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jueves, 26 de junio de 2014

01 - Comienzo del curso sobre John Austin

Comienza el curso virtual en el que vamos a estudiar el texto Cómo hacer cosas con palabras de John Austin. Se trata, tal como conversamos en la sesión presencial, de intentar entender qué dice el texto y, a medida que eso vaya sucediendo, sacar las implicaciones que tiene, para la reflexión sobre la educación.
Parece fácil la tarea: entender qué dice el texto... Y parece fácil, porque creemos que leer es fácil. Pero no lo es. Y no lo es porque en la lectura, indefectiblemente, atravesamos nuestra historia. Estamos tentados a considerar como falso lo que nos causaría displacer aceptar como cierto, pensaba Freud. Además, habría que decir que llenamos con "opinión" las partes de un texto que no entendemos. Somos entidades que dicen no entender cuando en realidad no quieren; que se refieren al texto como incomprensible cuando sencillamente no quieren hacer el esfuerzo de estar a su altura; que dicen haber entendido cuando pueden hacer caber lo que creen que dice el texto en lo que ya saben; que dicen que el texto es de mala calidad cuando no coincide con sus consignas; etc.
Tenemos horror al vacío. ¡Pero eso es inevitable! Ahora bien, si es inevitable, ¿qué hacer? Todo parecería indicar que las distintas maneras de leer difieren por la cantidad de capital cultural utilizado. Sin embargo, no bastaría con hacer lo que tal idea implica: aumentar el capital cultural. No bastaría y, no obstante, ya esa tarea hoy no luce como deseable. ¿No nos dicen acaso que el saber deja de tener validez cada vez más rápido?, ¿no tenemos acaso al gran hermano Google para responder todas las preguntas?, ¿no hacemos ahora el saber en la lógica wiki (todo el mundo aporta, constituyéndose una estructura horizontal de producción de saber)?... Pero todas esas certezas que gobiernan la época y que, lastimosamente, campean en la educación, no tienen ningún fundamento conceptual. Simplemente son eslóganes publicitarios.
Decíamos que no se trata solamente de capital cultural, porque nos parece que la postura antecede a las maneras como afrontamos el capital cultural que ha producido la humanidad. ¡Esta idea ya está emparentada con el texto que vamos a leer!... verán por qué. Y bien, la postura no se produce de manera natural (no es la maduración de ninguna etapa de desarrollo, suponiendo que las hubiera), no es una información disponible en algún lado... No, es un efecto formativo. Pero, entonces, ¡tendría que haber formación!... y eso es justamente de lo que adolece cada vez más nuestra educación.
Así las cosas, nuestro curso apunta, en primera instancia, a la formación, ¡a sabiendas de que ésta es contingente! ¿Cómo así? Sí: la educación es un acto deliberado, es una oferta que se hace con algún fin... y, sin embargo, por tramitarse en un contexto de encuentro entre humanos, queda supeditada a la decisión del otro. O sea que, en últimas, la educación apunta a ser una opción en el conjunto de las decisiones del sujeto. Entonces, creamos unas condiciones, las mejores --según nos parece--, para que el otro tome su decisión en un marco ahora más amplio.
En segundo lugar, nuestro curso apunta a posicionar un saber. Creemos saber ciertas cosas sobre el texto y sobre su relación posible con la comprensión del acto educativo. Y queremos hacérselas saber, pues somos profesores. Lo hacemos porque queremos, no porque esté escrito en alguna parte que sin un curso sobre Austin alguien no pueda obtener un título de maestría en educación. O sea, esta propuesta no entra en la lógica erudita, según la cual hay que haber leído ciertas cosas para entender el texto X, pues esas cosas que habría que haber leído, presuponen también otras lecturas y, entonces, nos vemos obligados a concluir que tendríamos que haber leído todo hasta 1955, para poder entender el librito de Austin. En rigor, es cierto, pero es inhumano. Mientras uno más haya leído, mejor (hasta cierto punto), pero es una lógica aplastante esa que nos exige leer todo para entender algo. ¿Cómo saber que esas lecturas "previas" en realidad han sido comprendidas?; ¿cómo saber si la segunda lectura no modifica la primera y, en consecuencia, si no habría que leer primero la segunda para entender la primera? Como se ve, se trata de un galimatías irresoluble. ¡Hay que empezar por algún lado! ¡Y hay que empezar alguna vez!
De manera que: ¡empecemos! Para ello, los que quieran leer lo que la humanidad ha escrito, háganlo, pero les contamos que una persona que lea 24 horas diarias durante toda su vida (estimada en 80 años), no alcanza a agotar un dígito porcentual de esa masa documental que, además, se incrementa geométricamente. De manera que, al menos, lean la obra de Austin. Y procedan a la antigua: tómense su tiempo, háganlo varias veces. Si les parece que un maestro y una biblioteca son asuntos concomitantes, compren el libro. De todas maneras, hemos puesto un enlace para que tengan acceso a él. A propósito de esto: ¿han confrontado alguna vez las versiones que circulan en Internet con una buena edición? Podría haber sorpresas... Quien quiera leer la introducción al libro, no podemos impedírselo; pero, en todo caso, no queremos que nos transcriban las interpretaciones que otros han hecho. Sabemos que la escuela está hecha de eso, de recontextualización: ver Troya en lugar de leer Ilíada, leer a Carretero, en lugar de leer a Piaget... pero, justamente por la pérdida paulatina que tiene lugar en cada eslabón de la cadena, ya nos quedamos sin el saber en la escuela. ¡Hemos llegado al descaro de hacer leer a los estudiantes "literatura de superación", que ni es literatura ni le permite a nadie superarse!
Como ustedes están obligados a hacer una investigación, toda vez que son estudiantes de una maestría, les pedimos que en esa lectura que hagan del texto vayan estableciendo si Austin sigue los pasos que creemos, o que nos han dicho, que debe seguir un proceso investigativo. Particularmente sobre el asunto de las referencias bibliográficas y de la validez del corpus utilizado por el autor. No está de más aclarar que creemos que las conferencias de Austin provienen de un trabajo de investigación muy profundo y auténtico, al punto que 60 años después, tiene a gran parte de las ciencias sociales y humanas utilizando sus categorías.

En esta entrada intentamos resumir las consideraciones hechas en el encuentro presencial. Por favor, queremos un par de intervenciones sobre lo expuesto aquí.