martes, 25 de febrero de 2014

03. Balance y avance

Balance

          Retomo acá algo dicho a un compañero: en primera instancia, nos ocupamos de los enunciados explícitos. Si no, ¿qué nos garantiza que no estamos imponiéndole al texto lo que él no ha dicho? Lean discusiones del pasado, en relación con las cuales ustedes ya hayan tomado distancia, y verán cuán delirantes somos. Sólo bajo esta auto-exigencia, podríamos insinuar la existencia de presupuestos no explícitos en el texto, pero ¡siempre y cuando los indicios del texto así lo permitan! De igual manera, podemos pensar en implicaciones textuales, pero, de nuevo: siempre y cuando los indicios del texto lo autoricen.
     El asunto del contexto también es crucial, pues —por efectos de la época— todos tendemos a decir que “el sentido depende del contexto”. ¡Nada más contrario al espíritu investigativo cuando se aplica sobre textos! Brevemente: si el contexto fuera determinante, entonces todos los textos que se producen en su seno serían iguales (y, así, daría lo mismo leer hoy la novela La luz difícil que un ejemplar de El tiempo). Y, si los textos no son iguales, es porque cada uno tiene una relativa autonomía en relación con su contexto. Además, si el texto depende del contexto, ¿entonces los textos no hacen contexto?, ¿no inciden sobre otras cosas del momento? Y, bueno, dar cuenta de la especificidad del texto es lo que estamos tratando de ejercitar.

Avance

Pasemos al texto:
«MENÓN: Me puedes decir, Sócrates: ¿es enseñable la virtud?, ¿o no es enseñable, sino que sólo se alcanza con la práctica?, ¿o ni se alcanza con la práctica ni puede aprenderse, sino que se da en los hombres naturalmente o de algún otro modo?».
     ¿Qué dice este fragmento? Supongo que nunca terminaremos de saberlo. Nuestras maneras de entrarle con seguridad estarán marcadas por asuntos que nosotros mismos no sabemos. De ahí que una investigación seria sobre los textos sea, de alguna manera, una investigación sobre nosotros mismos, en la medida en que devela nuestra manera de ver. Bajo estas restricciones (quiero que entiendan que investigar sólo es posible bajo restricciones, no bajo una libertad indeterminada), digamos algo.
     Se trata de la primera prueba del ICFES:

     La virtud:
  • a. se enseña.
  • b. se alcanza con la práctica.
  • c. se da en los hombres naturalmente.
  • d. se da de algún otro modo (ninguna de las anteriores)
     Como ya se anotaba a propósito de una discusión en la primera entrega, se presentan como asuntos excluyentes. “Se presentan como…”. El asunto de si lo son o no, es otra cosa. Y, ¿cómo hacen para presentarse así? Pues mediante un “no” que va excluyendo siempre la opción anterior: es W, o no es W sino que es X, o no es ni W ni X, sino que es Y, o es Z. Tenemos el “no”, el “ni-ni”, el “sino”. De manera que, si aceptamos esta premisa, necesariamente:
  • No se puede enseñar algo que se alcanza con la práctica.
  • No se puede enseñar algo que se da en los hombres naturalmente.
  • No se puede alcanzar con la práctica algo que tiene que ser enseñado.
  • No se puede alcanzar con la práctica algo que se da en los hombres naturalmente.
  • No se se da naturalmente algo que tiene que ser enseñado.
  • No se se da naturalmente algo que se alcanza con la práctica.
     Fíjense en dos cosas: primero, que no estamos teniendo en cuenta la opción Z, pues es inespecífica, pero igual podríamos meterla; segundo, que la virtud ya no es el asunto, pues estamos en la estructura lógica que permite argumentar (podemos poner “virtud”, pero igual podríamos poner “matemáticas”… cualquier asunto).
     Ahora bien, de qué depende que un asunto humano (la virtud, las matemáticas) tenga que ser decidido entre tales opciones. Es claro que no se trata de la intención al tratar de hacerlo efectivo, pues puedo, por ejemplo, intentar enseñar algo que “se alcanza con la práctica” y, el resultado será: vano esfuerzo, recursos desperdiciados. El asunto, entonces, parece depender de la especificidad del objeto. De tal manera, si no conozco dicha especificidad, ¿cómo voy a enrutar mis esfuerzos? Me parece que esto explica la inquietud de algunos sobre el asunto ontológico; y me parece que explicaría algo de la respuesta de Sócrates. Ya veremos.
     Mientras tanto, quiero tres comentarios sobre lo que acabo de decir. Además, he dicho algo falso. ¿Alguien lo detecta?

22 comentarios:

  1. Creo que lo que es falso es que no se puede alcanzar con la práctica algo que tiene que ser enseñado

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    1. Ojo con la lógica, Mariela: si "tiene que ser enseñado" (necesidad), ¿cómo podría ser alcanzado con la práctica? Si pudiera ser alcanzado con la práctica, ¿dirías que "tiene que ser enseñado"?, ¿o dirías, más bien, que "también puede (posibilidad) ser enseñado"?

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    2. Hola.
      Esa es una afirmación que se desprende del análisis lógico de lo explicitado en la pregunta, luego entonces no es una afirmación del profesor, sino una deducción de lo explicito en el texto. De acuerdo con lo anterior, no creo que eso sea lo falso a que se hace alusión

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  2. Apreciado profesor, creo que para explorar la pregunta que nos hace necesariamente hemos de volver sobre sus palabras. Uno de los elementos más importantes de lo que ha dicho es eso de que investigar seriamente los textos es de alguna manera investigar sobre nuestras maneras de ver. Pero esto me lleva a plantearme ¿qué constituye nuestros modos de ver? y para no quedarme en este punto me aventuro a proponer que nuestros modos de ver dependen de las seguridades o inseguridades que el conocimiento anterior a toda cuestión nos produce, siendo que la inseguridad lleva a ciertos seres humanos a explorar si lo que se piensa es cierto o no, válido o no, probable o no, con la intención de liberarse al menos momentáneamente del error.

    Digo además que en esas seguridades e inseguridades se encuentra lo que llamamos nuestras creencias y estas creencias están mediadas por unos sesgos que, si bien pueden ser propios en algunos casos como cuando tenemos alguna incapacidad física para pensar adecuadamente en las cosas, en la mayoría de ocasiones no son propios sino que llegan a nosotros como aprendizaje cultural, donde los misticismos y el sentido común tienden a ser dominantes.

    Ahora bien, decidir sobre lo humano es algo que nos involucra a diario, pues decidir es una necesidad de supervivencia social, decidir es una forma de afirmación del yo y para responder a su pregunta "¿de qué depende que un asunto humano tenga que ser decidido entre "tales" opciones?", resulta que en sí misma la acción de decidir presupone que antes de la decisión se presenta más de un camino. Como mínimo dos, pues toda opción -como usted bien lo ha mostrado- presupone su contraria. Pero cuando ya disponemos de un conocimiento sobre la cuestión (es decir, sobre el objeto), lo más seguro es que se presente ante nosotros, no una disyuntiva entre dos opciones sino una multiplicidad. Claro que también puede darse el caso de que no sepamos nada sobre el objeto, pero en cambio, si que tengamos una actitud diferente respecto al conocimiento, actitud que nos permite plantearnos que la respuesta no está ubicada en el blanco o en el negro, sino en alguna forma del gris.

    En resumen, las opciones en la decisión, son producto de nuestro conocimiento sobre el objeto de la pregunta, de nuestra actitud frente al conocimiento y agregaría que de nuestra conciencia de lo que sabemos o no.

    Finalmente, en cuanto a lo que usted plantea como falso en su discurso, me inclino a pensar con Mariela que por lo menos es discutible eso de que no se puede enseñar algo que se adquiere por la práctica. Pues el asunto está en que quien práctica no lo hace sin un referente anterior y aunque en ese caso la práctica sea la que lleve al aprendiz a convertirse en maestro, uno hace mejor las cosas después de ver cómo las hace quien ya es un maestro.

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    1. ¿Qué constituye nuestros modos de ver?, esa es una excelente pregunta, Alberto. Además, he dicho que difícilmente tales modos son visibles para nosotros mismos (como el agua para los peces). Es por eso que me parece interesante que lo tomes del lado de los efectos: seguridades o inseguridades. Estoy pensando, por ejemplo, en categorías como “ídola” (Bacon), “precomprensión del ser” (Heidegger), “obstáculo epistemológico” (Bachelard), “paradigma” (Kuhn), “episteme” (Foucault), etc. Esa es una línea interesante de investigación.
      Desde esta perspectiva, ¿cómo ubicar esa idea que planteas de “liberarse al menos momentáneamente del error”? Si eso fuera posible —lo que no quiere decir que no lo pretendamos todo el tiempo—, pues no estaríamos hablando de “formas de ver”, ni de ese listado del párrafo anterior.
      A propósito de una “incapacidad física para pensar adecuadamente en las cosas”, te cuento que no conozco incapacidad física más grave que la esclorosis lateral amiotrófica. La sufre Stephen Hawking y, sin embargo, no tiene incapacidad para pensar las cosas, pues es uno de los físicos más importantes del siglo XX. ¿No será que “pensar las cosas” no es un asunto físico?
      Cuando pregunto: "¿de qué depende que un asunto humano tenga que ser decidido entre "tales" opciones?", las opciones son las que plantea Menón: Natural se opone a adquirido. Y, entre lo adquirido, lo enseñado se opone a lo obtenido por experiencia.

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    2. Buenas noches,el tema que abordare corresponde "eso que no se puede enseñar algo que se adquiere con la practica" aquí hay dos factores importantes los se aprende desde desde una enseñanza de alguien para alguien y lo que se adquiere por casualidad o por fuerza es decir lo que la vida nos obliga a aprender y posteriormente a practicar, en ese sentido hay coherencia en que algo que ya lo se y lo practico ya esta aprendido por lo tanto no necesito de la enseñanza.
      Pero ¿pregunto la relación entre el conocimiento y la enseñanza se da solamente desde maestro y estudiante?

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    3. Si bien es cierto que nuestra particular forma de ver esta determinada por las seguridades o inseguridades que poseemos, me parece que el ser no es ajeno a ellas. Nos constituimos como seres con ellas, es decir, nuestras seguridades , nuestras creencias, no son algo así como elementos que poseemos o no, sino que nos constituyen como seres. Vemos de acuerdo a lo que somos, lo que vemos da cuenta de lo que somos. Por otra parte pienso que en gran medida las formas de conocer o las "matrices epistémicas" sujetan al individuo a unas maneras particulares de ver y estas no son atributos de un individuo en particular, sino que caracterizan una época y determinan de una u otra forma a todos quienes viven en ella..

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    4. Apreciado compañero, comparto su idea frente a la pregunta ¿ Que constituye nuestros modos de ver?
      Por ello planteo que: un objeto de estudio a comprender como por ejemplo la “creatividad", podrían ser abordada, según sea la visión/óptica (ideología) de cada ser. Por ello sí sustento la comprensión desde lo concreto, diría que el objeto se comprende con la practica; si lo fundamento desde lo formal, tal objeto podría comprenderse desde lo que necesito aprender de alguien para comprender su naturaleza y si lo comprendo desde lo natural en el ser, puedo abordarlo desde el mismo conocimiento del ser en sí mismo, sin la intervención de otros

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    5. El otro asunto a observar con detenimiento es la pregunta realizada por el profesor: "¿de qué depende que un asunto humano tenga que ser decidido entre tales opciones?" y la respuesta propuesta en relación con la especificidad del objeto: "parece depender de la especificidad del objeto". Los dos enunciados me remiten a la discusión epistemológica en cuanto a la relación del sujeto que conoce y el objeto conocido o por conocer, y creo en la postura que sostiene que los dos se interpelan constantemente, de forma que no dependería exclusivamente del sujeto (su conciencia o su intencionalidad), como tampoco exclusivamente de la especificidad del objeto (su esencia), sino que interviene también allí la relación entre los dos.

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    6. Cierre de la tercera entrega

      Recuerden que no estamos chateando. Están visibles desde cualquier parte del mundo, de manera que ‘tilde’ donde se estile, ‘coma’ donde sea necesaria. No se trata de un asunto de formalismo, sino, en primer lugar, de amabilidad con el lector (¿por qué tendría que esforzarse en poner lo que nosotros no pusimos para entendernos?); y, en segundo lugar, porque si queremos hacernos entender, todos esos elementos son imprescindibles. Por ejemplo, faltan muchos elementos (¡palabras, conectores!) para entender bien la intervención de Alexi.
      De acuerdo con Fernando: Las "matrices epistémicas" sujetan a maneras de ver características de una época. Pero, de un lado, ¿por qué cambian? Y, de otro lado, ¿hacen que todo producto de época sea idéntico? No desestimen las discusiones ya dadas. Con todo (ahora me margino del acuerdo que acabo de manifestar), si las "matrices epistémicas" son de época, entonces no habría constantes trans-históricas. Pero resulta que hoy —con matrices distintas— seguimos leyendo Odisea y discutiendo Menón… Ojo que este punto es central tanto para nuestra discusión, como para el asunto de la investigación, cuando enfrenta corpus textuales. Fernando estaría más del lado de un convencionalismo que olvida cuando toma un “clásico” de la filosofía o de la literatura. Además, ¿cuál es la restricción histórica de la geometría (que tiene ya dos milenios y medio)? Esto lo digo para interpelar a Fernando y enganchar con Seomara: no sería estudiable algo (ella propone la ‘creatividad’) que dependa de la visión de cada ser. ¡No hay ciencia de lo singular!, dice Aristóteles. La misma afirmación de Seomara al respecto pretende ser válida, más allá de su singularidad. Por eso —al contrario de lo que ella dice—, el objeto NO se comprende con la práctica. La práctica puede hacer que las cosas funcionen, puede darnos un nivel de aproximación al objeto… pero no comprensión. ¡Cuánto tiempo manipulamos las cosas y sólo milenios después comprendemos algo de su composición! Si la práctica permitiera comprender, no se necesitaría estudiar, sino practicar. Es más: la comprensión excede los asuntos de la práctica; por eso, muchas veces ni siquiera es “aplicable”. La investigación (espero que así sea en la Maestría) trasciende la práctica (por ejemplo, la del docente) y por eso se dirige hacia la conceptualización y, cuando requiere “hacer algo”, hace una modificación radical de la “realidad”… a eso es a lo que llamamos ‘experimento’, que es algo radicalmente distinto (incluso opuesto, diría Bachelard) a la ‘práctica’. ¡La práctica puede ser un obstáculo para la comprensión!

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  3. Es muy interesante la manera cómo el profesor Bustamante nos prueba que se puede inferir de la intervención interrogativa de Menón, seis proposiciones en clave negativa. Efectivamente la pregunta del discípulo-sofista pasa por las tres derivaciones: se enseña la virtud, se alcanza la virtud o se da la virtud (ya sea que se especifique que se da naturalmente o que se deje inespecificado el cómo se da). Estas inferencias podrían multiplicarse, a por lo menos doce, si incorporamos lo inespecífico, digamos “aquello que podría darse de otro modo” (el que sea, en todo caso no natural: artificial, cultural, simulacro, en oposición a la fisis). Permítanme jugar “moderadamente” con este despliegue proposicional, la cosa sería más o menos así:
    - No se puede enseñar algo que se da de otro modo.
    - No se puede alcanzar con la práctica algo que se da de otro modo.
    - No se da naturalmente algo que se da de otro modo.
    - No se da de otro modo algo que tiene que ser enseñado.
    - No se da de otro modo algo que se puede alcanzar con la práctica.
    - No se da de otro modo algo que puede ser dado naturalmente.
    Bien mirada, la “opción Z” no parece tan clara como las otras tres, sin embargo, es una opción específicamente contemplada en las preguntas de Menón. Digo esto porque no es irrelevante ampliar el espectro de las opciones, en especial si se piensa –como lo dice el profe– que más allá de la intención del sujeto importa la especificidad del objeto. En este punto quisiera preguntar: ¿el objeto es la virtud? o ¿el objeto es la estructura lógica que permite argumentar sobre el objeto?
    Creo tener claro que el objeto del diálogo es la virtud, pero es también muy claro que podemos hacer abstracción del objeto y deducir efectos análogos a otros objetos (básicamente objetos aparentemente enseñables), aunque debe haber aspectos específicos de la virtud que no tienen por qué tener relación con la matemática o con la literatura.
    Aun no entiendo la bella y enigmática sentencia de que investigar un texto nos remita a la inquietud de sí, al tiempo que se me escapa la evidencia de algo falso.

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    1. De acuerdo con Jhon en lo que respecta a las implicaciones lógicas de todas las variables. Es un ejemplo de una lectura que no agrega nada al texto, sino que “le saca” lo que tiene. Ese listado de proposiciones en clave negativa se desprende de las cláusulas excluyentes que pone el mismo Menón. Ahora bien, eso no implica que tengamos que compartirlas, pero —en todo caso— es necesario saber que están ahí, antes de decir que “estamos de acuerdo” o no. Con todo, difícilmente podríamos pasar ya a dicha declaración (y, en consecuencia, a soltar nuestra “opinión”), pues lo planteado por Menón nos hace pregunta en el sentido —ya señalado— de que las alternativas que propone parecen depender de la especificidad del objeto en cuestión (la virtud, Jhon). Y la prueba de esto la proporciona la respuesta de Sócrates. Ahora bien, podemos hacer abstracción de ese objeto, en la medida en que las opciones que propone Menón se montan sobre una estructura lógica que trasciende el objeto por él delimitado. Ya habíamos dicho que, a propósito de nuestra función como docentes, podríamos poner en el lugar del objeto un asunto nuestro (la enseñanza de la lectura, de la física, de la historia, etc.) y hacernos la pregunta de la misma forma. Aceptaríamos, en tal caso, que los asuntos de “enseñable”, “innato”, y “adquirible por la práctica” no son de poca monta. ¡Tienen que ver con la concepción que tengamos de la condición humana!
      Vamos a la “bella y enigmática sentencia”: si investigar un texto nos pone de frente a las maneras de ver que —como diría Fernando— nos constituyen, entonces terminamos investigándonos. Resumo lo que dice Foucault en la introducción al segundo volumen de la “Historia de la sexualidad”. Échenle una miradita.

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  4. Frente a la pregunta del profesor: "¿de qué depende que un asunto humano tenga que ser decidido entre "tales" opciones?",
    Si los asuntos humanos pasan por decisiones, las decisiones se enmarcan en opciones. El asunto humano del conocimiento requiere de relaciones de oposición; de ahí que, como afirma el profesor, el asunto se trate de la especificidad del objeto y esta no puede tener presencia sino se encuentra relacionada con respecto de otras especificidades de otros objetos. Así, conocer implica excluir, delimitar, oponer y por tanto sesgar, esa es la lógica de la argumentación. En este sentido, si el asunto humano se trata de conocimiento, debe ser decidido entre ese tipo de relaciones, las cuales lo construyen, lo determinan. Es por eso que, más allá de si la enseñanza, la práctica y lo natural son excluyentes entre sí o no, intencionalmente se presentan como tal, porque se trata de una forma de conocer el asunto, una forma de acercarse a un objeto de conocimiento, el cual no está dado, sino que se construye a partir de la decisión de abordarlo desde esas formas u opciones de relaciones.

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    1. Comparto lo que piensa; sin embargo esta forma de entender el conocer no es la única, si bien es cierto parece ser la que más nos caracteriza como "modernos", existen o han existido otras formas en las cuales lo central no es la clasificación, comparación, jerarquización, sino que apuestan por lo holistico o por la construcción de sentido. Lo que quiero afirmar aquí es que esa forma de asumir el conocer no es natural, sino fruto de construcción humana y social.

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    2. Hola compañeros, de acuerdo a lo que han venido dialogando, hago una pequeña acotación con respecto a la relación que debe existir entre el conocimiento humano y la especificidad del objeto. Para asumir o construir este conocimiento se debe verificar por medio de unas preguntas o cuestionamientos hechos hacia el objeto de conocimiento con el propósito de volver a la discusión y finalmente llegar a la reconstrucción de opiniones verdaderas.

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    3. María: "El conocimiento requiere relaciones de oposición": ¿por qué?,¿si no es blanco necesariamente es negro? Decidir no implica oponer, más como lo dices después, sí implica clasificar, separar.
      la especificidad, ¿es cuestión de relación?es decir, ¿no depende del objeto como tal sino de las relaciones en que se encuentra con otros objetos?
      la forma de acercarse al objeto de conocimiento, depende del marco desde el cual se hace, como lo decías, se decide desde dónde se mira, se excluyen otras gramáticas, otros supuestos y desde unas relaciones se mira el objeto.
      Añado, en relación con los asuntos en educación, éstos han estado marcados por la polarización (por ejemplo tradicional - pertinente, académico - práctico, entre otros), polarización que incide en la forma de "ver" el objeto de interés, que "enmascara" su especificidad.

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    4. Completamente de acuerdo con María: el conocimiento hace oposiciones; la especificidad del objeto es relacional (¿cómo podrías, Martha V., definir un objeto en ausencia de relaciones?). Conocer implica excluir, delimitar, oponer. Las oposiciones que estamos considerando (planteadas por Menón) se proponen como excluyentes para tratar de conocer algo, pues el objeto no está dado.
      Ante esto, Fernando entra post-moderno: “comparto, pero esa no es la única forma de entender el conocimiento”. ¡Por Dios, Fernando! Si lo compartes de verdad, entonces tienes que estar en desacuerdo con las otras formas de entender el conocimiento (que, por supuesto, existen). Pero si esgrimes esas otras formas, entonces no estás de acuerdo con María. Si dos afirmaciones sobre el mismo asunto son mutuamente excluyentes, una de las dos es falsa, o ambas son falsas. Ahora bien, otra cosa es decir que a esa perspectiva que plantea María la podemos “complementar” con tal idea… claro, siempre y cuando no se trate de eclecticismo. Es de buen recibo hablar de lo “holístico”, de lo “complejo”, pero quisiera constatar que se trata de conocimiento (y no de política). ¿Por qué oponer lo que dice María a la “construcción de sentido”; ya la lingüística mostró que el sentido se construye gracias a un sistema de oposiciones.
      No entiendo bien lo que dice Édgar, pues el asunto del “deber-ser” (está dos veces en su intervención) no tiene que ver con el conocimiento. Éste tiene que ver con el “ser”: intenta decir cómo ES algo, por qué, qué condiciones lo han hecho posible, cómo ha venido a significar algo para esta población, etc., pero nada de “deber-ser”. El asunto del “deber ser” es un obstáculo para comprender: si yo ya sé cómo deben ser las cosas, ¿para qué las investigo?, ¿para regañar a los que no siguen el canon? El que quiere saber declara no saber. El que tiene un deber-ser, ya sabe, no necesita investigar. Ese asunto de las “opiniones verdaderas” que plantea Édgar merece todo un debate...
      Y lo que dice Martha está en el centro de otro estereotipo actual: abogar por los grises y denunciar a los que hablan en blanco/negro. Quisiera yo saber si ella procede así cuando pregunta en la tienda si hay leche. ¿Qué haría con una respuesta gris? El asunto es muy importante para nuestra discusión. Se trata de lo siguiente: está excluido un juicio que exceda el número de juicios posibles en un sistema lógico (¡elemental, pues es una tautología!). Cuando el número es 2, es que hablamos —con Aristóteles— del 3° excluido. Pero si el número es 4 (como en la lógica modal), pues está excluido un quinto juicio, y así sucesivamente. Nadie ha dicho que sólo hay blanco y negro. Pero cuando preguntamos en la tienda si hay leche, esperamos un sí o un no… y no por eso somos excluyentes; seríamos, más bien, lógicos.

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    5. Especificidad y relaciones: Si entre dos conjuntos A y B, no se puede definir A como lo que no es B,entonces, la especificidad de A no dependería de la relación con B sino de la relación entre sus constituyentes (elementos del conjunto). entonces, ¿la especificidad es un asunto relacional interno, profesor?
      Entiendo lo de los juicios posibles y la relación con mi planteamiento sobre blanco y negro.y con ello me surge otra inquietud: en las oposiciones planteadas por Menón, ¿por qué sus juicios suponen/se basan solo relaciones de oposición?

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  5. Mauricio Alexander Ortiz28 de febrero de 2014 a las 3:55

    Buenos días. Las opciones que se plantean en la intervención de Menón como dice el profesor, se excluyen en la forma como están presentadas, pero no sucede así en la relación entre ellas. Es el caso de la relación que existe entre lo que se enseña y lo que se practica, o, lo que surge naturalmente con lo que se enseña y se practica. Considero que "la práctica" está en medio, ya que ¿cómo se evidencia que lo que he aprendido, lo aprendí realmente? o ¿cómo evidencio que hay algo que sé naturalmente sino es porque en algún momento lo he puesto en práctica? si yo soy bueno para cantar, lo sé porque lo he practicado en algún momento; si digo que sé nadar, o que me enseñaron a hacerlo, es porque entré a una piscina "a practicar", o ¿por qué soy considerado justo? porque hago justicia.
    En conclusión,lo que se enseña o surge naturalmente solo puede ser evaluado a partir de la práctica.

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    1. Mauricio, no es lo mismo plantear la relación de asuntos excluyentes a la relación de asuntos puestos en un nexo de determinación, o la relación de asuntos que comparten un espacio… de manera que depende de cómo estés concibiendo la oposición, así concebirás la relación. ¿Quién dijo que ser específicamente excluyentes impide que se relacionen? Carbono no es oxígeno y, sin embargo, pueden componer el dióxido de carbono.

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  6. Antes de intervenir la 'cuestión', me excuso por plantear un quinto comentario.
    En el texto:

    (cito): "Ahora bien, de qué depende que un asunto humano (la virtud, las matemáticas) tenga que ser decidido entre tales opciones [...] El asunto, entonces, parece depender de la especificidad del objeto. De tal manera, si no conozco dicha especificidad, ¿cómo voy a enrutar mis esfuerzos?"

    encuentro que la falacia introducida se encuentra en que: si el asunto de si 'algo' es dado naturalmente, o debe ser alcanzado con la práctica o debe ser enseñado, depende y se subordina a su especificidad; entonces, no puede ser un asunto susceptible de ser elegido. Es decir, resulta realmente imposible que aquello dado de manera natural (el hambre, por ejemplo), pueda ser 'decidido' como algo 'alcanzado con la práctica'. De igual manera, si los 'asuntos humanos' a los que nos hemos estado refiriendo son del orden de la virtud, de la geometría, de la física... no podríamos ubicarlos en el orden de lo natural.
    ¿De qué especificidad estamos hablando cuando nos referimos a 'asuntos humanos'? ¿De qué están hechos estos 'asuntos'? ¿Cual es su naturaleza?

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    1. Entiendo, Luz, que Menón estaría diciéndole a Sócrates: si crees que la virtud es congénita, excluyes la posibilidad de que pueda ser enseñada o de que pueda aprenderse con la práctica (la combinatoria planteada y complementada por Jhon). O sea que la pregunta, realmente, sería sobre la especificidad de la virtud, no sobre la manera de llegar a ella.
      De otro lado, piensas que los 'asuntos humanos' a los que nos hemos estado refiriendo no pueden ubicarse en el orden de lo natural, yo estoy de acuerdo... pero no creas que todo el mundo piensa así. ¡Un Secretario de Educación del DC quería poner la educación de Bogotá al servicio de la búsqueda de “talentos”, en el sentido de lo natural! ¡García Márquez, cuando fue invitado a prologar la recién emitida Ley General, decía que uno nace periodista o médico y que la escuela debería obrar en consecuencia!
      Dejo tus preguntas de cierre en stand by: ¿de qué especificidad se habla cuando nos referimos a 'asuntos humanos'? ¿De qué están hechos estos 'asuntos'? ¿Cuál es su naturaleza?

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