domingo, 27 de abril de 2014

10. La demanda


Menón hace una requisición: “Me puedes decir, Sócrates…”. Hemos dicho que el uso del lenguaje ubica, tanto al hablante como al interlocutor, en sendos lugares. Pero también hemos dicho que, al estar mediados por el lenguaje, de tales lugares se hacen unas elucubraciones que condicionan las acciones y las comprensiones de los sujetos. Vamos un poco más allá. A la requisición que hace Menón, vamos a llamarla demanda, en atención a sus características, relativas inicialmente a la actividad y al objeto.

La posición que asume el hablante en la demanda es la de un sujeto pasivo: pretende recibir del otro el objeto demandado. En consonancia, el interlocutor sería quien realiza la acción, quien entrega el objeto. Por supuesto que no es del todo cierto que el sujeto de la demanda sea pasivo. Habría que decirlo en una forma en la que se vea su acción. Una cosa es ser visto y otra cosa es hacerse ver. De manera que podemos decir que el sujeto demandante se pone en posición de hacerse entregar algo. Su enunciado es “deme”, independientemente de cuál sea el objeto dado (piensen en un niño que pide una cosa, y luego otra, y luego otra… hasta que ustedes concluyen que no le importan los objetos mismos que pide, sino pedir). Ahora bien, que el objeto sea indiferente no implica que no tenga unas características que lo hagan susceptible de circular a escala de la demanda: el objeto solicitado es uno que se materializa en la relación con otro a escala de la identificación. Es decir, en el nivel en que nos pretendemos semejantes.

Ahí articulamos el hecho de que Menón se acerca a Sócrates porque lo ha visto y lo ha escuchado (o le han contado, acerca de él otros, que lo vieron y lo escucharon). Es decir, a esta escala nos referimos a que el objeto solicitado por Menón es un objeto ostentado por Sócrates. Ese es el nivel en el que funciona la moda: el otro ostenta un objeto, que se convierte en lo que otros empiezan a demandar (oferta y demanda, nada menos).

Esto sólo es explicable, si partimos del hecho de que, en tanto seres hablantes, nos constituye la falta, no tenemos identidad. Vamos en busca de esa identidad en el semejante y por eso terminamos comprando las mismas cosas (habría que analizar si es algo muy distinto a lo que ocurre al sur de Etiopia con las tribus Surma y Mursi, que se pintan el cuerpo dos o tres veces al día, sin seguir patrones). Se trata de obtener por identificación lo que se echa en falta como identidad.

Entonces, Menón demanda el objeto que supuestamente completa la imagen de Sócrates y que, en consecuencia, ahora empieza a no completar la suya. Si nos identificamos con la imagen del otro, y este otro ahora ostenta un nuevo objeto, pues ahora nuestra imagen está incompleta. ¿No es esta la pugna de los niños, que no consiste tanto en el objeto, sino en que éste esté en poder del otro niño?; recuerden la escena: puede haber muchos juguetes, pero aquel por el que se disputa es el que alguno tiene en la mano. Recuerden en la película Blow-Up, de Antonioni, cuando el concierto de rock termina en el despedazamiento de la guitarra. Los espectadores se disputan el pedazo que el músico arrojó al público; alguien alcanza a cogerlo y huye de los demás, hasta que los va dejando en el camino. Cuando ya queda solo, cuando ya nadie lo persigue, mira el pedazo de instrumento y lo arroja al piso como lo que es: un desecho. Ente otras, esa es una de las razones que explican la presencia del uniforme en algunas (antes eran todas) instituciones educativas.

Inicialmente, entonces, diremos que Menón hace una demanda; que, en consecuencia, su posición es hacerse dar algo que aquel con el que se identifica ostenta como objeto de su imagen. Así, mientras el enunciado es “dame”, la enunciación es “complétame”.

Ahora bien, muchos vínculos humanos están sustentados en esta estructura. Pero, la formación, ¿se puede sostener en esta forma de vínculo? Sócrates no parece creerlo. Uno a uno, va a rechazar los puntos característicos de la demanda, sin por ello cortar la posibilidad del vínculo. O sea, ¡en la sociedad son posibles otras formas de lazo! Si sólo hubiera el vínculo de la identificación, sería muy difícil sostener una sociedad. Pensemos, por ejemplo, en cómo hoy es un riesgo sostenerle la mirada a un desconocido: puede agredirnos. La posesión de objetos inmediatamente despierta la codicia y el otro pasa a arrancárnoslo del cuerpo (no sólo se trata de “robar por necesidad”). Hoy la violencia en la escuela muchas veces parece “injustificada”; pero no lo parecería tanto si pensáramos en esta dimensión de la identificación y del hecho de quedarse ahí (muchas veces por razones sociales, como la falta de empleo, la dificultad para hacer lazo con el otro y, en consecuencia, desear una familia, etc.).

Entonces, Sócrates va a decir “no” a cada componente de la demanda. Niega el enunciado: no puedo darte. Niega la enunciación: no te puedo completar. Niega el objeto: no detento el saber en tanto rasgo identificatorio; incluso agrega que si uno se considera en posesión de ese rasgo, responde con la confianza y magnificencia y cree tener respuesta para todo (y, entonces, es imposible formar desde ahí). Con ello, rechaza la posición en la que se encuentra Menón, la de recibir el objeto.

Este rechazo, hemos dicho, no niega el vínculo. Si así fuera, el “diálogo” habría llegado solamente hasta ahí. Pero continúa. Continúa, porque Sócrates intenta hacer existir (no está dado de antemano) otro lazo. Tal vez eso explica lo que sigue: los tesalios saben (o sea, si Menón es tesalio, algo tiene que saber… pero quien busca el rasgo en el otro, no lo busca en sí mismo); los atenienses ya no saben, se ha producido como una sequedad del saber (o sea, el rasgo identificatorio pudo haber estado ahí, pero ya no está, ahora hay una falta); entonces: “comparto la pobreza de mis conciudadanos en este asunto y me reprocho el no tener por completo ningún conocimiento sobre la virtud”.

Así, el lazo por identificación no funciona; Sócrates ha dibujado —con ironía de por medio— un contexto heterogéneo. No dice que sea igual a Menón. Más bien invierte la desigualdad. Ahora bien, recordemos que en la demanda el objeto es un tanto indiferente. El nuevo lazo que busca producir Sócrates también depende de hacer brillar el objeto por sí mismo, ya no por el hecho de estar adherido a alguien. Por eso, sin pausa, antes de opinar si la virtud es enseñable, o si se alcanza con la práctica, o si se da en los hombres de manera natural o de alguna otra manera… pasa a hablar de la especificidad del objeto en juego; lo considera condición previa para la otra discusión: “Y, de lo que ignoro qué es, ¿de qué manera podría conocer precisamente cómo es?”. Y, entonces, pasa a otro asunto, aparentemente más sencillo, pero en el que se guarda idéntica relación lógica: “¿O te parece que pueda haber alguien que no conozca por completo quién es Menón y sea capaz de conocer si es bello, rico y también noble?
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No lo deja reaccionar a propósito de todos los “no” que le puso, y lo engancha en un “sí” que comienza con ese relevamiento del objeto y, al mismo tiempo, lanza a Menón a una posición activa.

19 comentarios:

  1. Menón desea saber y por eso demanda: Si no es posible formar completando al otro sino poniéndolo en una relación con respecto del saber, sí es importante que haya una demanda, en tanto que demandar es evidenciar el interés de alguien por saber, es una manifestación de no saber pero sí querer saber. Si Sócrates hubiera dado una respuesta afirmativa a la demanda, habría habido información y no formación y, aunque la demanda no sea ruta más propicia para formar, sí permite constituir un punto de partida para que la formación se comience a tejer. Ahora, ¿Cómo se realiza la creación del lazo cuando no hay una demanda?, ¿Sería posible crearlo sin esta, cuando el estudiante no se muestra interesado por saber? entonces, la demanda podría venir del maestro y no del estudiante, y en ese caso, ¿Cómo se construiría el lazo formativo?

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    1. María, cordial saludo
      En la entrega dice exactamente lo contrario de lo que comentas sobre "querer saber". ¿Puedes explicar por qué estás en desacuerdo? Por ejemplo, se explica la respuesta de Sócrates a la demanda de Menón en tanto, si partiera de ahí, sería imposible formar. Entre otras, porque el sujeto de la demanda espera, no trabaja, porque para él en realidad el saber no es importante (no es más que un rasgo identificatorio), etc. ¡La demanda expresa que no se desea! Si se deseara, no se le pediría al otro, sino que se trabajaría!
      Ahora bien, estoy de acuerdo en lo que comentas de que la demanda es un punto de partida, pero no como algo acumulativo, positivo, sino como un comienzo problemático, al que habría que oponerse (como hace Sócrates), a riesgo de quedar condenado el profesor a ser un esclavo de los aprendices. Sobre tus preguntas, creo que ya tendremos oportunidad de avanzar en esa dirección, pues es necesario diferenciar varias dimensiones en el marco de la requisición. La primera es la demanda. Faltan 3.

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    3. Me gustaría retomar la pregunta de María, Menón demanda, pero en el proceso formativo formal ¿Cómo establecer éste lazo sino hay demanda? Algunas semanas atrás, en una clase presencial el maestro Bustamante manifestó que el estudiante no quiere el conocimiento, trayendo el comentario a este instante y actualizándolo en sus términos, el estudiante no demanda conocimiento o saber. ¿Qué debe hacer el maestro? Actualmente como dice la compañera María, o por lo menos lo entiendo así entre líneas, el maestro generalmente presenta información, y no es ese objeto que brilla, no es ese objeto que por capricho requiere, queda entonces la pregunta ¿Cuál es el objeto que desea el estudiante?
      En el caso de nuestros estudiantes no demandan conocimiento o al menos lo que el maestro ostenta, ofrece. El rumbo a seguir que presenta Platón a través de Sócrates y Menón, es proponer o inducir un rol diferente del estudiante que siempre pasivo, debe pasar a ser activo para iniciar el proceso de formación. Se es esclavo del estudiante, retomando las palabras del maestro Bustamante, cuando omitimos el papel del estudiante en su proceso de formación, el saber debe costar, según lo que entiendo, y el estudiante debe pagar el precio con el esfuerzo y dedicación, nada de lo que se hace fácil se valora.

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  2. "El nuevo lazo que busca producir Sócrates también depende de hacer brillar el objeto por sí mismo, ya no por el hecho de estar adherido a alguien". Planteo que, en la educación entonces, el asunto no está en demandar eso que sabe el profesor eso que ostenta, en "exigir" el derecho a la educación; sino que el objeto de la educación (el conocimiento, el saber -aun que siendo asuntos distintos aqui los tomo por lo mismo- sea el vínculo que entre el sujeto en formación y éste (el conocimiento). No es por lo que produce el profesor en el estudiante (afinidad, apatía, etc) que se despierta el deseo por el saber, sino por el saber como tal, por el "brillo" propio de ese objeto. Me llega a la mente lo promulgado por el MEn: enamorar al estudiante, seducirlo¡¡ para que aprenda más y mejor.

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    1. Hola, Martha
      Efectivamente, se busca el vínculo del sujeto con el saber. Pero eso sólo será un efecto posible de la relación educativa. Por lo tanto, el asunto no es sostener las relaciones entre sujetos (porque nos quedamos haciendo amigos, ejerciendo democracia y justicia), sino prestarse para que la equivocación de la suposición de saber (¿acaso el estudiante sabe que el profesor sabe?... apenas lo cree) dé lugar al vínculo que haga posible su caída a favor de la relación con el saber.

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    2. Buen día compañeros y profesor.
      Hacer lectura de una sociedad demandante y de una estructura educativa donde su meta es la cobertura, una postura política que opacan el ser de la escuela, el saber, el vínculo. Pues se pretende dar, dar y no desde el esquema educativo, se está educando a la pereza del saber y del construir. Más aún es ahí donde está el desafío del yo maestro “Así, mientras el enunciado es “dame”, la enunciación es “complétame”. Es claro que se debe aprovechar esta cobertura esa satisfacción en la que se encuentran los estudiantes, es partir de los desafíos de ese vínculo que logre el yo maestro, es permitirle despegar y gozar lográndolo, es hacer a esos niños dueños de sus propios saberes. “El nuevo lazo que busca producir Sócrates también depende de hacer brillar el objeto por sí mismo, ya no por el hecho de estar adherido a alguien”.

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    3. Resalto la diferencia entre relación educativa y relación entre sujetos. Es allí donde se entiende que "El maestro no transforma las posiciones de los aprendices", que no los hace dueños de sus saberes", sino que promueve el establecimiento de una relación a partir de la cual el aprendiz/estudiante se posiciona frente al mundo, a las relaciones sociales, y al saber mismo.

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  3. Cordial saludo compañeros y profesor.

    A partir de las palabras con que inicia el profesor Bustamante, acoto que el ser hablante esta en el lenguaje y por lo tanto se establece una unidad entre el sujeto, el lenguaje y el mundo. Ahora bien, de acuerdo a las requisiciones que hace el profesor en esta nueva entrega, es Menón el sujeto demandante, quien hace un enunciado a Sócrates y el cual que se convierte en una identificación, en un vinculo donde el objeto se ve desafío e interpelado por el otro. Tanto Sócrates como Menón, contribuyen a un régimen de satisfacción, una conquista del saber, es por ello que se establece un lazo social que se da por medio de una disputa:… ¿Es enseñable la virtud?, ¿o no es enseñable, sino que se alcanza con la practica?, ¿o ni se alcanza con la practica ni puede aprenderse, sino que se da en los hombres naturalmente o de algún otro modo?¨…

    A mi modo de ver, nos encontramos con dos personajes que en realidad son dos lugares de la enunciación, como si el uno y el otro fuera un núcleo referencial de su propia existencia. A este propósito, es donde la formación deba de apuntar, es decir, es cierto que el maestro se presta como soporte de información, pero también es cierto que el maestro encarna y transforma las posturas de los aprendices. El maestro debe meterse en el proceso comunicativo del otro, sabiendo que la formación no se registra en el momento sino que se da en el tiempo. En este punto de mis meditaciones y no siendo concluyente, considero que el proyecto formativo de Sócrates está encaminado a construir vínculos de identidad, incentivados por preguntas o cuestionamientos que generen un debate, una disputa o un dialogo entre dos o más personas que busquen establecer una relación con el saber.

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    1. Hola, Édgar
      - De la premisa "el ser hablante está en el lenguaje" no se puede concluir "se establece una unidad entre el sujeto, el lenguaje y el mundo". ¿Por qué tendría que ser así?
      - Las únicas requisiciones que he hecho en esta entrega son las que figuran en la columna de la izquierda, bajo el título "Indicaciones".
      - No es preciso decir que "tanto Sócrates como Menón, contribuyen a un régimen de satisfacción". Cada uno tiene un régimen de satisfacción diferente.
      - Todas las expresiones en las que introduces el "deber-ser" ("es donde la formación deba de apuntar", "El maestro debe meterse en el proceso comunicativo del otro") son de orden político, no de orden investigativo. Nuestro esfuerzo es por entender la formación, no por decir cómo debería ser. Pero, además, la investigación sirve para medirse a la hora de decir "debe ser"...
      - El maestro no transforma las posiciones de los aprendices. ¿No es contra esa posibilidad de tener al otro al frente (para transformarlo, por ejemplo) que complejizamos el mal llamado "circuito de la comunicación"?

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  4. Cordial saludo a todos

    En reflexión sobre lo planteado en la sesión presencial y en la presente, me permito compartir lo siguiente:

    Cada grupo de hablantes tiene sus regímenes de satisfacción y por ello la formación no solo está dada en términos de una información que se comunica sino en el saber que se comunica como en la reflexión sobre el saber comunicado rompiendo el sistema de comunicación tradicional, acomodándoselas diferentes maneras manera de hablar de los hablantes, con el objetivo de compensar los regímenes de satisfacción de los sujetos que intervienen en el proceso de formación.
    En esta comunicación que va en movimiento circular, el hablante dice una cosa según sea su régimen de satisfacción y quien escucha posiblemente está pensando en satisfacer su régimen con otros interrogantes; allí podría tornarse débil el lazo social que se busca con la formación.
    Según nuestras posibilidades de actuación frente a la conformación de lazos sociales que permitan emerger la formación se podrían transformas los regímenes de satisfacción sensibles al plano del saber, de lo inteligible.
    Como cada uno tiene su régimen de satisfacción, el lazo social seria conformado desde la comprensión del régimen de satisfacción de los sujetos; quienes se mueven a medida que el otro reflexiona y tal reflexión interna puede inferir en la reflexión que otros hagan de su misma reflexión… tal reflexión se mueve en el campo del discurso y el saber.
    Otra situación está dada por el nivel en el que se quiera ubicar al sujeto y al que él desde su régimen de satisfacción quiera alcanzar. Por ello la formación se favorece cuando los niveles de satisfacción se encuentran en un mismo horizonte. En un principio, los sujetos encuentren su imagen en otros y desde esta fortalecen su régimen de satisfacción.
    Se busca una imagen y esta se condiciona por el que supuestamente la tiene. Quien condiciona es quien conoce el régimen de satisfacción del otro,,, se da ese lugar en el contexto que se comparte con otros, desde el “objeto que se desea comprender” y cuando el otro muestra su imagen se pasa del plano deseable, al compartido el que se busca complementar con la acción de ser como sujeto hablante que encuentra a medida que le permite actuar en determinados contextos.















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  5. Profesor, ¿ puede por favor ampliar la parte de la violencia en la escuela y el quedarse en la identificación ?

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  6. Buenas Tardes Compañer@s y Profesor.

    Sócrates lo que busca es que Menón confronte su propio saber (saber ingenuo), por medio de las diferentes situaciones problemáticas que él plantea en medio del dialogo ya que considera necesario que Menón llegue por sus propios medios a las respuestas de las preguntas que él promulga, De manera que este debe construir los vínculos y redes necesarias que le contribuyan a llegar al saber (conocimiento), valiéndose de las herramientas (acercamientos al saber) que le son brindadas, en este caso por Sócrates.

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  7. De los varios elementos expuestos por el profesor Guillermo considero que tres son fundamentales y ponen de presente las problemáticas centrales de quienes decimos ser formadores: La renuncia a la identificación como único lazo social; la valoración del objeto en sí, independientemente de quien lo posea en un momento determinado; y la ubicación del otro en una situación de sujeto activo. Todo esto sin permitir que el vínculo o el dialogo se termine. La complejidad de la tarea hace sentir angustia y repensar el papel del maestro. Pone en escena no sólo los componentes de la demanda; sino que remite acaso a las demandas del maestro, quien también aspira a ser completado por el estudiante, quien está en busca de su identidad; quien requiere incluso renunciar a el objeto que le completa y es ofrecido, entregado por el discípulo. Renunciar a la “satisfacción” de sentirse admirado, considerado como ejemplo a seguir; a que el otro quiera ser como yo.
    Tarea en la que fracasamos rotundamente. Sólo basta con mirar nuestros jóvenes estudiantes; se parecen tanto a nosotros. A pesar de vivir en un mundo tan distinto al nuestro, en algunos aspectos son tan semejantes a nosotros… Ver por ejemplo como se justifican, como se contradicen, como se engañan mutuamente, como se censuran; en fin, la relación de identificación parece no ser removida por nosotros como maestros. Surge entonces la pregunta y Sócrates tendrá que apoyarnos en la respuesta: ¿Es posible enseñar al otro a superar su “inclinación” a ubicarse como sujeto pasivo que demanda ser completado por medio de la obtención de objetos que otro u otros ostentan?, ¿el otro se ubica en dicho lugar o es ubicado por el lenguaje?. Afortunadamente contamos con la posibilidad de equivocarnos…

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  8. Sus pinturas representan desde diseños abstractos a los patrones de colores de las flores que forman una deslumbrante variedad en todo el cuerpo, en una expresión cultural más elemental para ellos que la propia música o la danza


    Consideran su imagen como algo abstracto y se pintan el cuerpo dos o tres veces al día, como si cambiasen de ropa en una particular forma de seducción, de expresar su estado de animo o su orgullo. Las escarificaciones y mutilaciones que se infligen son también signos de elegancia, de fortaleza y de valor.
    Quiero compartir estas imágenes y esta información porque nos permite debatir la cuestión de la identidad en estas culturas.

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  9. Se puede afirmar, entonces que, las relaciones entre sujetos están mediadas por el lenguaje.
    Considero así, que es a partir de esta relación que se construyen significaciones, que se le da un lugar al otro, y el otro le un lugar a uno, además da origen a una serie de interpretaciones y suposiciones sobre el enunciado y sobre los sujetos que participan de la relación comunicativa.
    En esta dinámica alrededor del lenguaje, el sujeto se construye, identifica lo que quiere saber, según aquello que alimente su régimen de satisfacción, lo que pueda suplir, lo que siente que le hace falta.
    Pero en ese juego de suplir mi régimen de satisfacción, me encuentro con los régimenes de satisfacción del otro, y ¿si mis necesidades son las mismas que la del otro? Considero yo, que aquí comienza una guerra por el poder, una pugna por alcanzar o aprender lo que siento que me complementa, lo que me satisface, en medio de la competencia con el otro. Creo que es en este momento de la relación entre sujetos que aparecen comportamientos de envidia, codicia, anhelo de lo que posee el otro, y que se materializa en la escuela a través de la violencia escolar o lo que se denomina actualmente como matoneo. Pero lo que en verdad, se evidencia es esa necesidad del sujeto de darse un lugar, una identidad frente a los otros y frente a el mismo.
    Y creo yo, que es esta misma la condición tanto de Menón como de Sócrates, la defensa de una identidad que necesita suplir el régimen de satisfacción, retomando también la idea de enunciación, abordada anteriormente, donde Menón le supone un lugar a Sócrates y viceversa en medio de la dinámica dada por el lenguaje donde prima el régimen de satisfacción.

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    1. El aprender o la construcción de conocimiento es algo que se genera en el aula, en la clase, siempre será más fácil aprender o construir conocimiento si mis intereses son sobre el tema a trabajar; el educando pide lo que le interesa, esto es una realidad en nuestras escuelas, sin embrago en el acto comunicativo debemos ser maestros muy sabios a la hora de entender lo que nos pretenden comunicar nuestros estudiantes, recordemos que no solo nos comunicamos de manera verbal sino con códigos distintos; a la hora en que un estudiante o un grupo de estudiantes no muestran interés por ningún tema específico de forma directa sería necesario buscar en el o en ellos cuales serían sus demandas, para que el maestro empiece a trabajar en el desarrollo de este contexto.
      Por otro lado si no hay demanda por parte del educando, no se podría detener el proceso educativo, y entonces me preguntaría ¿qué debo hacer como maestro ante esta situación?

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  10. De acuerdo con la idea de que frente a la requisición de Menón, Sócrates propone una contrarequisión que traslada la situación de desigualdad entre los dos interlocutores, salta a la vista que el modo de mantener el vínculo es concentrar la atención en el referente y evitar, de ese modo, una de las incorrecciones más habituales en el proceso educativo, pasar de la equivocación a la que tanto se ha aludido en este curso, al criterio de autoridad en la tenencia del conocimiento.

    Me gustaría agregar entonces, que el procedimiento que sigue Sócrates y que como se ha dicho, permite sostener el vínculo a pesar de la negativa a aceptar una posición de conocimiento, es que al estudiar el objeto referente (virtud), las constantes negativas de Sócrates a las respuestas que eluden el problema de la definición de la misma, son un modo de asegurar que en la interlocución, tanto Menón como Sócrates (pero por supuesto también los lectores, "nosotros") acepten que no pueden ser válidas las opiniones que se tienen sobre el objeto, si las ideas expresadas no son producto de un proceso categorial en el que sea posible estudiar aquello que lo hace concepto. Para el maestro, en este caso, el objeto del que se habla es ocasión para facilitar un proceso de conocimiento cuyo paradigma es la razón auto crítica que evita las ilusiones sobre el conocer y cuyo método es la investigación.

    De ese modo, esta parte del texto nos advierte como lectores interesados (ubicados en el siglo XXI), que la forma de mantener el vínculo con el estudiante; es decir, de reforzarlo en la complejidad del proceso enunciativo, para no permitir que el otro obtenga el premio sin hacer el esfuerzo, está en concentrar la atención en el mismo objeto, induciendo un diálogo que permita conceptualizar el objeto. Me da la sensación que el vínculo se refuerza en tanto es evidente que el objeto es más importante, pues es, como diría René Girard, objeto de deseo.

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  11. El hecho de pedir dentro de un acto, en si una demanda, es proclive a una acción de producción, de tal forma que en mi modo de entender, usted solo puede pedir lo que le interesa, sin embargo, el interés está condicionado por varios elementos, uno es “lo que esta” “lo que existe”, otro es lo que el sujeto desea y que solo él sabe que quiere , otro es la necesidad de pedir o mejor el deseo de ser satisfecho por el otro. El estudiante cumple estos tres aspectos, el primero “quiero ese celular porque tiene las características que me convienen, el segundo “quiero estudiar química, pues me gusta me va bien y se que allí me puedo desenvolver bien” el tercer caso es el caso que usted profesor plantea en el texto, el del niño que pide por pedir. Con lo anterior determino, desde mi forma de entender, que el que pide tiene una intención pero que no es fácilmente identificable he ahí el espacio del que se habla en la introducción “Hemos dicho que el uso del lenguaje ubica, tanto al hablante como al interlocutor, en sendos lugares” este es lugar amplio del locutor, su espacio y su función, para mi este personaje es el comprador el sujeto de la demanda, que adquiere el producto.

    Por otra parte es el interlocutor el cual también tiene un amplio espacio que coordina con el espacio de la demanda, si lo viera desde la economía podría decir que este es el eje de producción, pero como tal no siempre se sustenta en la demanda, “En consonancia, el interlocutor sería quien realiza la acción, quien entrega el objeto” aun así el producto no está dado para todos los intereses de allí que el interlocutor se puede negar a dar el objeto solicitado pues en cierto sentido puede analizar que el objeto no está hecho para tal solicitante o a decir mejor el solicitante solo pregunta “Sócrates va a decir “no” a cada componente de la demanda. Niega el enunciado: no puedo darte. Niega la enunciación: no te puedo completar. Niega el objeto: no detento el saber en tanto rasgo identificatorio; incluso agrega que si uno se considera en posesión de ese rasgo, responde con la confianza y magnificencia y cree tener respuesta para todo (y, entonces, es imposible formar desde ahí)”. En el caso del profesor como interlocutor tiene que estar dispuesto a recibir del estudiante todo tipo de demanda a la cual se le dará una respuesta pero no tan así como Sócrates, se dará de acuerdo al conocimiento propio pero generando en el sujeto que demanda una necesidad de auto respuesta “Por eso, sin pausa, antes de opinar si la virtud es enseñable, o si se alcanza con la práctica, o si se da en los hombres de manera natural o de alguna otra manera… pasa a hablar de la especificidad del objeto en juego; lo considera condición previa para la otra discusión: “Y, de lo que ignoro qué es, ¿de qué manera podría conocer precisamente cómo es?”.

    Finalmente, la relación locutor interlocutor tienen sus propios espacios y ellos les dan el uso que compete de acuerdo a sus intereses, esto implica una necesidad natural del hombre, el cual va teniendo en su formación humana la parte de locutor como de interlocutor de su realidad y la de los otros, lo que le permite una inmersión en el mundo en el que vive, de allí que si su entorno es violento tiene tendencia hacia ello, y el estudiante de hoy trae su entorno a su vida social como por ejemplo el colegio. Y como bien nos damos cuenta el acto lingüístico es el que determina la acción misma del sujeto pues a partir de él se considera el nivel de diálogo a que nos podemos someter. Pues como bien sabemos o comprendemos con una forma de generar violencia es la pasividad lingüística frente a una demanda de este tipo, lo que me permite afirmar que la acción de un sujeto a otro puede ser sociable o insociable a partir de un simple acto lingüístico ya sea pasivo o activo.

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