miércoles, 3 de abril de 2013

Primer prefacio (VI)

Pasemos a otro fragmento del primer prefacio:


«Baste con decir que se trata de nuestras escuelas: el vínculo que nos une a ellas no es causal y no se puede decir que las llevemos echadas sobre los hombros como un abrigo. Más que nada, como monumentos vivos que son de importantes corrientes de civilización, y en algunas formas incluso “utensilios domésticos de nuestros antepasados” nos vinculan al pasado del pueblo, y constituyen en sus rasgos esenciales un legado tan sagrado y digno de amor, que yo sólo podría hablar del porvenir de nuestras escuelas en el sentido de una aproximación —lo más estrecha posible— al espíritu ideal del que proceden».
Hay una serie de palabras que, si las toman a la ligera, podrían o bien desdeñar el texto por anticuado, o bien conducir la comprensión por un camino acorde con los campos semánticos de esas palabras…  pero hoy, y de acuerdo con otros regímenes de interpretación. Tales palabras son: ‘sagrado’, ‘amor’, ‘espíritu’, ‘ideal’…

Insisto en una cosa: el texto, para que se justifique su existencia, tiene sus propias claves de lectura. Si es una colección de enunciados predecible, como una telenovela, fenece como texto al poco tiempo. Algo hay en Ilíada, en Otelo, en Quijote, en Crítica de la razón pura, en Principios de filosofía natural, en La interpretación de los sueños… que no se reduce a su época; tienen algo en sí mismos que los hace perdurar. Por eso no podemos limitar la lectura a la ubicación del autor, de la época, del movimiento literario, de la corriente filosófica.

Por ahora, insisto en el mecanismo (pero podrá ser cambiado): yo digo algo y, luego, ustedes comentan el fragmento o el comentario. No les dé pena decir qué es lo que no entienden; no se avergüencen de no entender, pero no se queden ahí: forcejeen con los conceptos.

Vamos al fragmento.

El vínculo que nos une a nuestras escuelas no es causal, pero tampoco es que las tengamos puestas.

¡Qué interesante! Si la escuela no es causal (si no es necesaria), ¿entonces es contingente? No. La escuela, ni es contingente, ni es necesaria. ¿Qué es, entonces? Se trata de una construcción histórica, a todas luces: no siempre ha habido escuela… hay sociedades que no tienen escuela. Por esa vía, diríamos: es contingente, “no causal”, como dice Nietzsche. ¿Por qué? Hay algo que, no obstante producirse históricamente, toca un punto de nuestra especificidad como seres humanos. Es decir, que en sociedades donde no hay escuela, ese punto ha de ser tocado de alguna otra manera.

Las escuelas son monumentos vivos de importantes corrientes de civilización; son utensilios domésticos de nuestros antepasados.

“Monumentos vivos”… ¡qué extraña expresión! Parece un oxímoron, pues si de monumentos se trata, inmediatamente pensamos en algo que ya no está vivo, en una conmemoración de algo desaparecido. Pero no, Nietzsche dice: “monumentos vivos”. ¿Por qué? Hay en la escuela algo del orden del pasado a conmemorar y, al mismo tiempo, algo del presente a ser vivido ya. Las escuelas fueron “utensilios domésticos” de nuestros antepasados, fueron parte de su cotidianidad, de lo más utilitario de la cotidianidad (el utensilio)… y, sin embargo, por alguna razón no pierden su vigencia, su cotidianidad, su utilidad… son también nuestros utensilios domésticos (y forzoso es pensar: les estamos dejando a los que vienen cierto utensilio, en un estado que depende de cómo lo hayamos tratado, de cómo la hayamos configurado).

Y bueno, en tanto “monumentos vivos”, en tanto “utensilios domésticos”, nos vinculan al pasado, constituyen —en sus rasgos esenciales— un legado sagrado y digno de amor.

La escuela nos vincula al pasado. Ahora bien, la única forma en que dicho efecto se constituya en algo importante, sería por el hecho de que, de alguna manera, dicho vínculo nos constituya. ¿Es así? ¿Cómo estamos hechos para que el pasado nos constituya? Los animales están constituidos desde adentro por el pasado: la cadena genética que les transmiten sus padres es una transmisión del pasado (sabemos que en el haz genético de los animales se encuentran vestigios hasta del tronco común que alguna vez tuvieron con las plantas). En cambio nosotros, que hemos sido “informados desde dentro” de ese pasado, hemos dado la espalda a esa condición y, en consecuencia, nada sabemos, estamos desprogramados. Es ahí donde entra el pasado. Empezamos a saber cosas desde afuera, por parte de los que nos desprogramaron, es decir, por parte de los que nos metieron al lenguaje. Y eso que ellos nos enseñan es aquello que saben, aquello que, a su vez, les fue transmitido... es decir: pasado.

Entonces: la escuela es el invento contingente de una época, hecho para realizar algo de nuestra especificidad (o sea algo del orden de lo necesario, pero producido por la contingencia del lenguaje): la necesidad que tenemos de saber algo para movernos en un mundo de signos; y ese algo no lo podemos aprender espontáneamente, porque está codificado: necesitamos que los que ya saben nos digan cómo es. Y, por supuesto, se trata de algo histórico, arbitrario, pero que no puede faltar. Que nos enseñen, sea Ptolomeo o Copérnico, pero que nos enseñen. Ahí es donde Nietzsche declara su amor a ese procedimiento. Le parece que el legado es sagrado y digno de amor. No se dejen llevar por las palabras. Díganlo con las de hoy, pero no lo despachen. “El legado del pasado que nos hace la escuela es invaluable y digno de nuestra dedicación”, por ejemplo, podría ser una manera de decirlo que suena más actual, pero que dice lo mismo.

Concluye Nietzsche (se trata de una secuencia de argumentos, no cojan uno suelto para darle palo) que hablar del porvenir de las escuelas es aproximarse al espíritu ideal del que proceden.

He ahí otro par de palabras que no son del uso actual. Pero estamos leyendo, es decir, tratando de no imponer nuestros usos al texto, pues para eso no cogemos un libro de Nietzsche, sino el PUBLIMETRO que nos regalan en la esquina. Hablar del porvenir de las escuelas… ya veremos en qué sentido Nietzsche entiende la idea de “hablar del porvenir”: no se trata de prescribirle un deber-ser a la escuela. Hablar del porvenir de las escuelas es aproximarse… o sea que hay que hacer una búsqueda, un esfuerzo que, en todo caso, no tendrá más estatuto que el de una aproximación; ¡tan distinto del tono pontificio con el que hablamos de la escuela en medios educativos! Hablar del porvenir de las escuelas es aproximarse al espíritu ideal del que proceden. “Espíritu ideal”… ¿se trata de un deber-ser?, ¿de una idealización? No: las escuelas no provienen de una idealización, no proceden de un deber-ser… proceden de un proceso histórico que toca algo de la especificidad humana. Por lo tanto, con “espíritu ideal”, Nietzsche está diciendo otra cosa. Inicialmente, un “espíritu”, una especificidad, algo de lo que estamos hechos, nosotros, seres “espirituales”; e “ideal”, porque no se trata de la realización específica, aquí o allá, de esta o de aquella forma, sino del asunto abstracto —si quieren—, que es idéntico, independientemente de la cultura en la que estemos.
¡A trabajar, pues! Vayan escribiendo y yo diré cuándo para la cosa.

7 comentarios:

  1. Nietzsche habla de un vínculo que nos une con nuestras escuelas, vínculo al que califica de sagrado y digno de amor. Vínculo cuya naturaleza expresa un valor importante y al tiempo, vínculo que habría que ubicar atrás, o mejor, su valor (que el lector debe esforzarse en comprender) resulta inactual ¿Cómo actualizar lo inactual? ¿Qué valor señala ese procedimiento?
    Dicho de otra manera, el párrafo de Nietzsche parece indicar una naturaleza arcaica que nos une con nuestras escuelas, su importancia siendo abstracta es también palpitante y estimulante. Aproximarse a ese espíritu ideal nos lanza a una suerte de inadecuación, una impotencia frente a esa aproximación, el esfuerzo de intentar recuperar ese valor ideal es prueba de que ese valor, ese ideal, se encuentra perdido, esta atrás y no ahora, o mejor ¿qué tan actual es o puede ser?
    La procedencia del ideal, siendo oscura, arroja luz a la cuestión del por-venir.
    Profe Guillermo, usted dice que preguntemos lo que no entendamos… podría explicarme como es eso de que algo que aparece históricamente, al tocar un punto de nuestra especificidad humana, se hace necesario por la contingencia del lenguaje ¿Tiene el lenguaje semejante función, hace mutar lo contingente a necesario?

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    1. No sé si el valor que nos une a la escuela resulte "inactual". El hecho de ubicarlo "atrás", ¿implicaría que fuera "inactual"? No me parece. Para pensar el asunto de la escuela desde Nietzsche, creo que nos conviene diferenciar: no coinciden 'presente' y 'actual', por un lado; ni 'pasado' e ‘inactual’, por otro. Así, puede haber casos de pasado y actual, así como de presente e inactual (y también aquellos que dan lugar a la confusión: pasado e inactual, de un lado; y presente y actual, de otro lado).

      Así, la pregunta de Jhon de cómo actualizar lo inactual, la entiendo de la manera siguiente: cómo actualizar lo pasado.

      Creo, como dice Jhon, que "una naturaleza arcaica nos une con nuestras escuelas". Ahora bien, ¿de qué ‘naturaleza’ hablamos? Si hablamos de la "naturaleza humana", de acuerdo, entendiendo por tal la "especificidad humana, pero no eso de que el hombre tiene algo de natural. De tal manera, "arcaico" sería "específico que viene de siempre".

      Entonces, la expresión "espíritu ideal" (Nietzsche) me parece que se refiere a ese asunto arcaico que perdura, no obstante las transformaciones históricas, sociales, culturales... Y si hemos de hablar de "inadecuación", tal como yo entiendo la cosa, sería afirmar que el sujeto humano (el ser hablante) es inadecuado... no podría adecuarse, pues la herramienta de la adecuación fue abandonada al ingresar al lenguaje. Así las cosas, tal ‘inadecuación’ no es ‘impotencia’, sino ‘imposibilidad’. La 'impotencia' es del orden de lo que se siente, mientras que la 'imposibilidad' es del orden de lo que se demuestra. Nos sentimos impotentes, sí, pero la imposibilidad generada en nuestra inadecuación traza los límites de nuestras posibilidades. Los productos del deseo dan testimonio de que no somos impotentes.

      Hay, entonces, algo perdido para nosotros, sí. Pero el efecto que eso causa es permanente. Es nuestro punto de partida, pero nunca deja de estar ahí. Es absolutamente actual. Estoy de acuerdo con la conclusión que saca Jhon, además de que está muy bien dicha: "La procedencia del ideal, siendo oscura, arroja luz a la cuestión del porvenir".

      Paso a las preguntas de Jhon:

      - Algo que aparece históricamente, toca un punto de nuestra especificidad humana y de ahí en adelante se hace necesario. Se trata del lenguaje: es contingente (no viene en los genes, nos lo tienen que enseñar); pero cuando lo inoculamos en el homo sapiens, ahora se vuelve un ser hablante, sin marcha atrás, cargando con las implicaciones del hablar, que son necesarias. En consecuencia, el lenguaje hace mutar lo contingente a necesario (un desarrollo de esto está en el libro "Sutilezas analíticas" de Jacques-Alain Miller).

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  2. NEYIRETH CASTILLO CORTES

    Según el libro “El vinculo que nos une a nuestras escuelas no es causal (profe causal no casual), pero tampoco es que las tengamos puestas” Pues si como Nietzsche la escuela “no es causal” ¿Por qué en sociedades como la nuestra todo gira en torno a la escuela, la vida, la sociedad, la economía, la profesión a desempeñar etc? Dice el profe que existen sociedades donde no hay escuelas, pienso que el papel de la escuela lo cumplirían en primer lugar la familia y en segundo lugar la sociedad, solo que habría que ver qué tan válidos son dichos conocimientos dadas a partir de la familia y la escuela en una sociedad globalizada y neoliberal.
    En el segundo aparte “Las escuelas son monumentos vivos de importantes corrientes de civilización…”
    Primero buscando la definición de monumento nos remite a un objeto o documento de utilidad para la historia. Un altar para rendir culto. Pienso que Nietzsche cuando habla de “Monumentos vivos” al referirse a la escuela la toma como “algo de utilidad para la historia”• por cuanto en ella se imparten conocimientos que ayudan al “crecimiento” del ser humano que coadyuva a construir la historia de su país. “Monumentos vivos” como un “altar” del conocimiento al que se le rinde “culto”, pero del conocimiento científicamente válido, universalmente válido, estoy hablando del conocimiento “occidental”. Dice Nietzsche, “monumentos vivos que son de importantes corrientes de civilización” y un poco más atrás en el texto refiriéndose a las escuelas menciona “pueblos civilizados” y “ los de los demás pueblos civilizados, son insuperables y deben servir universalmente de modelo”. Es posible observar tan marcado el eurocentrismo al referirse Nietzsche a las escuelas de modelo “occidental” como modelo universalmente válido a seguir y entonces ¿dónde quedan las escuelas de modelos no europeos (indígenas y afrodescendientes) y las sociedades sin escuelas? Y entonces (sólo es válido el saber “occidental”? ¿Válido por quién?
    Para el tercer aparte “en tanto “monumentos vivos”, en tanto…”
    Contrario a lo que dice Guillermo pienso que nosotros también estamos constituidos “desde adentro” por el pasado y que también recibimos información genética. Ese pasado se puede reflejar en nuestro aspecto físico (somos resultado del mal llamado “mestizaje” heredado por generaciones).
    Por otro lado, no entiendo a qué se refiere el profe cuando dice que “nosotros hemos sido “informados desde dentro”? entonces ¿Cuál sería la diferencia entre “desde adentro” y “desde dentro”?
    Ahora cuando Guillermo habla de “la necesidad que tenemos de saber algo”. Debemos aquí recordar que el ser humano conoció el lenguaje por “la necesidad” de trasmitir unos saberes a las nuevas generaciones (cazar, pescar, crear armas y herramientas) y ese saber conllevaba a la supervivencia, luego más adelante en la etapa evolutiva del ser humano y de acuerdo con el profe nos “desprogramaron”. Valga entonces traer a colación el papel “desprogramador” de la civilización “occidental” sobre lo no-occidental, el desconocimiento de los saberes del mundo “oriental” descalificados como “incivilizados” “salvajes”; y entonces es aquí donde la escuela creo yo, se vuelve “monumento vivo” porque solo sirve como “altar” del conocimiento (occidental) pero en realidad no actúa, está “vivo” sin tener “vida” porque solo repite unos saberes que no dan sentido a la realidad del entorno.
    Neyireth Castillo

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    1. Tiene razón Neyireth: Nietzsche dice ‘causal’, no ‘casual’. Hay que remirar lo que dije bajo ese error. Ahora bien, que la escuela no sea causal puede querer decir varias cosas. Por ejemplo, ¿la idea apunta a ella como producto? En tal caso, Nietzsche estaría afirmando que la escuela es el producto de un proceso histórico no necesario, contingente; que en una época podría no haber escuela (es como la gravedad: si no fuera causal, yo podría esperar que en algún momento, al soltar algo, no cayera). Pero también puede querer decir que ella (la escuela) no es causa de algo; en tan sentido, ella interviene en los procesos sociales, pero no los causa (los procesos sociales estarían múltiplemente determinados, donde la escuela entra como apenas uno de los factores).
      En nuestra sociedad no todo gira en torno a la escuela. Precisamente hay investigadores actualmente que muestran un proceso de desdibujamiento de la escuela. La escuela podría desaparecer. No es la escuela la necesaria. ¿Qué es aquello que Neyireth dice que en otras sociedades es llevado a cabo por la familia o por la sociedad? Tal como ella lo dice, parece que la escuela fuera necesaria. Siempre estaría allí. ¿No será otra cosa? La escuela tiene historia, apareció en un momento… por eso podemos hacer historia de la escuela. En cambio, podríamos decir que ella toca algo de la especificidad humana, esta sí a-histórica, que en otras sociedades es tocado por otras instituciones
      Igualmente, si decidimos la validez de los conocimientos por la presencia o no de la escuela, estaríamos confundiendo los criterios de validez de los distintos tipos de campos, con las maneras como una institución (la escuela) en un momento determinado, juzga unos enunciados. La geometría de Euclides tiene un par de milenios, mientras la escuela sólo tiene un par de siglos.
      ¿De dónde saca Neyireth la idea de que la escuela ayuda al “crecimiento” del ser humano? En todo caso, eso no está en Nietzsche. Y estamos tratando de leer el libro de Nietzsche, no de superponerle nuestras opiniones. Lo que la escuela hace no es ayudar.
      De otro lado, ya les había dicho de no juzgar, con criterios de hoy, posiciones de ayer. Si de eurocentrismos hemos de hablar, la primera eurocentrista es la escuela: lo que allí se enseña es el saber producido en Europa y, luego, el saber occidental. La “escuela indígena” que menciona Neyireth ¡es una contradicción en los términos! Las culturas indígenas no tienen escuela. Sí que es eurocétrico pensar que la escuela está en todas las culturas.

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  3. la escritura y la lectura tienen un propósito para justificar su existencia, la escuela es un dispositivo moderno para garantizar su conocimiento mecánico, des-afortunadamente dentro de su trasmisión de adultos a niños se desvirtúa su justificación y existencia por ello es cada ves mas complicado escribir un texto para comunicar a los lectores la intención verdadera del autor, hay que descifrar el "código", la clave, allí esta lo mas complicado. por lo anterior es que nace mi pregunta sobre la intención de Nietzsche y su visión sobre el porvenir de la escuela. Esta cerca la visión de Nietszche a la de Althusser, considerando que los dos hablan de la escuela como un "dispositivo"? o por el contrario, están muy lejanos uno del otro? profesor Guillermo que opina?
    la escuela se ocupa de trasmitir al niño toda la carga "histórica" del devenir del hombre en la tierra, entre ello, la creación del lenguaje para comunicarnos, lo que lo deja como un deber-ser de la escuela y no un mero hecho fortuito o esporádico. lo que genera el interrogante, el lenguaje es causal, o es necesario para la creación de una cultura?

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  4. OLGA CAMILA HERNÁNDEZ M

    Este apartado del texto empieza diciéndonos que “El vinculo que nos une a nuestras escuelas no es causal, pero tampoco es que las tengamos puestas” , a partir de esto se podría decir que nuestras sociedades giran más en torno a la idea de "civilización" vendida por la escuela occidental que a la escuela misma que privilegia una mirada eurocentrada y neoliberal del conocimiento y de la educación. Y es ésta escuela la que nos transmite una serie de normativas, ideas, estereotipos, juicios, que se constituyen como verdades social y culturalmente aceptadas.

    En el segundo aparte se enuncia que “Las escuelas son monumentos vivos de importantes corrientes de civilización…”
    El termino monumento (desde una mirada tradicional), se presenta como algo muy estático que no seria realmente una característica de la educación, por lo tanto relaciono más este concepto a uno similar en el arte contemporáneo que es "la escultura social", como conjunto de significados el lector puede conectar con otras áreas de su saber o de su experiencia y en esta interpretación intertextual posibilitar la creatividad compartida.
    Desde ésta perspectiva, la escuela se presentaría más como un espacio de significación donde los sujetos hacen lectura de "una realidad presentada", y de manera ideal, al vincularla con su experiencia posibilitar la resignificación de la misma.
    En éste punto me pregunto si cabe en relación con lo simbólico de la escuela, el acceso a códigos restringidos y a conocimiento específico una relación con Bordieu y su análisis de la escuela desde el discurso?

    El problema en este punto sería que los intereses de la escuela como dispositivo de control en la actualidad están muy alejados de una visión reflexiva y crítica de la misma. Me queda todavía el cuestionamiento de cual es realmente la postura de Nietszche frente a estas concepciones de la escuela. Sin embargo es imposible negar que se el asunto de la escuela pasa por una necesidad desde el lenguaje, desde la comunicación, con una serie de implicaciones que se cargan al hablar, al reflejar no solamente el pensamiento, sino también, como estamos constituidos por el pasado.

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  5. Entendida la escuela como un actor inerte pero viviente como lo plantea el profesor Guillermo haciendo uso del oxímoron, creo que ésta es capaz de transformar los pensamientos y las formas de concebir una cultura, pues cuando hace mención a las “importantes corrientes de civilización”, se logra hacer un símil entre lo que lo que hay, lo que hubo y que está por-venir.
    Por otro lado hago un análisis frente a la escuela y su relación con ella quizá a través del concepto de conocimiento, quizá por su concepción entendida para mí como forjadora de valores, como un recinto ideal.

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