domingo, 2 de marzo de 2014

04. La enunciación

Hemos visto hasta ahora lo enunciado en la primera intervención que abre el diálogo. Pero no hemos explorado la dimensión de la enunciación. La diferencia entre enunciado/enunciación es la misma que hay entre dicho/decir. La expresión “un silencio elocuente”, no se refiere al enunciado, no se refiere al dicho, tenemos algo de otro orden: esa “elocuencia” es puro decir potencial, dadas las circunstancias.
De manera sencilla, podríamos decir que la enunciación es el proceso mediante el cual se hace posible que haya la dimensión del enunciado. La enunciación es el proceso, el enunciado es el producto. Y con esto volvemos a algo que había tocado Fernando al comienzo: el asunto de la intención (ojo: con ‘s’ significa otra cosa). Recordarán que le señalaba en aquel momento: no confundir la intención-enunciada con la intención. Si hemos de creer que lo enunciado como intención es la intención, pues no entenderíamos usos del lenguaje tan frecuentes e indispensables como la mentira, la seducción, el engaño, la ironía… Eso hace que de la intención siempre tengamos noticias por los indicios textuales, por las respuestas, por los efectos… pero no por la declaración consciente del emisor. Cuando alguien se equivoca, se supone que no tiene la intención de hacerlo (de lo contrario, no diríamos ‘equivocación’) y, sin embargo, lo hace (los indicios textuales lo muestran) y eso tiene efectos. Incluso a veces atribuimos al otro una intención más allá de lo que declare. Por ejemplo, si alguien pierde el anillo de bodas, ya tiene asegurado un problema con su cónyuge, independientemente de que sinceramente no haya tenido la intención de perderlo (caso en el que diríamos “botarlo”). Pero el otro le asignará una intención “inconsciente”. Esto ya lo estudió Freud, a comienzos del siglo pasado, en un libro exquisito que se llama Psicopatología de la vida cotidiana.
La enunciación no se reduce, por supuesto, al asunto de la intención, pero, en todo caso, lo importante de entrar por ahí es que nos encontramos con el sujeto. Esa es otra manera de hablar de la enunciación —más próxima al psicoanálisis—: la posición del sujeto. No hablaremos del “deber-ser” del sujeto (espero que hayan leído el comentario a Édgar, pero que vale para todos), sino de las implicaciones que podremos leer por los indicios (que no es otra cosa que las palabras del diálogo).
Indicios sobre la enunciación fueron estudiados de manera magistral por Émile Benveniste (Problemas de lingüística general II): oposiciones como aquí/allá, éste/ése, ir/venir… son indicativas del lugar de la enunciación. Fíjense que, a idéntica acción, un hablante puede llamarla ‘venir’, mientras que otro podría llamarle ‘ir’. La elección de los verbos depende en cada caso del lugar desde el que se está hablando. Igual ocurre con expresiones como ‘hoy’, ‘ayer’ y ‘mañana’: dependen del momento de la enunciación (así cobra sentido el letrero de las tiendas: “hoy no fío, mañana sí”, dado que la enunciación siempre es presente). De manera par, los pronombres tienen como eje la enunciación, no un referente “objetivo” (por eso es uno de los sub-sistemas semánticos más difíciles de aprender): yo significa “el que está en el uso de la palabra”; significa “aquel a quien se dirige el que está en el uso de la palabra”; y él significa “aquel a quien se refiere el que está en el uso de la palabra”. Insisto: estas expresiones no son la enunciación, son indicios de la enunciación; son enunciación-enunciada.
Desde la perspectiva de la enunciación, el uso de la palabra es la asunción de unos lugares posibles y la asignación al otro de unos lugares concomitantes. Esto es crucial en la educación. Asumamos, por ejemplo, que la virtud es enseñable. ¿En qué posición me pone esa decisión frente al otro?, ¿qué posición le asigno al otro en la medida en que asumo la mía? Recuerden que muchas veces le decimos al otro (o al menos lo pensamos): “Sí, pero esa no es la manera de decirlo”. El ‘sí’ aplica para el enunciado, el resto aplica para la enunciación. Sería equivalente a decir: “acepto el enunciado, pero no la enunciación”; o, mejor: “acepto lo dicho, pero no el lugar desde el que me lo dices/la posición en la que me pones”.
Vamos, entonces, a la parte inicial de la primera frase del diálogo (¿si ven cómo avanzamos?): “Me puedes decir, Sócrates […]”.

Pregunto:
- ¿En qué posición se pone Menón?
- ¿Qué lugar le asigna a Sócrates?

Y luego:
- ¿Acepta Sócrates ese lugar?
- Al responder, ¿qué lugar le asigna a Menón?

---------------------------------------------------------- Ojalá se animen personas que todavía no han intervenido. Quiero 4 intervenciones. Cuatro. No les sobra hacer algo con esas referencias que les voy dando ahí como al desgaire.

18 comentarios:

  1. Buenos días a todos, animándome a participar de tan interesante discusión y bajo la tarea de comprender la idea de la que el profesor desea que partamos con esto de la enunciación, antes de responder a los cuestionamientos, me atrevo a preguntar si, partiendo de que “desde la perspectiva de la enunciación, el uso de la palabra es la asunción de unos lugares posibles y la asunción de otros de unos lugares concomitantes”, y dando por cierto que, la dinámica de la palabra es viajar entre sujetos sea: yo, tu o él, entonces ¿los posibles lugares de estos sujetos se modifican según quien tenga el uso de la palabra? Pues dependiendo de quien la tenga varia la apropiación del pronombre, es decir, “el yo se convierte en tú o en él”, así ¿podemos hablar de diferentes lugares posibles desde donde se puede colocar al sujeto obedeciendo a la perspectiva del otro? Por otra parte, ¿la enunciación parte de una premisa?, pues cuando el profesor afirma; “Asumamos, por ejemplo, que la virtud es enseñable. ¿En qué posición me pone esa decisión frente al otro?, ¿qué posición le asigno al otro en la medida en que sumo la mía?”, me atrevo a afirmar que la enunciación solo tiene lugar si partimos de aceptar, para el ejemplo anterior, que la virtud es enseñable.
    Bajo esta mirada y abordando ahora sí, los cuestionamientos que el profesor plantea, considero que solo la afirmación “Me puedes decir, Sócrates (…)”, deja entrever, en un comienzo del diálogo, la postura de Menón como el sujeto habido de conocimiento, (aunque en el transcurso del diálogo se observa a un Menón que cree poseer la respuesta, sustentado en Gorgias, pero que con la dinámica de Sócrates basada en la pregunta, este argumento de poseer la respuesta va flaqueando en el transcurso del diálogo) y la postura que le da éste a Sócrates como el sujeto poseedor del conocimiento. Luego, ¿acepta Sócrates ese lugar?, considero que no, sustentando mi negación en el aparte donde Sócrates le dice a Menón “Extranjero, sin duda me tienes por algún dichoso mortal, si crees que sé yo si la virtud puede enseñarse, o si hay algún otro modo de adquirirla. Pero estoy tan distante de saber si la virtud, por su naturaleza puede enseñarse, que hasta ignoro absolutamente lo que es la virtud”. Por: ANYIE PAOLA SILVA

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    1. Gracias, Anyie
      Efectivamente, ‘yo’, ‘tú’, ‘él’ no son personas, sino lugares de enunciación que pueden ser asumidos o no por personas: quien toma la palabra —así sea la zorra en la fábula— inmediatamente se convierte en ‘yo’ e inventa un ‘tú’ cuando se dirige a alguien, e inventa un ‘él’ cuando se refiere a alguien. Esa es la célula de lo que plateo en los siguientes términos: “el uso de la palabra es la asunción de unos lugares posibles y la asignación al otro de unos lugares concomitantes”. Pero ahí no para la cosa. Por ejemplo, no es el mismo lugar de ‘yo’ y ‘tú’ cuando el enunciado de por medio es “¡Fuera de aquí!”, a cuando el enunciado de por medio es “Hay tres clases de palancas”. Por eso hice las preguntas al final de esta entrega.
      No entiendo lo de que la enunciación parta de una premisa. El ejemplo que pongo es el de alguien que asume la postura de enseñar. Tendrá que usar la palabra y, en consecuencia, se pondrá en ciertos lugares y asignará al otro ciertos lugares. ¡Y eso es independiente de si estoy enseñando errores o no!
      (Anyie, estás ante millones de personas: ¿qué es “habido de conocimiento”?).
      Ahora bien, no hay necesidad de decir que Menón está ávido de conocimiento, si —como tú misma encuentras en los indicios del texto— cree poseer la respuesta. Ahí está la clave. Anyie lo hace como estamos proponiendo: como detectives. Ella encuentra que, al enunciar, Menón le asigna a Sócrates la posesión del conocimiento. Pero que Sócrates no acepta ese lugar: “ignoro absolutamente lo que es la virtud”.

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    2. Saludos compañeros:
      Al respecto del último párrafo del aporte de Anyie, no estoy seguro que la posición que toma Menón sea de un sujeto ávido de conocimiento, creo que la introducir la pregunta, al usar el verbo poder, no está siendo cortes, como aquel que lanza una inocente solicitud, la intención de Menón es definir la capacidad de Sócrates, ("Me puedes decir" o “Podrás, Sócrates, decirme…”) es decir propone un reto, o una prueba, con el fin de medir o evidenciar el conocimiento que posee Sócrates, La intención que subyace en Menón no es la de aprender, eso es incidental, el cree poseer la respuesta, luego Menón se coloca al mismo nivel de Sócrates, y el diálogo precisamente se desarrolla entre pares, no entre maestro y discípulo (a mi parecer). Sócrates por su parte rechaza el lugar de poseedor del conocimiento, a la vez que identifica la verdadera intención de Menón, reconoce humildemente que no lo sabe todo como otros hacen alarde de eso, de esta manera esquiva el dardo, a la vez que esboza un cambio de lugares que más adelante le propondrá a Menón como poseedor del saber sobre la virtud, mismo camino por el cual le hará dudar de la posesión de ese saber, ese camino es la pregunta sobre la naturaleza de las cosas.
      Por Luis Fernando Garzón F.

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    3. Luis Fernando no está seguro de que Menón esté ávido de conocimiento. Vamos a ver en lo que sigue si esto es así. Otra cosa es el verbo “poder” y la cortesía; en cualquier caso, ninguna palabra tiene por sí misma un valor (Confrontar, por ejemplo el texto de Bajtín sobre los géneros discursivos).
      Si Menón se ubica en el mismo nivel que Sócrates, no necesariamente el diálogo será entre pares; recuerden que hay asignación de lugares y asunción de lugares. La prueba está en que Luis Fernando dice que Sócrates rechaza el lugar de poseedor del conocimiento… ¿cuáles pares, entonces? ¿Cómo se hace dudar a un par de que posee el saber?

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  2. Cuando Menón pregunta a Sócrates, podría inferir que lo hace, porque considera que éste tiene algo por decir; o sabe la respuesta, o puede desmenuzar la lógica interrogativa de Menón, o hacer lo que efectivamente hizo: no aceptar el lugar de quien se supone sabe algo. Sócrates es astuto y juega al contragolpe, le devuelve a Menón el lugar de quien cree saber, y se coloca inmaculado en el sitio del “ignorante”. No teme afirmar que no sabe, no se ruboriza al confesar que ni siquiera puede dar cuenta de lo que es la virtud, mucho menos podrá decir algo sobre si ésta se enseña o si ocurre cualquier otra cosa con la areté. No aceptar el lugar asignado por su interlocutor podría implicar varias cosas: en primer lugar, Sócrates opta por un gesto dubitativo, aunque sólo en apariencia, su duda es estratégica, sabe más de lo que está dispuesto a admitir; en segundo lugar, rechaza aquel lugar de autoridad respecto al saber, posición de sujeto que no parece sentarle bien, su modestia respecto del conocimiento parece sincera. En todo caso, el personaje de Platón asume una postura similar a la del tesalio Menón, triplemente negativa: Sócrates todavía no sabe si la virtud puede enseñarse, porque no sabe qué es y no ha encontrado nadie que lo supiera.
    ¡Ah! y por cierto… Muy interesante cómo avanzamos.

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    1. "Menón como personaje de Platón", dice Jhon Henry, al rededor de esto me surge otro interrogante y es ¿cuál es la intención (como uno de los aspectos de la enunciación), de Platón al poner a decir estas cosas a Menón?
      Por otra parte me pregunto por la posibilidad de encontrar indicios en otros elementos, como por ejemplo, el verbo o los verbos mismos que se emplean; valga decir: me puedes ENSEÑAR Sócrates…, pondría en un lugar distinto a Menón cuando dice: Me puedes DECIR Sócrates…?
      Así mismo, sin querer ser recurrente en una discusión ya tratada en los primeros comentarios del curso, pienso en los conocimientos o nociones que posee quien lee, para saber ubicar dichos indicios; por ejemplo, al parecer Menón es discípulo de sofistas y los sofistas no están en la misma línea de pensamiento de Sócrates, incluso, existe una rivalidad entre ellos, este elemento, que podría denominarse contextual, puede ser considerado como otra fuente de indicios? o definitivamente sólo se reconocen aquellos que son encontrados directamente en el texto?
      De la misma manera, se puede tener en cuenta y es válido el conocimiento que se tenga de los "estilos", "modos de hablar" propios de quien formula los enunciados?

      Para finalizar y teniendo en cuenta algunos de los elementos citados anteriormente, pienso que la intención de Menón pasa por el poner a prueba la coherencia de Sócrates al preguntarle si puede, o mejor si sabe algo, a sabiendas que Sócrates plantea abiertamente que sólo sabe que no sabe... Sócrates al parecer no tiene en cuenta dicha intencionalidad y se limita a contestar, de una forma elegante que no, no puedo; no sin dejar de devolver la pregunta a Menón y lo ubica en el lugar que Menón pretendía colocarlo a él.

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    2. Uno puede preguntar a otro por N razones. Cuando me percato de que la compañera regresa de vacaciones con prominente abdomen y pregunto “¿estás embarazada?”, no es porque no sea evidente que lo está, ni porque ella tenga algo para decir (tendría mucho qué decir al respecto, pero no es el caso)… sino porque estoy sorprendido.
      Cuando pregunto, a quien acaba de llegar y nos pilla almorzando; “¿cierto que tú ya comiste?”, no es en función del saber de ninguno de los dos, es para que el otro mienta.
      Cuando pregunto “¿me amas?”, no es porque no sepa algo al respecto, ni porque el otro sepa más que yo…
      Y así sucesivamente. Todo para indicar que si Menón pregunta a Sócrates, no necesariamente lo hace por considerar que tiene algo por decir, como cuando el rey de España le dice a Chávez “¿por qué no te callas?”.
      Veremos si Sócrates se ubica o no en el sitio del “ignorante”. Veremos si es cierto lo que supuestamente confiesa (no poder dar cuenta de qué es la virtud).

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    3. Menón, ¿es un personaje de Platón? Si respondemos afirmativamente, se vienen muchas preguntas, como la que hace Fernando. Yo introduzco una que me parece crucial para nuestra conversación: ¿por qué este asunto hay que dramatizarlo (el diálogo es como una obra de teatro) y no sencillamente teorizarlo?
      El asunto de los verbos y de los estilos que toca Fernando es algo a tener en cuenta. Pero recuerden que no es posible asignarles, a expresión o palabra alguna, un sentido o una fuerza que no esté respaldada por el discurso. Si le digo a alguien “perro”, ¿lo estoy insultando? No necesariamente: hablando entre personas que elogian el hecho de tomar trago, decirle a alguien perro puede ser un halago.
      Fernando se traiciona a sí mismo: primero retoma la idea de que Menón es un personaje (es decir, que tendrá las características que el narrador le asigne, como Remedios la Bella, que puede volar) y luego se pone serio a establecer la relación entre Menón y la sofística.

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  3. María Bernarda Tejeiro Mendoza
    Buenos días para todos.
    Es interesante encontrar en los argumentos de Sócrates acerca de la virtud, al ser humano sin las ínfulas del gárrulo, ni las pretensiones de los engreídos. A través del dialogo con Menon se vislumbra en Sócrates al hombre juicioso, al pensador, sin arrogancia sin presunciones de sabio, al ser humano que responde y actúa con coherencia al reconocer que no tiene una respuesta para todo, que carece de recursos cognitivos porque desconoce las cualidades de una cosa cuya naturaleza ignora. La posición interrogativa de Menón frente a la virtud le permite a Sócrates hacer uso de la mayéutica como instrumento para mediar entre lo que conoce y la universalidad de la virtud
    Fundamentado en estos criterios en los que analiza al lado de Menón las preguntas y respuestas acerca de la naturaleza de la virtud, Sócrates manifiesta que ignora si puede enseñarse la virtud o si existe una forma de adquirirla, porque desconoce su significado validez y su universalidad. Sócrates busca en el dialogo con Menon encontrar una respuesta acerca de la virtud.

    Teniendo en cuenta la perspectiva de la enunciación, el uso de la palabra es la asunción de unos lugares posibles y la asignación al otro de unos lugares concomitantes, Menon asume una posición interrogativa frente a la virtud y cree tener respuesta ante la duda razonada de Sócrates quien lo persuade que la virtud, por su naturaleza, no puede aprenderse ni enseñarse. Es allí en la argumentación lógica con el otro donde establece que no se puede responder con seguridad y en tono imponente como lo hacen los que saben.
    En el dialogo con Menon, Sócrates deduce que la virtud no es una ciencia, no es enseñable no puede aprenderse, no se puede conocer el todo cuando se desconocen sus partes
    Sócrates dice que en lugar de encontrar una sola virtud encuentra un enjambre de virtudes, en ese enjambre ¿Dónde están las virtudes de la educación y las de los maestros? ¿Cómo contrastar la doxa con la praxis?

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    1. María Bernarda, gracias por tu intervención.
      Tu Sócrates es juicioso, pensador, no arrogante, no presuntuoso. ¿Para qué se queda entonces en la Tierra ese ángel? Búscale su demonio (él mismo dice por ahí en otros textos que tiene su daimon). Vamos a adelantarnos un poco, María Bernarda, gracias a tu inquietud, y preguntemos: ¿de qué disfruta Sócrates?
      Y como nuestro texto es un pretexto, para hablar de educación, digamos sin tapujos que los maestros no son almas de Dios que no esperan nada a cambio. ¿De qué disfrutan los maestros?
      No estoy seguro de que Sócrates se haya quedado (¡se quedó, después de decir que no sabe!) para buscar una respuesta acerca de la virtud.
      No se puede tener una posición interrogativa y, al mismo tiempo, cree tener respuesta.

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  4. Bibiana Piñeros Castañeda5 de marzo de 2014 a las 13:30

    Como sabemos Sócrates inventó la mayéutica en la cual el maestro parte de la ignorancia y por medio de preguntas, aproxima a sus discípulos al conocimiento, quienes no saben que saben. Él aplica este método para darle respuesta a Menón acerca de las diferentes preguntas que tiene de si la virtud es enseñable o no es enseñable, si se adquiere de la práctica o si se encuentra de manera natural en el hombre. Otro ejemplo de la aplicación de la mayéutica es cuando Sócrates por medio de preguntas demuestra que el esclavo de Menón tiene ciertos conocimientos acerca de geometría, estos conocimientos estaban presentes pero el esclavo no sabía que los tenía.
    Así mismo cuando hablamos de la enunciación pensándola como el proceso, podemos ver que por medio de las dudas y el interés; el enunciado pensado como el producto deja de ser una simple doxa y lo obtenido es la episteme o conocimiento.
    Sin embargo, al igual que la virtud, como lo mencionaba el profesor Guillermo ciertas cosas no son enseñables y nos presentaba el caso de la ética. Aunque se conozca la definición, se dediquen horas de clase y se presente a los estudiantes de manera teórica, lúdica, etc. Esto no implica que en la práctica los estudiantes vivencien y comprendan en un 100% la ética. Dando a que la enunciación cambie de intención.

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    1. Cordial saludo a todos.
      De acuerdo a las apreciaciones de mis compañeros, hago una mirada al inicio del dialogo donde encuentro a un Sócrates que se interpela así mismo frente a la pregunta de su amigo Menón, buscando al menos garantizar que sus argumentos sean comprendidos con claridad.
      A mi modo de ver, más que mirar un proceso, observo en este dialogo un Sócrates que propone un autoexamen crítico el cual no es autoritario, y de hecho, cuando se hace referencia el joven esclavo interrogado por Sócrates, esté argumenta mejor que los políticos famosos, y en parte porque no es arrogante. Sócrates demuestra una vez más el ejemplo vivo de humildad que llevo a Atenas. No importa la clase social, la fama ni el prestigio. Lo único que importa es la argumentación.
      En este orden de ideas, es importante en la educación que toda persona capaz de argumentar según el método socrático sostiene su propio desacuerdo con firmeza, puesto que entiende que sólo cabe luchar contra sus propios argumentos de la misma manera como lo hacía Sócrates.

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    2. Bibiana, cordial saludo
      ¿Para qué nos das esta lección sobre mayéutica? Desde el comienzo hemos pedido atenernos al texto (en la medida de lo posible); salir de él, sólo a condición de mostrar algo sobre sus propiedades intrínsecas. ¿Cómo podrías encontrar una crítica a esa concepción sobre Sócrates si partes de ella?
      Te vas muy lejos cuando llegas hasta el esclavo. Vamos paso a paso, tranquila.
      Con tu observación sobre la posible inanidad de la labor en clase, nos vuelves a centrar en el asunto de la especificidad del objeto, como condición de su asunción como asunto educativo.

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    3. Saludo, Édgar
      ¿Cómo sabes que Sócrates busca que sus argumentos sean comprendidos? ¿Sólo pone argumentos? (ya te mostraré que no y por eso habría que reconsiderar lo de que no es autoritario). Y si lo único que importa es la argumentación, ¿ésta no se da entre pares? ¿Es Menón un par de Sócrates? Si la respuesta es negativa, entonces lo que está haciendo con él no es meramente argumentar…

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  5. Si bien el sentido común nos impone responder a la primera pregunta del profesor diciendo que, de acuerdo al texto, Menón asume la posición del aprendiz, del que desea saber lo que el otro puede decirle, del que permite que el otro discurra, en tanto, asigna a Sócrates el lugar del maestro, del que sabe, del que está dispuesto a transmitir su conocimiento, sucede que también podemos advertir en sus palabras que hay algo más. Menón cree que Sócrates tiene algo qué decir al respecto, eso es cierto, pero el contexto que se nos va haciendo evidente desde el principio del diálogo nos permite notar que Sócrates tiene una fama ya creada, y quizá las palabras de Menón sean menos sumisas de lo que creemos a la hora de inquirir al maestro. Nótese la forma en que Menón solicita a Sócrates, pues en ese "podrías" (de "Podrías tú decirme, Sócrates,") resuena, como bien lo anotaron más arriba, antes bien un reto. Es decir, Menón -que suponemos más joven- cuestiona mediante el uso del sunbjuntivo la fama de Sócrates y lo reta a expresar "su opinión". La respuesta de Sócrates puede ser también una confirmación de que entiende el reto que le ha sido propuesto, así como las limitaciones de quién lo interroga e incluso el lugar que de antemano le ha asignado como persona bienvenida. Nótese también que Sócrates es amable con él, y diríamos más bien indulgente, pues lo trata como un amigo aunque imponga una distancia. Véase que no inicia con una respuesta asertiva a la pregunta, sino con un rodeo que ubica a Menón como hijo de una tradición, la de los tesalios, reconocidos por "la equitación y por su riqueza" y por la nueva fama adquirida gracias al ejemplo de Gorgias, quien le ha comunicado a sus conciudadanos el hábito de "responder con una prestante seguridad a cualquier pregunta". Esto es una demostración de que Sócrates sabe también con quien está hablando y las limitaciones de su interlocutor; de ahí que su negativa a responder puede ser observada como una forma de contener al invitado y no permitir que el diálogo se quede en la mera opinión.

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    1. Hola, Alberto
      Tu intervención aclara cosas: Sócrates tiene una fama ya creada. No se trata de cualquiera que pasaba por ahí. ¿Y por qué será que tiene fama? La forma del enunciado de Menón tiene unas características y podemos avanzar en esa dirección, sin necesidad de que lo que avancemos sea achacable a Menón. No se trata de saber la verdad de Menón y tener en cuenta sólo eso. ¡Estamos hablando sobre las palabras de un personaje de una obra que tiene sus coqueteos con la literatura! Los personajes son el resultado de lo que nos representamos a partir de unas palabras (de ahí que la versión en película pueda que no se parezca a la que tenemos en la cabeza).
      Igual razonamiento para Sócrates.
      Estamos ante una conversación. Y como toda conversación no se da entre ángeles, sino entre máscaras que juegan una estrategia. No pocas veces, el que nos va a robar el reloj en la calle se dirige a nosotros preguntando “¿qué horas tiene, por favor?”.
      Si, como dices, entiende las limitaciones de quien lo interroga, ¡ya lo evaluó! Y eso puede ser un ejercicio autoritario (ojo, Édgar).
      Efectivamente, la amabilidad de Sócrates que señalas es un componente importante.

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  6. Buenas tardes compañeros,
    A las preguntas ¿En qué posición se pone Menón? , ¿Qué lugar le asigna a Sócrates? , ¿Acepta Sócrates ese lugar? y ¿qué lugar le asigna a Menón?, se puede inferir el método que Sócrates utiliza para conocer sobre lo que conoce Menón de las cuestiones generales de la virtud.
    El método en cuestión sitúa a Menón como interlocutor que enfrenta las preguntas que sobre los asuntos de virtud, considera Sócrates poner en cuestión; quien problematiza a través de preguntas los asuntos de la virtud, más que la definición misma de ella.
    Lo anterior se puede sustentar con la siguiente cita:
    “Es necesario conocer lo que es la virtud si uno quiere llegar a ser virtuoso porque la virtud es conocimiento para Sócrates. Es más, hay en él un compromiso vital con la idea ética de que el conocimiento del bien es la condición necesaria para la construcción racional y orgánica de una vida realmente humana. La auto-conciencia de la propia ignorancia es la primera condición para mejorarse a uno mismo (el gXsyxog como es especialmente ilustrado en los llamados diálogos"socráticos"). (Padilla, 2003).
    Los lugares de Menón y Sócrates, en el dialogo van transformándose a medida que la argumentación a través de la ejemplificación, cuestiona a los interlocutores, aproximándolos al conocimiento sobre el asunto de la virtud; el uso de la dialéctica es evidente y nos invita a estar en búsqueda continua del conocimiento a través del uso de la pregunta como eje orientador del dialogo, que posibilita la construcción de conocimiento.
    Padilla, M. T. (2003). La naturaleza del método socrático-platónico. Topicos: Revista de Filosofía, (25), 35-46.

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    1. Seomara, se te saluda.
      No entiendo para qué la cita que traes de Padilla. ¿Algo que no se haya dicho durante nuestra conversación? ¿Algo que no esté dicho en el diálogo mismo? ¿Ayuda esa cita a nuestra conversación? ¿No tiene en sí misma problemas que ya hemos desnudado en nuestra conversación? No es que no se pueda traer una cita a cuento... El asunto es no hacerlo “universitariamente”, como parte del ritual, pero que nos deja igual de insatisfechos.
      No queremos despachar todo el diálogo con una sola frase. Vamos poco a poco. Tengan calma.
      Ya dirán al final ustedes si lo que hicimos se encontraba ya en algún artículo sobre el Menón…

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