manera a mi pregunta. No creo que la cultura dependa de la educación, en cambio sí al contrario.
      2. El hecho de que converjan significados, deseos y valores en la escuela NO IMPLICA que allí el poder y la política adquieran una "expresión fundamental".
      3. ¿Cuáles son los indicios, EN EL TEXTO, para decir que Nietzsche se refiere a una cultura cotidiana, como "costumbre teocéntrica donde la iglesia era la encargada de tomar las decisiones de todo un país y por cultura moderna se deduce que es la recopilación de todos aquellos pensamientos griegos y romanas que ubican al hombre como centro del universo y su único interés es el progreso del mismo"? No los veo.
      4. ¿Dónde dice Nietzsche que perfeccionar los individuos perfecciona el grupo, mejorando su calidad y el nivel social? ¿Nietzsche hablaba de calidad?, ¿de nivel social? POor favor, Yecid, estamos leyendo El porvenir de nuestras escuelas de Friedrich Nietzsche.
      5. Más aterrizadita está la idea de que Nietzsche concibe la transmisión de la cultura.

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  3. Neyireth Castillo

    Para Nietzsche la cultura es para aquellos hombres que están dispuestos a ir hasta el fondo y hasta el final del camino, para quienes deciden trabajar los auténticos problemas culturales, para quienes con calma, con tiempo y con paciencia la leen y la trabajan, y en este orden de ideas serían muchos los llamados y pocos los elegidos para ser llamados realmente “hombres de cultura”, es decir, que no es posible hablar de una “cultura popular” y menos en nuestro tiempo en el cual el individuo es "machacado por las ruedas" pero de la prisa, la velocidad, la rapidez de la vida cotidiana.

    Por otro lado, y de acuerdo con el libro, el tiempo es un gran aliado de la cultura, porque permite leer realmente analizando,reflexionando, interpretando lo que se lee. Podríamos decir que el tiempo y la cultura conllevarían a una buena educación. Pero cómo llegar a ella, si quienes hacen la legislación educativa no se toman el tiempo suficiente de documentarse, analizar y reflexionar sobre las consecuencias de las leyes que establecen al respecto y entonces sucederá, y ya está sucediendo, como afirma Nietzsche que el instituto se destruirá o sufrirá una penosa transformación.

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    1. Bien Neyireth.
      Creo que el lema de "muchos los llamados y pocos los elegidos" es aquí un símil acertado... pero sólo un símil. Veo que ahora ubicas de otra manera el asunto de la “cultura popular”. De otro lado, el asunto de la velocidad no pertenece a la cotidianidad, en general, sino a la de aquellos que se quieren dejar macharcar por esa rueda. Finalmente, si me permites podemos empujar el tiempo un poco más allá de ser "aliado de la cultura": podríamos decir que la cultura es tiempo recuperado; por tanto, si la educación se deja atrapar por la supuesta velocidad de la época, queda maniatada frente a la cultura. Y no es un asunto de legislación: es una decisión de los que participamos en la educación, digan lo que digan las leyes.

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  4. Indudablemente “los filósofos y los artistas ven el mundo de otra forma”, los lectores al enfrentar los escritos siempre –la mayor de las veces- tienen (mos) una intencionalidad, leer por pasar el tiempo cada día es menos posible. “los pasatiempos” tienen de todo menos lectura, por lo tanto puedo afirmar que el tiempo y la cultura están atados a convencionalismos de momento.
    Nietzsche ve el mundo –hace141 años- con los mismos ojos que nosotros los trabajadores de la cultura(maestros de escuela) lo vemos hoy, la prisa y el afán de “hacer lo primero antes que lo mas importante”, ciega al maestro, el buen ejercicio de la lectura interiorizada, mental, en voz alta, como sea, se ve cada vez menos al interior de la escuela, los mismos maestros poco afectos a los libros, periódicos, informes etc somos, En nuestro país los índices de lectura por persona son paupérrimos (menos de tres por año), las lecturas rápidas y de fácil digerir son cada día más llamativas, los textos cortos y superfluos, están al orden del día. Ahora bien los trabajadores de la cultura debemos hacer un aporte más considerable al bello ejercicio de la lectura, pero reflexiva, como lo menciona el profesor Bustamante y Niezsche. El llamado aunque suene “sectario” y excluyente es a que esos pocos hombres de tranquilidad y poca prisa intervengan en el devenir de la cultura.
    Para concluir, tengo una pregunta a cerca de la cultura popular, ¿es atemporal, en cuanto a su trascurrir? Es decir en qué momento se puede dejar de llamar cultura-amplia- para llamarse “cultura popular”.
    Iván Ramírez Amaya

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