Segunda sesión presencial, parte I (resumen):
Somos efecto del lenguaje. La “representación” ya es lingüística y la comunicación es más que información. Ser hablantes nos produce:
- Una distancia (no corregible, sino estructural) con la realidad. En consecuencia: uno, no hay comunicación sino corto circuito; dos, no se usa el lenguaje para expresar una realidad con la que supuestamente estaríamos en contacto; y, tres, se habla con doble libreto (uno explícito y otro tácito). Así, la formación no es comunicación, no es enseñar verdades o hacer juicios acertados. Se forma si se tiene una relación con el saber y si se tienen unos criterios para juzgar lo que el aprendiz hace. Atendiendo a estas condiciones, los propósitos serían concomitantes con nuestras condiciones de posibilidad; lo contrario exige erigir ideales y deprimirse por los resultados.
- Una búsqueda autista de satisfacción. Con ello, de un lado, formar no es hacer un favor; y, de otro lado, la formación busca cambiar un régimen de satisfacción: pretende que al aprendiz le guste el saber y, por eso, lo obliga a ir, frena lo que le gusta hacer, lo hace esperar y trabajar… hasta que lo haga por su propia cuenta. Así, pasa de lo sensible a lo inteligible (saber), que da lugar al lazo social.
Segunda sesión presencial, parte II
6. Cada uno tiene su régimen de satisfacción. Sócrates busca lo suyo, que es distinto de lo que busca Menón. Por tanto, es imposible formar a otro. Lo que hay es una auto-formación. Ahora bien, los objetos de la satisfacción están ligados al otro de alguna manera. Podemos decir que, inicialmente, el objeto con el cual se busca la satisfacción es el detentado por el otro (por eso, Sócrates tuvo que haber expuesto su saber, para que alguien quiera tener también ese objeto que él tiene). Así las cosas, el otro está vinculado indirectamente con la satisfacción del uno. Es claro que el uno no escoge cualquier objeto detentado por el otro ni escoge cualquier otro. De nuevo, no podemos pensar que con sólo ostentar ante el otro el objeto basta para que el otro lo quiera. Pero hay algo de eso: de ahí que los niños no sólo tengan su objeto en la mano, sino que lo luzcan ante el otro, que se lo pasen por la cara. Y hasta en los adultos vemos este tipo de comportamiento. La moda se produce así: yo quiero lucir eso que los otros están luciendo. Pero no hay que perder de vista cuántos intentos de imponer una moda fracasan, frente a los que triunfan.
Entonces, nos formamos a nosotros mismos, pero en el contexto del desafío de los otros (no hay autonomía o heteronomía a secas, sino algo más complejo que exige explicación: la “inter-nomía”, que no se queda en la dicotomía maniquea de bueno/malo que hay detrás de la falsa oposición entre autonomía y heteronomía). Así, el esfuerzo formativo recae sobre el desafío. Pero ¿qué tipo de tarea es la que desafía a los aprendices al punto que la tomen como referente de su autoformación?
En un segundo momento, podemos ubicar otro vínculo entre los sujetos, de cara a la satisfacción: ya no se trata solamente del objeto, sino del hecho de que el otro encarna delante de nosotros una forma de satisfacción. Por eso decíamos en la anterior entrega que al sujeto no le inquieta el saber en sí mismo, sino que otro sea capaz de gozar con el saber. Podríamos decir que en la escuela confluyen ambos tipos de relación con el objeto a través del otro. Pero esta segunda es la que constituiría propiamente el dispositivo escolar. De ahí la importancia de un maestro apasionado por el saber que dijo haber escogido; y, así mismo, el peligro de un maestro que no quiere saber (cosa que se expresa de muchas formas: llamarse “facilitador”, vender la idea de que entre maestro y alumno lo que hay es un “diálogo de saberes”, llegar al aula con la actitud de que el estudiante diga qué quiere aprender, denigrar de la idea de académico o de intelectual, reclamarse más bien como un “artesano”, etc.).
Entonces, la calidad de la formación es proporcional a la calidad del desafío. Si el desafío es pobre, al intervenir sobre sí, el sujeto contará con muy pocos elementos para tomar sus decisiones.
7. Así, más valdría hablar de “efectos de formación”, pues se trata de un asunto de efectos posibles, y no precisamente de realización de objetivos (a veces los unos nada tienen que ver con los otros). Muchas veces no se sabe precisamente qué desafío se le está poniendo al otro con lo que hacemos. El desafío no se mide por el tamaño del objetivo, sino por la dimensión del efecto. Es ahí donde el asunto de la evaluación es crucial. Tendemos a echar por la cañería al bebé con el agua sucia. Si bien hay muchas prácticas evaluativas abominables (como las evaluaciones masivas), es cardinal que los productos del aprendiz sean objeto de un juicio valorativo diferencial. No importa que sea equivocado desde algún otro punto de vista. El juicio implica que no vale todo lo que el aprendiz haga y, además, que el enseñante está pendiente. (Para fabricar débiles mentales —decía Freud—, hay que decirles a los niños que todo lo que hacen está bien). El juicio puede tener efectos formativos, incluso más allá de lo enseñado.
Las instituciones tienen objetivos, no podrían dejar de planteárselos. Pero el dispositivo es analizable fundamentalmente en función de los efectos que produce, independientemente de los propósitos que sea capaz de explicitar. Hay preocupaciones institucionales inmensas, bien intencionadas, onerosas… que, sin embargo, pueden tener muy pocos efectos formativos (la dotación de video-beam, por ejemplo); así mismo, hay cosas que pueden parecer secundarias, que parecen caber en la libertad de movimientos propia del ámbito pedagógico, y que, no obstante, pueden reducir las posibilidades de efectos formativos: como cuando ofrecemos igualdad a los alumnos.
8. Hablo de efectos, en el sentido de efecto residual de otra operación (sub-producto, dice Antelo). Sería la diferencia entre producto (la puerta) y residuo (la viruta). Así, los valores se producen como efecto de las relaciones sociales; son un residuo, digamos así, de la vida social. Cuando decimos que hay problemas en relación con el asunto de los valores, en realidad estamos diciendo que las relaciones sociales a las que están sometidos los aprendices no han podido producir los efectos que idealizamos en el espacio escolar. El problema es querer cambiar esa situación mediante una “enseñanza de valores”, lo cual sería —por lo que venimos diciendo— una contradicción en los términos. Más bien, cabe la pregunta: ¿cuál es el proceso cuyos efectos residuales es lo que llamamos valores? Si nos hiciéramos esta pregunta, la solución no sería tratar de enseñar lo que no es enseñable, sino aplicarnos a tal proceso que, en nuestro caso, es el de una relación sólida con el saber (que sería el producto). Cuando intentamos suplir la “falta de valores” mediante una “enseñanza de valores”, cometemos dos errores: en primer lugar, le quitamos el tiempo y el espacio al proceso —sobre el saber— que podría dejar los valores como efecto; y, en segundo lugar, producimos muy poco e incluso lo contrario de lo que nos proponemos.
9. Los asuntos que entran a jugar en la formación están todos en construcción, lo que implica reconocer que son heterogéneos y que no están determinados: Sócrates no está terminado (lean todos los diálogos, para que registren sus transformaciones), y su formación no va en la misma dirección que Menón; por su parte, Menón no es que carezca de alguna formación (de ahí que la acción de Sócrates no sea llenar un vaso vacío), y su formación no va en la misma dirección que la de Sócrates; así mismo, el lazo que los une no está definido ya (está siendo mientras interactúan); y el asunto del que hablan está en discusión (de ahí que, de entrada, veamos entrar a otros contrincantes —como Gorgias— que, si bien no están presentes en carne y hueso, sí forman parte de la discusión sobre el tema.
Así las cosas, ¿cómo pensar la formación que es, al mismo tiempo, la autoformación de cada uno delante de los otros, la promoción a la existencia de un lazo social, la contienda en relación con el referente? ¿Qué se produce como efecto cuando creemos formar al otro (como un objeto), cuando pensamos que el formado es el aprendiz, cuando creemos que nuestra formación es la misma que está viviendo el aprendiz, cuando no formamos contendores para la contienda por el referente?
10. Decíamos que la formación en relación con el saber no es un asunto de información. Ésta se comunica, se dice explícitamente, mientras que el saber se meta-comunica (Eliseo Verón), se produce a largo plazo como efecto del decir, pero no está en el decir. La comunicación requiere del código común (la lengua); es por eso que, cuando el maestro juzga la formación como comunicación, suele hacer referencia al código cuando no le entienden, mediante expresiones como: “¿es que usted no habla español?”, “¿acaso le estoy hablando en chino”. En cambio, el saber requiere de una gramática y de un diccionario (que es lo que produce la meta-comunicación), que no están a disposición del que hable la lengua, sino del que haga un esfuerzo en dirección a esa gramática y a ese diccionario; y, para ello se necesita una postura subjetiva, no como lo que requiere la información, que es un soporte material (y podemos usar a las personas —incluso: usarnos— como soportes materiales de información), razón por la cual muchas veces se cree hacer aportes a la formación mediante la introducción de aparatos que aceleran el acceso a la información o que permiten su mayor acumulación. La idea de soporte material excluye al sujeto. Mientras que la idea de postura requiere de un sujeto que la asuma, en vínculo con otros. La información no genera vínculo. El saber, sí.
( Me disculpo, creo haber subido esto en una entrada que no correspondía).
ResponderEliminarBuen día compañeros y maestro:
Inicialmente me gustaría conocer las posturas que ustedes asumieron respecto a “todo” lo que el profesor Guillermo dijo en el encuentro presencial. Esto por aquello de los “efectos de formación” dice el maestro.
Tal vez ustedes ya tengan posicionamientos al respecto, por mi parte es un discurso que reta, va en contravía del sentido común de la educación, despierta y moviliza formas de pensar, en un principio suena un tanto agresivo y bélico contra nuestras formas adoctrinadas de pensar, pues somos “efectos de una formación” de un sistema que poco y nada tiene que ver con el saber, nos han relacionado con la impronta de reproducir información y ver el mundo como si fuera estático. Pese a que en educación todo el mundo habla de “realidad cambiante”, no entiendo a qué se refieren si seguimos repitiendo como loros la teoría del otro, citamos autores con el pretexto de consolidar el discurso o de justificar la práctica pedagógica. En la ingenuidad pensamos que el aula es un laboratorio de investigación y que todos investigamos en la escuela, ese es el propósito magno de la educación ahora, veo esto como un eufemismo que soterra lo que en verdad sucede; nuevas y bellas palabras para hablar y hacer más de lo mismo.
Ahora, ¿cuál ha de ser entonces el papel del maestro? Acaso ¿qué es lo que investiga?, ¿qué entiende por investigación?, todos balbuceando la palabra investigación pero los procesos formativos de los chicos un tanto iguales o en decadencia.
Volviendo a retomar un poco lo de las primeras líneas, aún hay muchas frases que me inquietan de la sesión y me dejan con la sensación de no saber qué postura asumir, y no precisamente porque no comprenda, sino porque de entrada hay choque contra mi forma de pensar como ya lo había mencionado. Intento hallar por lo menos un punto mediático pero veo que no es lo más sensato. (Señalo en comillas posicionamientos del profesor)..
1. Centenares de libros e investigaciones hablando de autonomía y heteronomía de manera aislada; discursos que pregonan el aprendizaje autónomo…… Y ahora resulta que el asunto es la “inter-nomía”.
2. Cátedra de valores humanos, pero resulta que “el asunto de los valores no es la información y perdemos el tiempo ensenándolos”. La ética no se enseña.
3. Modelos didácticos centrados en los intereses de los estudiantes, hablando de que el estudiante tiene saberes, que el rol del maestro es de facilitador, mediador… Pero resulta que lo que hay es el “peligro de un maestro que no quiere saber”.
4. Autores hablando que el niño tiene una predisposición innata al saber, pero ahora el asunto es de “régimen de satisfacción” “de entrada el estudiante no quiere saber”.
5. Misiones y visiones desde las mismas secretarías de educación comprometiéndose con el propósito de la excelencia académica, pero el asunto no es de “propósitos, sino de efectos de formación”.
Marisol, cordial saludo
EliminarAntes de plantear si estamos o no de acuerdo con determinada postura, me parece que primero es necesario aclarar en qué campo nos movemos. Nuestra época destaca unos “derechos” que terminan concretándose en el consumo y en la opinión. Y entonces se hacen encuestas para ver quiénes están de acuerdo y quiénes no con un fallo de la Corte Suprema. Pero, ¿es ese fallo algo que se pueda someter a la opinión?; ¿y qué pasa si la mayoría no está de acuerdo? Igual para los asuntos del conocimiento: ¿para qué tomar la opinión frente al bosón de Higgs, que es el resultado de un trabajo que sólo entienden los que se tomen el trabajo de estudiar —durante mucho tiempo— la física? Recuerden: Copérnico era el único que pensaba que la Tierra no estaba en el centro, a diferencia de millones de personas que opinaban lo contrario… pero él era el único que tenía los argumentos para demostrar algo, pues los otros lo que tenían era una tradición milenaria de prejuicios. En el campo de la opinión, perdía; en el de la ciencia, ganaba.
De esta forma, no podemos poner los “centenares de libros e investigaciones” que digan alguna cosa como criterio de validez. Si bien es cierto que todo el mundo habla de “autonomía” y “heteronomía”, ¿también es cierto eso para alguna disciplina seria? Piensen, por ejemplo, en Gardner o Fodor en psicología.
Entonces, ¿en qué campo pretendemos estar con este curso? Lo que Marisol llama —con acierto— “sentido común de la educación”, no requiere estudio, no requiere dedicación; sólo requiere leer titulares de prensa y escuchar noticieros a medias. Por eso cualquier intento de entender seriamente la educación se estrellará contra ese “sentido común”, contra esa doxa. ¡Todo conocimiento se opone a alguna opinión! Si la opinión percibiera cómo son las cosas, ¡sobraría la ciencia! Ojo: no digo “la investigación”, porque esa palabra la usa todo el mundo y no discrimina campos (Marisol nos hace caer en cuenta de que la idea según la cual en la escuela todos investigamos, es un eufemismo que esconde cosas). La relación de un maestro con la investigación seria no la establecen los estereotipos, ni las normas educativas, ni las recomendaciones de los expertos, sino la relación efectiva que tenga con el campo del conocimiento. Eso no se puede improvisar; eso sólo se conquista por el trabajo.
(Continúa...)
1. Si estudian “Las pedagogías del conocimiento” de Louis Not, verán cómo diseñé el neologismo ‘internomía’: él sostiene que no hay auto-estructuración ni hetero-estructuración, sino inter-estructuración.
Eliminar2. No podemos comparar la Cátedra de valores humanos con lo afirmado en el curso sobre ese tema, pues pertenecen a dos campos distintos. Es como comparar la idea que hay de ‘hombre’ en la obra de Darwin y en la Biblia. La Cátedra de valores humanos es un asunto político (que tiene su legitimidad y su alcance); mientras que la reflexión hecha sobre los valores pretende ser un asunto de conocimiento (que gana su legitimidad de otra manera y produce otros efectos). Pero la primera no se puede hacer pasar por la segunda.
3. Igual para ideas como: “centrarse en los intereses de los estudiantes”, “el estudiante tiene saberes”, “el rol del maestro es de facilitador”. Son afirmaciones propias del campo de la didáctica o de la pedagogía, que tiene urgencias y tiempos distintos al campo del conocimiento. Fíjense que no se trata simplemente de decir que tales afirmaciones son falsas (los niños tienen saberes, claro, pero entendiendo por ‘saber’ ¿qué?), sino de decir que no son explicaciones cognitivas, sino consignas de un campo distinto. Ahora bien, tal como yo entiendo la maestría, pertenece más al campo del conocimiento que al campo de promover políticas educativas (vengan de donde vengan) o fórmulas didácticas.
4. Entre la idea de “predisposición innata al saber” y la de una especificidad humana pensada con ayuda de la idea de la singularidad de los sujetos hablantes (“régimen de satisfacción”) está justamente la diferencia entre campos distintos, no entre opiniones distintas.
5. Por supuesto que un campo que toma decisiones antepone el propósito (“misión”, “visión”, “objetivos”); no otra cosa podrían hacer secretarías de educación, empresas, instituciones educativas…). Pero un campo que piensa en “efectos” es aquel preocupado por las condiciones de posibilidad. No me monto en un avión conducido por alguien que tenga buenos propósitos; prefiero montarme en uno conducido por alguien que sepa manejar aviones. Ahora bien, si sabe y, además, la empresa habla de buenos propósitos, pues eso no nos debe confundir en el sentido de que son éstos los que manejan el avión. Ya decía Sergio de Zubiría: la mala pedagogía está llena de buenas intenciones.
No está de más que le echen una repasada (o una leída, en caso de que no lo conozcan) al texto “La ‘objetividad’ del conocimiento en la ciencia social y en la política social”, de Max Weber.
Corto circuito y diálogo.
ResponderEliminarParece paradójico que estemos hablando de corto circuito de la comunicación a partir de un dialogo. Que sea un dialogo entre dos personajes el que nos haya llevado, de a poco a ver o entender que la formación se produce gracias al lenguaje, más como autoformación que a una acción de un sujeto sobre otro.
Más paradójico que el Dialogo empleado como pretexto sea estructurado a partir del saber, sea acaso un “Dialogo de saberes”: (Sabes Socrátes… No sé y pienso que nadie sabe, pero tú Menón dime lo que sabes…) Todo esto en un entramado marco de suposiciones, abismos entre lo que se dice y lo que se entiende. Dialogo de saberes, crítica profunda a lo que el otro supone saber, desde la suposición propia de saber de quien critica. Dialogo con doble libreto, dialogo entre dos sujetos distanciados de la realidad, de una realidad; dialogo que forma a cada uno de ellos, en tanto que supone desafíos a sus respectivos regímenes de satisfacción.
Dialogo de sujetos que se buscan por considerarse el uno al otro como portadores de algo que el otro quiere, por considerar que el otro tiene lo que uno desea, por considerar que lo puedo conseguir de él; que me lo puede transferir (otro engaño, otra suposición). Dialogo como medio de apropiación del otro como objeto de deseo. Dialogo como manera de “aprender a gozar con lo que el otro goza” al ver la forma en que lo hace. Dialogo en el que lo que se instaura es un permanente desafío mutuo.
Satisfacción humana inextricablemente unida al dolor (masoquismo?) o mejor al aplazamiento de la satisfacción misma. Esperar un poquito hace más placentero lo placentero y menos doloroso lo doloroso al orientarlo al incremento de la satisfacción misma.
De todo esto, entiendo que la educación más que un asunto de formación es una cuestión de incitación (no de seducción), incitación a satisfacerse de otras maneras, acaso más refinadas, acaso menos sensibles y más inteligibles.
Pero esto nos pondría en el lugar de propósitos y no de efectos como lo resalta la formación entendida como producto del lenguaje? ¿El incitar al otro a transformar su régimen de satisfacción de uno sensible a otro inteligible, no se constituiría como un propósito educativo?
Surgen muchas preguntas alrededor de la afirmación: Quien realmente nos forma es el lenguaje. Es el lenguaje quien produce como un elemento de su realidad, nos construye haciéndonos creer que estamos fuera de su jurisdicción y con la ilusión de contar con una realidad ajena a su producción. Cuál es el sentido de todo esto? Para qué nos hace el lenguaje así? ¿Somos simplemente efecto de la formación que el lenguaje hace de o con nosotros? ¿Somos entes posibles por fuera del lenguaje?, qué clase de entes seríamos? Existe una realidad exterior a la construida por el lenguaje y de la cual tenemos una distancia estructural. Cuál es esa realidad? ¿Es el lenguaje quien nos hace “seres hablantes” quien nos “forma como seres hablantes? ¿Cómo logra todo esto el lenguaje?
¿Alguien me puede ayudar o dar pistas para encontrar las transformaciones en el régimen de satisfacción de Sócrates en el dialogo?
Fernando me hace pensar en que no veo en el texto de Platón un “diálogo de saberes”. Veo la interacción desigual de una serie de suposiciones, entre las cuales hay unas suposiciones de saber.
EliminarSi entre nosotros vamos llegando a algún acuerdo (pero las intervenciones testimonian de lo difícil que es), queda claro que no podemos salir a hablar con cualquiera en esos mismos términos. Entenderse es una línea asintótica que, al tiempo, que se acerca, va reduciendo el número de interlocutores. El consenso es la falta de discusión.
Me gusta la idea de la educación como incitación… que no tiene por qué ser consciente, pero que no se emprende sin propósitos (y hay unos que tienen más claridades que otros al trazarse esos propósitos).
La pregunta “para qué nos hace el lenguaje así” no cuadra, porque sería concomitante de “somos producto de un propósito” y no de “somos efecto del lenguaje” (producto vs. efecto).
¿Qué clase de entes seríamos por fuera del lenguaje? La respuesta está en “Victor de l’Aveyron”, de Jean Itard.
Quisiera plantear que la comunicación no es un corto- circuito, sino un multi-circuito, es decir, es un circuito que tienen respaldos diferentes y que conforman una red. En este multi-circuito un mensaje es comunicado de formas diferentes, con el fin de evitar que ello se pierda. Particularmente cuando se le pregunta a otro sujeto ¿estudias o trabajas? (“habla con doble libreto” (Bustamante)) Es por efecto de la frase tan trillada que el sujeto que lo emite, pero sobre todo, el que lo recibe sabe que existe otro libreto que subyace al expresado por vía oral, es decir los dos entiende qué está pasando allí. Pero sumado a esto está la expresión corporal, los gestos, los ojos dilatados, que también emiten un mensaje en correspondencia a lo expresado verbalmente, lo más probable es que el receptor no sea consciente de tales detalles, ello es reconstituido por el subconsciente, y expresado también de forma automática en aceptación al coqueteo o en rechazo, es decir inconscientemente también expresa sonrojo o aversión.
ResponderEliminarEl ser humano ha perfeccionado el proceso de comunicarse, siendo el último el escrito, ello indica que existen muchos canales de los cuales no somos conscientes. Ello ha generado “respaldos” en la comunicación.
En este sentido, ¿el saber cuenta con todos estos respaldos? Claro, por ejemplo, la idea de que el maestro debe sentir pasión por lo que hace, de esta manera hace uso de todos los canales de comunicación garantizando que el mensaje llegue. Por ello se habla de meta-comunicación (“se produce a largo plazo como efecto del decir, pero no está en el decir” (Bustamante)).
Existe también otros canales de comunicación que no están en el sujeto, sino están en el ambiente, en la puesta en escena, es expresión del sujeto que transmite, pero no está en él, sino los instrumentos que usa para facilitar la conexión (otro respaldo), me refiero a el desafío. Claro puede haber un duelo de palabras, pero existen otros medios complementarios, libros, imágenes, actividades estructuradas para tal fin, entre otras. Por ello hablo de multi-circuito, un circuito refuerza y/o respalda, por si algún otro falla.
Si aceptáramos también que la socialización es un efecto residual de la comunicación, podríamos afirmar que si mejoramos la comunicación, mejoramos las relaciones sociales y así a su vez mejoraríamos el comportamiento ético. Lo anterior es una cadena lógica de razonamientos, los cuales son el resultado de navegar por los hilos de una red de nociones conectadas por los saberes previos de cada sujeto, buscando una ruta valida o validada por un referente teórico, metodológico o empírico. Algo similar sucede con el diálogo, en especial el que nos atañe en este seminario, tanto Menón como Sócrates, navegan entre los hilos de su propia red de nociones o conceptos que han adquirido previamente, y de alguna manera el interlocutor sirve de agente validador de lo expresado.
¿Por qué es necesario un multi-circuito? porque en el proceso de transmisión se pierde información, o porque existen fallas o algún tipo de incapacidad en el emisor o en el receptor, porque existen motivaciones diferentes entre los participantes, o porque tienen puntos de vista diferentes (o alguno carece de ello) sobre un mismo asunto que les impide un entendimiento directo a corto plazo (no somos vasos vacíos), por la necesidad de mantener canales abiertos a pesar de que no halla entendimiento. Si no existiera un multi-circuito la comunicación sería muy espartana y quebradiza.
EliminarFelices pascuas compañeros.
Luis Fernando echa por tierra todo lo dicho sobre la comunicación:
Eliminar1. La siguientes ideas: “con el fin de evitar que ello se pierda”, “respaldos de la comunicación”, “el maestro con pasión hace uso de todos los canales de comunicación garantizando que el mensaje llegue”, “instrumentos que usa para facilitar la conexión”, “un circuito refuerza y/o respalda, por si algún otro falla”, “si mejoramos la comunicación, mejoramos las relaciones sociales y así a su vez mejoraríamos el comportamiento ético”… vuelven y nos dejan en los propósitos comunicativos, cuando lo que hemos visto es que uno no sabe bien lo que dice, que está en formación, que no sabe bien lo que oye, que el otro también está en formación, lo cual hace del lazo social algo en construcción, etc.
2. Con “¿estudias o trabajas?” no es posible saber qué quiere el otro, aunque se tenga la certeza de que hay doble libreto… ¡aun en el caso de querer supuestamente eso que dice!, o si no, véase el siguiente chiste tradicional judío, que ha servido justamente para pensar el tema del enunciado y la enunciación:
Dos judíos se encuentran en un vagón de un ferrocarril de Galitzia.
—¿A dónde vas?” —pregunta uno de ellos.
—A Cracovia —responde el otro.
—¿Ves lo mentiroso que eres? —salta indignado el primero—. Si dices que vas a Cracovia, es para hacerme creer que vas a Lemberg. Pero ahora sé que de verdad vas a Cracovia. Entonces, ¿para qué mientes?
De acuerdo con Luis Fernando, la comunicación es algo que supera al corto circuito y se convierte en algo más complejo sobre todo cuando hablamos de educación, es decir que cuando en las aulas de clases el docente pretende comunicar una situación o simplemente transmitir conocimiento se encuentra con grandes dificultades debido a que esto inicialmente debe ser lo más claro posible, pero también tener el mejor canal de comunicación, traspalando esto a la dinámica de construir conocimiento podríamos compararlo con un cortocircuito potencializado ya que en este punto donde se produce el corto circuito seria donde se hace o se construye el conocimiento ya que allí se puede cambiar modificar interpretar y reconfigurar la información; no obstante en estos días de cambios académicos, de cambios en la forma de construir conocimiento las dinámicas avanzan según sean la necesidades de tal manera que la educación hoy pretende comunicar mensos conceptos ya que estos se encuentran en todas las enciclopedias o simplemente en la red, la educación la comunicación entre el maestro y estudiante comienza haciendo el corto conector cuando el docente profundiza en el desarrollo de trabajos prácticos en ambientes colaborativos que permitan dinámicas que desarrollen habilidades proyectando seres competentes para la vida, es allí en estos procesos donde encontramos el corto circuito que posibilita en gran medida la comunicación y la construcción de conocimiento en el aula.
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