jueves, 18 de abril de 2013

Primer Prefacio (VIII)

«A nadie debería estar permitido pronunciarse en tono de profecía sobre el porvenir de nuestra cultura y, en relación con ella, sobre el porvenir de nuestros instrumentos y métodos de educación, si no puede demostrar que en alguna medida esa cultura futura existe ya en el presente y que le basta con extenderse a su alrededor en mayor medida para conseguir ejercer una influencia necesaria sobre la escuela y sobre las instituciones educativas».

¿Qué dice este fragmento del primer prefacio? Recuerden que estamos luchando contra esa inclinación —tan popular, tan exaltada— a opinar. No podemos evitar que se nos salgan nuestros sesgos, pero tal vez aprender a leer es aprender a aguantarse cada vez más las ganas de que esos sesgos primen y que, de alguna manera, pueda existir el texto.

Inicialmente, creo importante resaltar dos cosas: primero, que la frase —¡se trata de una sola frase!— está sometida a una condición. Por eso en la mitad hay un “si”, sin tilde (aprovecho para informarles que, en el resto de casos, la palabra lleva tilde). Segundo, que las partes de la frase que están a ambos lados de la condición son negativas.

Entonces, convierto el fragmento poniendo esas partes en positivo: 

«Está permitido pronunciarse en tono de profecía sobre el porvenir de nuestra cultura y, en relación con ella, sobre el porvenir de nuestros instrumentos y métodos de educación, siempre y cuando se demuestre que en alguna medida esa cultura futura existe ya en el presente y que le basta con extenderse a su alrededor en mayor medida para conseguir ejercer una influencia necesaria sobre la escuela y sobre las instituciones educativas».

Aunque los párrafos no son idénticos, en términos lógicos estamos autorizados a hacer esa conversión.

Ahora bien, una profecía que cumple la condición enunciada no configura un ideal… que es el tono que más domina en las referencias a la escuela (de ahí que Nietzsche comience diciendo “a nadie debería estar permitido pronunciarse en tono de profecía”). Así, una profecía que cumple la condición enunciada es más bien lo que se llama una predicción; pues al predecir no se elucubra, sino que se hace una aplicación lo más rigurosa posible del conocimiento disponible. Cuando un médico opera, cuando un ingeniero civil diseña un puente, cuando un sociólogo habla del futuro… en todos esos casos hay una predicción en juego: por tales y tales condiciones conocidas, es altamente probable que cierta cosa ocurra. Es muy distinto al caso de conjurar las fuerzas espirituales para curar, o al de rogar para que el puente no se caiga, o al de pintar un futuro idílico para hacer campaña política.

Bueno, Nietzsche anuncia que va a hablar del porvenir de las escuelas, pero aclara que tal cosa no se hace profiriendo ideales, sino aplicando un saber. Ahora bien, ¿qué importaría el hecho de que se profieran ideales, si éstos no han de cumplirse? Pues el problema no está en el ideal mismo, sino en lo que nos ponemos a hacer (o a no hacer) en función de tal ideal. ¿Qué conocimiento se aplica cuando se habla de educación?, ¿qué categorías, provenientes de un campo de saber, aplicamos en tal procedimiento? Lean los comentarios hechos durante el curso, para que se hagan una idea. Creo que podemos sacar al respecto una conclusión: lo primero que tendría que tener alguien para hacer una investigación educativa (en cualquier campo, pero estamos hablando de educación) es una disciplina, unas categorías desde las cuales pueda hacer una demostración. Bastante equivocada luce, entonces, la perspectiva que exige, para hacer investigación educativa, tener un “problema”, o tener una “pregunta”… o, peor: unos “objetivos”.

Repasemos la condición que pone Nietzsche: «demostrar que, en alguna medida, esa cultura futura existe ya en el presente y que le basta con extenderse a su alrededor en mayor medida para conseguir ejercer una influencia necesaria sobre la escuela y sobre las instituciones educativas». Entonces, demostrar es lo primero. Y, bueno, ‘demostrar’ necesita categorías, porque es del orden de lo inteligible (recuerden que Zenón demostró matemáticamente la imposibilidad del movimiento); mientras que ‘mostrar’ es del orden de lo sensible (Zenón no podía mostrar que Aquiles no alcanza a la tortuga), que no requiere categorías.

Demostrar qué, entonces.

-         Primero, demostrar que la cultura que predigo ya existe, en el presente, en alguna medida. O sea que necesito un sistema de conceptos, de categorías que me permitan detectar unos indicios actuales. Ahora bien, esos indicios no son fenómenos de la realidad, sino recortes que sobre esos fenómenos nos permite hacer la teoría. Los indicios son “visibles” desde la teoría, no desde los sentidos. Eso no quiere decir que no tengan una dimensión sensible, pueden tenerla, pero el asunto es que ahora son principalmente objetos configurados por relaciones conceptuales.

-         Segundo, demostrar que a ese germen le basta con extenderse a su alrededor en mayor medida para influenciar la escuela y las instituciones educativas. O sea que sigo necesitando un sistema de conceptos para demostrar que un germen, dadas ciertas condiciones de posibilidad, se extenderá e influenciará la escuela necesariamente (“influencia necesaria” dice Nietzsche, en el sentido de la lógica modal). Acá el asunto es, entonces, la conexión, cosa que no hacen los sentidos, sino el intelecto: el paso de “en alguna medida” a “en mayor medida”. 

Cuando oímos hipótesis sobre la constitución del centro de la tierra, las confrontamos con nuestros conocimientos al respecto; pero si alguien dice que el centro de la tierra está constituido de mermelada, ya no indagamos si es así, sino que nos preguntamos qué clase de persona ha concebido semejante idea (el ejemplo es de Freud).

Una teoría permite percibir indicios de una secuencia lógica que comienza ahora y termina en el futuro (por eso se trata de una predicción, no de una profecía iluminada a la manera de un oráculo), siempre y cuando haya una relación de necesidad, de manera que, entre otras cosas, no está excluida la construcción de unas condiciones para que tenga lugar lo que ponemos a futuro como predicción y no sólo como anhelo.

Los dejo con un caso que presencié: estando Basil Bernstein en Colombia, en un seminario doctoral en la Universidad del Valle, alguien le hizo una pregunta en la que tomaba en cuenta el hecho de que en nuestro país la regulación curricular había disminuido completamente, al punto que los PEI debían formular por sí mismos el plan de estudios. Bernstein dijo que no conocía el caso de Colombia, pero que por lo que se decía, él podía prever que estábamos pasando por un período de muchas evaluaciones… y, efectivamente, era el momento del auge de las evaluaciones saber en 4 cursos de la educación básica, más el examen de grado 11; y luego siguió, por el extremo inferior, la aplicación piloto de una prueba en preescolar y, por el otro, los ecaes.

9 comentarios:

  1. Quiero resaltar este fragmento que se encuentra después del citado por el profesor, y que constituye -tal vez-, la explicación a la idea que presenta el autor y que soporta su atracción por la tradición antigua egipcia que se considera como «la auténtica y única patria
    de la cultura (Fernndez, 2000)»:
    “pero permítaseme adivinar el porvenir basándome exclusivamente, como un augur romano, en las vísceras del presente: en este caso, eso equivale sencillamente a prometer una futura victoria a una tendencia cultural ya existente, aunque por el momento no se la aprecie ni se la honre ni esté difundida”
    Se plantea aquí la necesidad de hacer a un lado la forma tradicional de tratar a la educación, desde una manera especulativa del porvenir de la misma, sin tener en cuenta entonces que esta –la educación´- es resultado de un pasado concreto que se fue perfilando y que permitió que se formara la ciencia actual, que es base en la relación con otras ciencias, y que a su vez genera un entramado de lógicas que van configurando lo “posible” dentro del futuro de la misma.
    Entonces cabe resaltar la necesidad de una mirada hacia lo concreto, las realidades y teorías que hasta ahora se han generado y que se constituyen como la base para entender el posible devenir de la educación y de la cultura.
    Se hace un llamado a retomar la cultura desde la mirada clásica griega con su legado sobre la visión del mundo desde sus tres centros…sobre la naturaleza, el conocer y la felicidad. Nietzsche considera entonces esta la base para dar una mirada profunda a la educación «imperativo categórico concreto de cualquier cultura». Cabe resaltar entonces la fascinación que el autor propugna desde sus primeros escritos hasta su muerte por dicha cultura «Los griegos no se limitan a ser para nosotros un pueblo cuyo conocimiento histórico nos sea útil sino que son ideal»
    Esta mirada que desliga la idea primera del misticismo, de la educación y explicación del mundo desde lo dogmatico y de la simple especulación, y nos lleva a la necesidad de la ciencia de demostrar el universo de posibilidades que se nos brinda desde lo existente genera entonces un nuevo horizonte para aquellos que aun se sienten inquietos con la realidad que no han aceptado, para quienes el presente no se configura como algo “evidente”, sino que más bien se encuentran dentro de los combatientes que se perfilan por una proyección desde lo concreto, una mirada a las naturaleza que desde luego será el punto de partida para las nuevas profecías desde lo que se puede demostrar.
    Entonces, cada teoría tiene unas líneas que direccionan el objeto de investigación y como en esa dirección podemos anticiparnos a posibles resultados en cuanto al ámbito educativo
    que el objeto de investigación no parte de la nada y tampoco podemos anticiparnos a plantear hipótesis si no se ha realizado un trabajo o trazado una ruta para recopilar la información


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    1. Linis, gracias por tu comentario.

      Dices que el fragmento que sigue tal vez explica la idea que presenta el autor… pero, ¿cuál idea?, ¿la del párrafo anterior?, ¿la de todo el texto? No puede ser la del párrafo que cito (el anterior), porque el que traes a cuento comienza con un “pero”. De manera que no podría explicar la idea anterior, pues “pero” es una adversativa a alguna de las condiciones puestas antes.
      Lo que citas (que habla del augur romano), ¿en qué soporta la atracción de Nietzsche por la tradición antigua egipcia? ¿Por qué dar fe de lo que dice Hernández --¿cuál Hernández—de que Egipto es “la auténtica y única patria de la cultura”? ¿No se podría decir el mismo error de Grecia o de Roma?
      Nada dices del párrafo que traigo, pero sí traes otro que requiere del anterior, con lo que no queda explicado ninguno de los dos. Por ejemplo, ¿cómo concluir, del párrafo que traes, “la necesidad de hacer a un lado la forma tradicional de tratar a la educación”? ¡Eso es lo que querrías decir tú, Linis, pero no lo que dice Nietzsche! ¡Nuestro filósofo va decir todo lo contrario! ¿Crees que hablar de “forma tradicional de tratar a la educación” dice algo? Según lo que hemos visto, ¿no se refiere la educación justamente a la tradición? ¿Hay una escuela que no sea “tradicionalista”? Los investigadores en educación intentan describir lo que hay y explicar las razones… no hablan “en tono de profecía”, como plantea Nietzsche. Decir: “hacer a un lado la forma tradicional de tratar a la educación”, eso es lo que Nietzsche llama “hablar en tono de profecía”, es decir, sin base en lo actual, sino con base en una idealización, del tinte que sea.
      De otro lado, la ciencia actual, ¿qué tiene que ver con la educación? La educación es algo muy distinto a la ciencia; aunque tienen relaciones, no podemos hacer depender la ciencia de la historia de la educación.
      Del párrafo en discusión, ¿cómo concluir que se está haciendo un llamado a retomar la cultura desde la mirada clásica griega? Estamos leyendo línea a línea para no poner nuestros asuntos en lugar del texto, insisto. ¡Estamos aprendiendo a leer! ¿Quieren o no? ¿Qué tiene que ver con el párrafo comentado “la fascinación que el autor propugna desde sus primeros escritos hasta su muerte por dicha cultura”? ¿No dijimos, pues, que no íbamos a hacer mención a otras obras de Nietzsche, para no incurrir en el pecadillo erudito de que no podemos leer esta obra sin leer otras, y así sucesivamente?
      Yo sé que la universidad ha llegado a ser un lugar de mutuo reconocimiento a partir de citar autores y fechas y frases célebres… pero este curso no es eso.

      Nota al margen: si ante la palabra ‘dirección’ necesitamos un verbo, podemos volver al verbo ‘dirigir’, de donde proviene, por pronominalización, la palabra ‘dirección’. La urgencia de hacer automáticamente verbos a partir de pronominalizaciones da lugar a cosas como “direccionar”, “conmocionar”, “promocionar”, “ofertar”, etc.

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  2. Qué ironía tan escandalosa, digna de aquel procedimiento eleata para negar el movimiento. El maestro Bustamante bofetea, sirviéndose de Nietzsche, la práctica reiterada de intentar la investigación vía problematización, pregunta y sobre todo, vía los dichosos objetivos tan superlativamente valorados desde la lógica de los proyectos. El secreto, una cuestión epistemológica que pasa por dos palabras que podrían rompernos la cabeza: categorías y demostración. Si semejante juicio es correcto –y todo parece indicar que lo es– la gran mayoría de los trabajos investigativos en el campo de la educación se colocarían en el escenario de lo mutable, es decir, hablan y sólo pueden hablar desde una racionalidad especulativa. Mejor dicho, la “realidad” de lo que se estudia, de lo que se diagnostica, de lo que se busca cambiar, actualizar, modernizar en materia educativa funciona (se restringe) como especulación educativa. Pregunto entonces: la solicitud de demostración que exige Nietzsche significa que ¿el trabajo de la investigación requiere una visión teorética de la educación? ¿No serviría esa exigencia, en alguna medida, como fundamento de una ciencia de la educación al modo alemán, o su versión plural, al modo francés? O también habría espacio para lo contrario –que no sería hacerle mucho caso al prólogo de Nietzsche–, aceptar que esa cosa llamada educación existe básicamente como práctica y no como disciplina, lo que se traduce en reconocerle su carácter meramente especulativo.
    Vuelvo al párrafo del prólogo. Afirmar que “la cultura futura existe ya en el presente” significa también una conexión hacia atrás. En el tema anterior del blog (VII) se rechazaba el presente como realidad en aras de una “noble tendencia primitiva”, es decir, que Nietzsche persigue lo permanente en lo mutable, o mejor es algo de lo más remoto en el tiempo lo que seguiría estando vivo como germen. No hay contradicción entre los párrafos habría más bien, complementariedad.
    Y unos renglones sobre el ideal valorando aquello del maestro Bustamante que nos da a entender el ideal no como anhelo sino como predicción. ¿Qué habría que saber para poder predecir? La respuesta más certera diría que habría que tener episteme. Sin embargo, permítanme rememorar una postura un tanto alejada a la que estamos trabajando, un artículo en una enciclopedia española de filosofía de la educación (Trotta, Volumen 29) de Carlos Eduardo Vasco, Alberto Martínez y Eloísa Vasco quienes analizan la educación –a diferencia de la pedagogía y la didáctica– como un fenómeno general, como un asunto susceptible de asociarse a la práctica social, es decir, que según esta concepción la educación estaría próxima a la ideología y no tan cercana a la reflexión epistemológica y por tanto, estaría inhabilitada para hacer predicciones. Me encantaría saber que piensa el maestro Bustamante de este procedimiento que escinde ideología y epistemología, o si desde el análisis que nos propone Nietzsche el ideal no pasa por ahí.

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    1. Sí, Jhon: la gran mayoría de los trabajos autodenominados “investigativos” en el campo de la educación son especulaciones que usan la evidencia, sin interrogar cómo llegó a serlo. Es decir, no son investigaciones, sino mecanismos de reificación. Se anteponen unos ideales —desde la izquierda hasta la derecha— y nada se dice de lo que hay, ni de cómo llegó a ser lo que es, ni de cómo podríamos llegar a lo que postula el ideal.
      La solicitud de demostración que exige Nietzsche significa que la investigación requiere una axiomática y una gramática, categorías que discriminen un objeto abstracto-formal, reglas claras del juego. Como dice Jhon: para predecir hay que tener episteme.
      ¿A qué se llama “demostrar” un teorema?, ¿a hablar de Euclides?, ¿a opinar sobre la Grecia antigua?, ¿a esgrimir ideales de geometría?, ¿a decir que eso ya está superado porque no hay verdades eternas? No: demostrar un teorema es aceptar una axiomática para poder usar unas categorías cuyas relaciones obedecen a unas reglas. Es jugar el juego bien jugado. Eso no quiere decir que no haya varias axiomáticas en geometría (para seguir con el ejemplo). Entonces, si escojo la idea de que por un punto exterior a una recta pasan infinitas rectas, ya no estoy en el juego inventado por Euclides, pero tengo que jugar sistemáticamente el nuevo juego, para tener demostraciones. Entonces, mientras sea demostración, el modo alemán o el francés son parte de la tensión del campo (ahí la decisión ya tiene que ver con las preferencias de cada uno). Lo que definitivamente no pertenece al campo es la idealización, la imposición de reglas externas al juego que se hacen pasar por el juego mismo.
      No veo porqué seguir el consejo de Jhon de no hacerle caso al prólogo de Nietzsche. Una cosa es la educación como práctica (que puede ser objeto de análisis) y otra cosa —inexistente, por demás— es la educación como disciplina. Reflexionar sobre educación no es educación. Reflexionar sobre el ajedrez no es jugar ajedrez. La confusión de niveles lleva a plantear que “la educación estaría próxima a la ideología y no tan cercana a la reflexión epistemológica”… ¿en tanto qué? Como práctica, por supuesto que está próxima a la ideología; y como práctica es susceptible de ser analizada por campos conceptuales que pueden hacer predicciones. Decir que la educación está inhabilitada para hacer predicciones, es confundirla con un campo de saber. La escuela es un campo donde se recontextualiza el saber para otra cosa.
      No sé qué necesidad hay en darle un nombre a la reflexión sobre educación… Bourdieu y Bernstein, por ejemplo, no dejaron de hacer sociología cuando tomaron la educación como objeto. Pero si alguien insiste en darle un nombre a ese campo, ¿por qué llamarlo de la misma manera que su objeto? Hay muchas maneras; por ejemplo: cuando el objeto es ‘bios’, decimos ‘biología’; cuando el objeto es ‘oikos’, decimos “economía”; a veces la disciplina lleva el nombre de la acción que realiza: “geometría”…
      Nietzsche no rechaza el presente, a secas. Rechaza un presente cuando se lo usa para reemplazar la especificidad. El presente rechazado es el presente sensible cuando se lo toma como el asunto mismo; mientras que la especificidad atemporal es inteligible o, si quieren, demostrable. Pero no se rechaza el presente en tanto contiene los elementos que me permiten demostrar la conexión entre lo actual y lo predecible. O sea, de acuerdo con Jhon: esas dos ideas no se contradicen sino que se complementan.

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  3. Con temor a equivocarme, aunque a veces es necesario equivocarse para aprender, considero que cuando el profesor pregunta ¿Qué conocimiento se aplica cuando se habla de educación? me remito a varios apartes, ya trabajados en donde se afirma que “el saber se esgrime en el lugar del referente de la acción educativa.” Por otro lado, se dice que los conocimientos que se aplican son los de las diferentes asignaturas historia, geografía, gramática.., saberes que no están disponibles para todos, no son saberes del sentido común. También son aplicables los saberes que tiene el docente como agente activo de la cultura, el saber que es juzgado y discutido en el encuentro humano. Aunque sería necesario hacer una diferencia entre conocimiento y saber.
    Ahora cuando el profesor pregunta ¿Qué categorías, provenientes de un campo de saber, aplicamos en tal procedimiento? Remitiendo al profesor Guillermo, pienso que es posible hablar de “aplicación”, “innovación”, “transformación” pero también de “cambios” y “actualización” pero sería necesario tener cuidado porque como asevera Nietzsche “«Los numerosos cambios introducidos por la arbitrariedad de la época actual en dichas escuelas, con el fin de volverlas más "actuales", no son otra cosa que desfiguraciones y aberraciones,"

    Neyireth Castillo

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    1. Neyireth, gracias por su comentario

      Comprometemos toda una epistemología de acuerdo con el papel que le demos a la equivocación, al error. De manera que: ¿desde qué perspectiva epistemológica —asunto distinto a la opinión— no sería necesario equivocarse para aprender? Si pensamos que aprender es un camino de errores corregidos, entonces el error está por definición en la idea del conocimiento. De ahí que los invite a escribir sin temor a equivocarse; ahora bien, eso no quiere decir que los esté invitando a decir cualquier cosa: mientras “opinan”, esfuércense por pensar en todo lo que hemos discutido. ¡He repetido cosas hasta el cansancio y, sin embargo, es como si no las hubiera dicho! Por ejemplo, la siguiente diferenciación:

      Una cosa es el papel del saber EN la escuela, y otra el saber SOBRE la escuela. En la escuela circula saber que alguna relación dice tener con disciplinas como geometría, historia, geografía, filosofía, física (es ahí, Neyireth, cuando digo que el saber es referente de la acción educativa). Pero las asignaturas que llevan esos nombres no son iguales a esas disciplinas, son los correspondientes saberes escolares recontextualizados. Que ‘historia’ sea el nombre de una disciplina e ‘historia’ sea el nombre de una asignatura, no implica identidad entre ambas, aunque las diferencias recorren un rango muy extenso que es necesario describir en cada caso.

      Preguntar: ¿qué conocimiento se aplica cuando se habla de educación?, es equivalente a preguntar desde qué teoría se habla de la educación. A una maestría no se va a opinar sobre la educación, sino a tratar de entenderla y, en consecuencia, toca asumir al menos una perspectiva teórica. Cuando se dice: “debemos hacer de lado la enseñanza tradicional” (como dijo Linis en el primer comentario a esta entrega), ¿se está hablando desde alguna teoría o se está repitiendo una frase que circula por ahí? Lo que circula por ahí es sentido común y es de fácil adquisición. En cambio, la posibilidad de entender algo (la educación, por ejemplo) desde una teoría es algo disponible sólo para los que hagan el esfuerzo de aprehender la disciplina. Entonces, como las teorías tienen categorías, pregunto ¿qué categorías, provenientes de un campo de saber, aplicamos? A lo que Neyireth responde que es posible hablar de ‘aplicación’, ‘innovación’, ‘transformación’, ‘cambio’, ‘actualización’… Pero, esas expresiones, ¿son categorías? ¡NO! No son categorías. Son palabras del sentido común, de la política educativa, de los discursos de idealización de la educación. Si fueran categorías, ¿de qué disciplina lo son? Si yo digo: ‘jaque’, ‘peón’, ‘enroque’, ‘tomar al paso’, si condiciono el desplazamiento del rey a un escaque cada vez… ¡pues estoy hablando de ajedrez! ‘Peón’, ‘rey’, ‘jaque’… son palabras que también se usan en otros contextos, de manera que sólo configuran el ajedrez cuando su significación está restringida a un campo de reglas explícitas, claras, no contradictorias. ¿Puedo decir lo mismo de ‘aplicación’, ‘innovación’, ‘transformación’, ‘cambio’, ‘actualización’? La misma Neyireth trae a cuento el cuidado que habría que tener con nociones —no categorías— como ”cambio”, habida cuenta de la observación que hace Nietzsche. Pero igual podemos hacer con cada una de las restantes palabras mencionadas.

      Por último, como dice Neyireth, los saberes del docente como agente de la cultura también circulan. Sí, ¡pero es que muchas “agencias culturales” son posibles! ¿Qué tipo de saber cultural agencia el maestro?, ¿tiene control sobre eso o es algo que se le sale? Es necesario —como ella sugiere— diferenciar entre conocimiento y saber, sí, pero, ¿para producir qué?

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  4. Heidegger hablaba de un tiempo circular pasado presente y futuro se entrelazan, y al parecer tomo mucho de esta teoría de Nietzsche, obviamente sin una hermenéutica completa, decía que era un filosofo del futuro... desde este punto de vista los presupuestos de la escuela siempre han sido y serán los mismos.
    El hecho es que el pensamiento humano sobre la realidad que lo rodea, expresado en el lenguaje (literario, científico, filosófico) trastorna los cimientos de la escuela, en el caso de los sofistas es difícil rechazar la idea de progreso, en Grecia pasaron de un dogmatismo fundo en la idea de que el humano, utilizando de manera rigurosa su razón, podía alcanzar la sustancia de las cosas, lo que son en sí mismas, sin que se inmiscuya nuestra subjetividad; en este mismo error cayó Nietzsche con su teoría de la voluntad de poder, Freud, Sartre y el mismo Heidegger, nos pueden ayudar en la explicación de este filósofo como el último metafísico. El hecho es que en la Grecia antigua se dieron cuenta de que las ideas sofisticas, la duda como método de interpretación, iban en contra de las instituciones y por eso fueron juzgados y desterrados.
    Así que, la escuela está diseñada para dogmatizar o ¿Debemos proponernos enseñar a dudar? pero no cayendo en un quietismo, sino en el escepticismo antiguo y humano, que vive de dudar pero también de investigar, para que la humanidad entera se dé cuenta de sus limitaciones en la interpretación de la realidad...

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    1. Gracias, Yecid, por su comentario

      Como dice Yecid, los presupuestos de la escuela siempre han sido y serán los mismos (entendemos por ello, la especificidad del dispositivo escuela); el asunto es si eso depende de la concepción de tiempo circular en Heidegger. ¡Fíjense en los conectores que usan! La argumentación está principalmente en los conectores! ¿No será, más bien, que la idea de una especificidad que permanece nos exige reflexionar sobre el tiempo y, en esa perspectiva, Heidegger es un punto de referencia? Si es así, soy del mismo parecer que Yecid. Pero, ¿cómo saberlo si no está dicho así? ¿Se acuerdan que en matemáticas uno pone mal un signo y de ahí en adelante todo sale mal? Bueno, es lo mismo: un conector mal puesto desbarata una argumentación; la hace decir otra cosa. ¡No pongan conectores como si todos dieran lo mismo, con el efecto común de enlazar frases!

      En vano oponemos todo el tiempo sensible a inteligible… Según Yecid, literatura, ciencia y filosofía son el pensamiento humano sobre la realidad que lo rodea. ¡NO! Al ser humano no lo rodea realidad alguna. El ser humano, distante como está de eso que llamamos “realidad”, ha inventado un mundo. Mire a su alrededor, Yecid, y diga qué de lo que lo rodea es anterior a la vida humana… ¿no será más bien PRODUCTO de la vida humana?

      Ahora bien, ¿cómo hacen estos productos del pensamiento humano para “trastornar los cimientos de la escuela”? No entiendo qué quiere decir Yecid. Y de ahí salta (para nosotros los lectores, porque con seguridad él tiene los puentes en la cabeza) a los sofistas, en una versión bastante discutible (pues el argumento va más allá de los sofistas e incluye la filosofía)… Pero no estamos hablando de eso… (ni de la voluntad de poder de Nietzsche, ni de Freud, Sartre o Heidegger) o, al menos, no queda clara la relación con el tema de la entrega: no es que no tengamos que hacer esos rodeos, sino que se justifiquen en el curso de nuestro trabajo.

      Y concluye Yecid (otra vez los conectores): así que… ¿es una implicación? “la escuela está diseñada para dogmatizar”. No entiendo cómo sacó esa conclusión, con la que tampoco estoy de acuerdo, según consta a lo largo del curso, por las razones que se han venido exponiendo.
      ¿Quién le impide a un profesor enseñar a dudar? Y si esto es posible, no sólo pierde razón el aserto de Yecid, sino que nos toca pensar qué es la escuela para que eso sea posible.

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  5. No solo la escuela sino todo fenómeno cultural está impregnado de recuerdos, del presente y de las expectativas de futuro... En eso consiste lo circular, teoría heideggeriana con bases netamente husserlianas. Respecto al segundo párrafo, las indicaciones que hace el profesor no tienen otra salida que el solipsismo, el psicologismo, que tanto despreciaba el creador de la fenomenología... El hecho de que el humano no pueda ver mas allá de su sensibilidad y racionalidad especifica, no quiere decir que no haya una REALIDAD mas allá de lo específicamente humano; el problema de esto es si en alguna medida podemos acceder a lo real, de lo contrario los presupuestos epistemológicos, científicos, hasta matemáticos, no tienen asidero.

    Sin embargo lo que hace la escuela es tratar que cada ser humano pueda aprehender esas nuevas y mejores maneras en que vemos la realidad, supuestamente objetiva. Así, la escuela depende intrínsecamente de la actitud humana ante las cosas, desde la perspectiva del profesor: el escepticismo, relativismo, de nuestro 'conocimiento', o la tal vez ingenua, pero practica, postura de la ciencia.

    Dogmatiza la escuela incluso cuando enseña un lenguaje particular, ingles, matemática, etc., pero como diría Nietzsche, ya estamos acostumbrados; la escuela antes de poder ejercer su labor de propagación, debe sentar sus presupuestos: que están cimentados en una especifica teoría epistemológica sobre la posibilidad, o no, de conocer.

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