sábado, 9 de marzo de 2013

Primer prefacio (IV)

Por favor, no seguir el diálogo en las entregas pasadas... no porque no haya cosas de qué hablar ahí (al contrario), sino para que podamos --mas o menos-- conversar. Hay personas que no han tomado la palabra. Es el momento de hacerlo: quiero de ellos dos comentarios a lo que voy a decir a continuación. A esos 2 comentarios puede responder cualquiera (respuestas que no cuentan como comentarios).

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Este cuadro está elaborado a partir de lo que dice Nietzsche en el primer Prefacio. Ahora bien, preguntábamos --en su momento-- cómo es posible plantear esas relaciones: que el receptor adivine, basado en los indicios del emisor; que el receptor complete, basado en el silencio del emisor; que el receptor recuerde, basado en los estímulos del emisor.

El panorama es completamente distinto al del "circuito de la comunicación" (como dicen). Porque en éste sólo entra en juego la información explícita, mientras que en lo que dice Nietzsche entran a jugar otros asuntos.

En primera instancia, si el receptor puede hacer lo que queda en la segunda columna, es porque su función es la de un co-enunciador, no la de un receptor (en sentido literal). ¿Cómo así? Si pensamos la comunicación desde el modelo estándar, no vamos a entender... no sólo la comunicación, sino tampoco la cultura. El modelo estándar exige que la información se produzca en algún lado para luego ser re-transmitida. Pero no se desprende de ahí una concepción de lo social que articule claramente el lenguaje. Si el receptor es un co-enunciador, no es porque haga coro con el emisor... al contrario, esa función lo separa irremediablemente del emisor. Si nos vemos forzados a hablar de co-enunciación es porque, en tanto receptores, somos capaces de escuchar solamente lo que estamos en capacidad de decir. De tal manera, el emisor emite un mensaje (en sentido físico, pues no se transmiten significaciones) y el receptor se dice a sí mismo las palabras que el otro está diciendo, desde el sesgo de sus posibilidades. Así las cosas, el esquema sería como sigue:


Esto nos tiene que hacer mirar en la otra dirección: no somos capaces de decir más que aquello que estamos en capacidad de escuchar. Lo que completaría el esquema anterior de la siguiente manera:


Ya no tenemos un emisor que habla a un receptor. Tenemos, en cambio, un emisor que se dirige inicialmente el mensaje a sí mismo. La prueba de esto es que cuando se retrasa la llegada del mensaje a sí mismo, el emisor no puede hablar. Ahora bien, se lo dirige a sí mismo en tanto receptor. Es decir, el acto de hablar ya pone en escena el drama de la relación con el otro. No se necesita salir de sí para encontrar al otro. De manera que, de un lado, los hablantes somos un tanto autistas; y, de otro, no escuchamos lo que el otro dice sino que, a propósito de lo que el otro dice, nos decimos lo que estamos en capacidad de decir a nuestro turno... y esa capacidad no coincide, no tiene por qué coincidir, con la del otro.

En lugar de un "circuito de la comunicación", tenemos un "corto circuito de la comunicación". La comunicación, en principio, no funciona... Habría que explicarse de dónde sacamos la idea de comprensión, y cómo es posible algún click en medio de semejante heterogeneidad.

Es en función de lo que el sujeto ha construido --como respuesta a los desafíos que se le hacen--, que puede adivinar a partir de los indicios del otro. Elucubramos a partir de las señales del otro. Nietzsche no pide un receptor, sabe que lo que hay es un co-enunciador y que parte de lo que sería "intentar entender" es controlar el estatuto de esas elucubraciones. De eso se trata el ir y venir entre pares en la ciencia. Nada de suposición, pura consecuencia, extraída delante de otros que están vigilantes.

¡Que teoría de la comunicación más distante de la del sentido común, esa que nos permite decir que el público completa a partir de nada! ¿Qué podría "completar" si nada ha sido dicho? Pues eso tan contraevidente es lo que hacemos permanentemente. ¿No hablamos acaso de un "silencio elocuente"? En teoría del lenguaje se sabe muy bien que el cero es un elemento significante, con tanto pedigree como un elemento con rasgos de propiedades fonéticas.

Los gráficos anteriores tienen otras implicaciones: ¿a quién tiene al frente el receptor? A un emisor imaginado por él, a todas luces, pues la opacidad del proceso cubre todos los elementos. Y, ¿a quién tiene al frente el emisor? A un receptor imaginado por él, también. De manera que --en tanto emisores-- nos dirigimos a una suposición; y, en tanto receptores, escuchamos a una suposición:


Entendemos --es lo que Nasruddin enseña-- lo que el estímulo del otro (estímulo cultural, se entiende) hace recordar. Recordar lo que viene al punto de lo que es posible relacionar con lo que estamos elucubrando-oyendo (es decir, elucubrando-diciéndonos).

Finalmente, ustedes se preguntarán: ¿y dónde dice Nietzsche todo eso? No lo dice explícitamente, claro, pero es una condición previa para entender lo que dice... ¿o no? Nietzsche no piensa en términos de la concepción elemental (pobre, podríamos decir) de la comunicación, sino en términos de una concepción compleja. Late en esas tres funciones que le asigna a su público. Por supuesto, la educación no es comunicación, la cultura no es información. Si Nietzsche invita a su público en términos tan raros, es porque de lo que se trata es de estar a la altura de ese diálogo en el que podamos completar cuando él calle. Pero, recuerden, no es completar con lo primero que encontremos, pues el juego de producir algo serio es el de tejer rigurosamente delante de otros que pretenden lo mismo. Por lo tanto, se trata de una objetividad entre comillas. Y, con todo, sostener ese diálogo en el que acercamos la suposición de emisor al emisor, y la suposición de receptor al receptor... no es más que la condición de base para que se produzcan los efectos posibles, no es el objetivo en sí mismo.

Piensen si el último esquema no está más cercano a una posible comprensión de la cultura... falta que ubiquemos ahí esos "otros" delante de los cuales hacemos nuestras elucubraciones.

3 comentarios:

  1. NEYIRETH CASTILLO CORTES
    En el último gráfico el receptor imaginado sería aquel que el emisor esperaría encontrar al hacer sus aseveraciones, no el receptor real y físico que está escuchando. El receptor imaginado recibirá el mensaje de acuerdo a su contexto y de ésta manera lo interpretará sin escuchar realmente al “otro-emisor”.
    Ahora tratándose de la comprensión de la cultura, el receptor puede entenderla a partir de su contexto, que podría ser hasta eurocéntrico, y podría no ver, ni escuchar realmente lo que desea trasmitir el emisor. Por ejemplo, si hablamos de la cultura en términos de valores, creencias, saberes y artes, tradiciones y modos de vida, al referirnos a poblaciones indígenas (emisor), una persona mestiza (receptor) entiende y ve esta cultura en términos de hechicería y hasta de brujería porque es lo que ha aprendido, el mensaje que ha recibido desde lo que ha heredado de la colonización europea, y por lo tanto no verá lo que realmente trasmiten los pueblos indígenas: su amor y respeto por la naturaleza.
    Por otro lado, pienso que los “otros” son como dice el profesor, “vigilantes”, pero “vigilantes-receptores-imaginados”, porque a su vez, también escuchan las elucubraciones entre el receptor y el emisor y se pueden hacer una idea del mensaje enviado.
    Entonces el gráfico quedaría así:

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    1. Neyireth habla como si el esquema representara un caso... ¡No!: intenta representar el estatuto de la comunicación humana, de toda comunicación humana. Es muy distinto educar creyendo que el emisor emite un mensaje al receptor, a educar a sabiendas de que la comunicación es mucho más complejo que eso. Mi punto es que Nietzsche apunta a una comunicación compleja. Incluso podríamos encontrar en esto la explicación de la dramatización presente en el texto: el hecho de que, en lugar de exponer su postura, la ponga en escena mediante una conversación espiada. Tendremos que volver sobre ese asunto.
      Al final de esta entrega les decía que faltaba incluir en el grafo los otros delante de los cuales hacemos nuestras elucubraciones, pues es ahí donde un concepto como "comptencia" (tal como se lo entiende en la educación hoy) resulta siendo un tanto flojo.
      Si insisto en que lo de la postura es fundamental es porque resulta determinante para entender de que se trata, para saber hasta dónde llegan sus límietes... por ejemplo, Neyireh dice de los pueblos indígenas que transmiten "su amor y respeto por la naturaleza". Ni eso es completamente cierto (algunos grupos indígenas colombianos matan a los gemelos porque eso les trae mala suerte... no veo en eso "amor y respeto por la naturaleza"), ni es una postura desde la que se puedan entender las claves de la cultura. Es la antropología invertida: en una época, era la mirada de los pueblos civilizados sobre los "salvajes", lo cual justificaba el colonialismo... y ahora es lo contrario: los malos somos nosotros y los buenos son ellos. No en vano, Lévy-Satrauss decía que la antropología comenzaba a ser ciencia cuando, en principio, era aplicable al antropólogo y a la cultura desde la que hacía antropología. Por eso, la antropología no distingue entre occidentales-malos e indígenas buenos, no distingue entre civilización y barbarie... sólo habla de la cultura y de las culturas.

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  2. De acuerdo con Diego en el sentido de que el emisor produce un efecto (lo de "estímulo" tiene sus antecedentes casi que penales). Ahora bien, ese estímulo no es con un discurso cargado de significación, porque entonces el esquema que hice (que --entre otras-- es en gran medida tomado de Julia Kristeva) quedaría inservible y habría que volver al de emisor-mensaje-receptor. El emisor no envía significaciones, envía señales... por eso hablamos de co-enunciación.
    Hoy no hay un "problema comunicacional"... el problema es la comunicación misma. Ahora bien, podríamos aplicarnos a pensar por dónde cobra más peso esa complejidad, ese problema, en cada época. Pero no pensar que hubo una época en la que sí nos comunicábamos, o que hay un lugar (en tierra indígena) donde sí hay comunicación. Insisto: cada punto de partida marca una pista de despegue y de aterrizaje.

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