martes, 27 de mayo de 2014

13. El juego de las especificidades


Sócrates pone en boca de “alguno de los de aquí” —en Atenas— la frase, dirigida supuestamente a Menón: «Forastero, por lo visto me consideras un ser dichoso, que conoce, en efecto, que la virtud es enseñable o que se da de alguna otra manera […]». Ahora bien, ¿por qué ese ateniense anónimo sería dichoso de conocer ese asunto tan específico, justamente el tópico preguntado por Menón? Podríamos decir la simpleza de que el saber nos hace dichosos… Pero, entonces, la respuesta al forastero habría sido distinta, como, por ejemplo, si lo considera un ser dichoso de saber algo. Si hacemos caso a esa pequeña dramatización dentro del diálogo, todos los atenienses comparten con Sócrates —son sus palabras— una “sequedad”, una “pobreza” con respecto al saber. Así, ante nada de saber, conocer la génesis de la virtud es algo infinitesimal como para que gane nombre propio. Es como si, en las cuentas públicas de una multinacional, apareciera la factura de lo que se gastó en el pasaje de bus de un mensajero que fue a comprar un lápiz. Por supuesto que los gastos de transporte y de insumos aparecerán, pero subsumidos en grandes rubros.

Así las cosas, hipotéticamente podemos decir que esa manera de tratar el asunto no tiene otro sentido que el de rasgo identificatorio, como hemos venimos considerando. El ateniense aquel sería dichoso si tuviera el rasgo identificatorio. Entonces, no sería algo en relación con el saber, sino con la demanda, que ahora se dirige al asunto del saber pero que —en atención a la obsolescencia del objeto de la demanda— más tarde se puede dirigir hacia cualquier otro. Si así fuera, esa palabra (“dichoso”) sería clave para ratificar lo que hasta ahora hemos afirmado sobre esa primera fase del diálogo.

Luego, hemos dicho que, sin pausa, Sócrates procede a establecer otra cosa. El personaje ateniense del diálogo-en-el-diálogo no es “dichoso”, pues no está completo. Ese ateniense no es Sócrates, pero con ese procedimiento, Sócrates pone frente a Menón un semejante que estaría en el mismo plano de su demanda. Sócrates está en otro plano: allí donde se reprocha no saber algo sobre la virtud, pero —sobre todo— tampoco a propósito de alguna otra cosa; es una falta total y constitutiva —en ese momento virtual del diálogo-en-el-dialogo— de los atenienses y él es uno de ellos. Por eso, no pone el asunto de la virtud como el objeto que hace o no dichoso a alguien. Esto lo señalará cuando pase el saber a algo de orden general: «Y de lo que ignoro qué es, ¿de qué manera podría conocer precisamente cómo es?». Con ello, queda establecido que, a escala de la demanda, tenemos un tipo de falta específico; y que, a escala de este nuevo plano que intenta establecer Sócrates con su enunciación, tenemos otro tipo de falta, una relativa no ya a la imagen que busca completarse, sino relativa a algo más general (de ahí que se involucre como uno más de los atenienses), a algo de su posición frente al objeto que se quiere conocer; es allí donde la afirmación que acabamos de citar cobra toda su fuerza. Ya no es el asunto de la virtud, sino el asunto de cualquier cosa que queramos conocer. ¡La posición para conocer es una, más allá del objeto específico! Si queremos conocer, pero no para completar la imagen, nos toca reconocer una falta mayor, una falta que no se obtura tan fácilmente como la otra (más allá de que los objetos puestos para obturar sean bastante falibles, dada su función).

Sólo entonces, cobra sentido el hecho de poner a Menón como ejemplo. Parecería ser incluso menos digno de cargar con el saber. Pero el asunto es así: 1.- la virtud, como objeto, entró a escala de la demanda, de la imagen y del afán de completud concomitante; 2.- Sócrates cambia brevemente el registro hacia el asunto general del conocimiento sobre cualquier cosa («Y de lo que ignoro qué es, ¿de qué manera podría conocer precisamente cómo es?»); y, 4.- ahora podemos volver sobre la virtud, porque ya está ubicada en otro campo.

O sea, ¡el objeto no determina el campo, sino la postura de los sujetos frente a él! La virtud es el objeto en el tiempo 1 y en el tiempo 4, pero a cuenta de asuntos muy distintos. Podrán verificar que me salté el breve tiempo 3: es aquel en el cual, del objeto abstracto del conocimiento, se extrae uno para ejemplificar; podría haber sido la virtud, que es el asunto mismo del diálogo (en cuyo caso no habríamos hecho el salto de 2 a 4), pero Sócrates escoge otro: Menón mismo. Parece curioso, incluso necio, pero creo que tiene toda su razón de ser.

Si hemos de dar fe a la cadena de razonamientos que nos ha llevado hasta aquí, Menón se presenta a escala imaginaria, y por eso hace una demanda. Sócrates trata de crear un campo distinto, entre otras, independizando el objeto de la imagen del sujeto. Ahora bien toma a Menón como ejemplo de objeto a conocer desde otra lógica, pero, ¿habría podido tomar otro? Claro que sí, pero al tomar éste, debe transformar la especificidad en que ha sido presentado, y que sería la base de su participación. Menón se presenta como semejante que requiere ser completado; Sócrates, en cambio, al cambiar las condiciones, toma brevemente a Menón como objeto de conocimiento para sacarlo del campo que ha querido establecer. Todavía no se ocupa de la virtud de una nueva forma, aunque ya la puede extraer del campo del saber (será el tiempo 4). Entonces, toma a Menón como ejemplo de un objeto posible de saber con el fin de, al mismo tiempo, desconstruirlo como imagen. Veámoslo: «¿O te parece que pueda haber alguien que no conozca por completo quién es Menón y sea capaz de conocer si es bello, rico y también noble, o lo contrario de estas cosas?».

¿Han pensado a quién se refiere Sócrates en la pregunta con ese “alguien” que no conoce a Menón? ¡Pues a Menón mismo! Si nos tenemos que posicionar como ignorantes para poder conocer, ¿cómo podríamos, entonces, saber de antemano quiénes somos nosotros mismos? ¿Acaso tenemos algún privilegio cognitivo cuando el objeto a conocer somos nosotros mismos? ¡No! Sería una contradicción. Si aceptamos la condición de no-saber propia del conocer, tenemos que empezar por reconocerla a propósito de nosotros mismos. De ahí que tuviera algún sentido el aforismo griego conócete a ti mismo, que declara de entrada que no nos conocemos a nosotros mismos. En otras palabras, Sócrates le está diciendo a Menón, no sólo que en relación con cualquier objeto es cierto que hay que saber qué es para pasar a establecer cómo es (la especificidad, antes que la génesis, habíamos dicho), sino que él no se conoce a sí mismo, que componer la propia imagen con un rasgo de saber no es conocer realmente algo.

Esta secuencia se cierra con una pugna. Hasta este punto, Sócrates ha desplegado su arsenal. Pero Menón no cede fácilmente: «A mí no, por cierto […]», responde lacónicamente, y suelta la adversativa: «[…] Pero tú, Sócrates, ¿no conoces en verdad qué es la virtud? […]». O sea, no puede ser que tú, cuya imagen considero completa gracias al rasgo del saber, no me puedas completar con ese fragmento que te pido. No puede ser verdad, debes estar bromeando. Y, entonces, lo interpela todavía desde su campo, pues Sócrates aún no ha podido sacarlo de ahí: «[…] ¿Es esto lo que tendremos que referir de ti también en mi patria?». Atención: referir de ti. ¿Por qué tendría que ir a decir a su patria cosas sobre Sócrates? Esto parece confirmar algo que habíamos supuesto desde el principio: que Sócrates porta para Menón un rasgo que le ha sido “referido” por otros. Es por referencias que Menón le atribuye un saber a Sócrates, no porque él lo pueda establecer como un par. Y son entonces “referencias” las que él, a su vez, dará ahora sobre Sócrates. Obsérvese que habría podido pensar que va a hablar de Sócrates en el sentido de que es alguien que establece unas condiciones muy interesantes para hablar sobre algo… pero no: Menón no se ha movido de su lugar. Sócrates tendrá que seguir con su labor.

10 comentarios:

  1. Entiendo que esta entrega hace énfasis en los sujetos, quienes intervienen en este diálogo y que a lo largo del seminario hemos observado a través de sus enunciados y enunciaciones, sus motivaciones, relaciones y lugares desde los cuales establecen y parten para intervenir. Estos sujetos como imagen son intervenidos, en coherencia de lo anterior, por ejemplo Sócrates desde la perspectiva de Menón, ostenta por referencia de otros ciertas cualidades, que le colocan en la posición de poseedor del saber, en tanto, Sócrates, por otro lado, ve en Menón un ejemplo de objeto del conocimiento, igual que cualquier otro, igual que la virtud, de esta manera, indica el proceso por el cual conociéndose a sí mismo pueda a la larga conocer cualquier otro objeto, incluso la virtud, es otra forma de crear una condición para que Menón cambie su posición e ingrese en su régimen de satisfacción lo inteligible, es decir el proceso de llegar a cierta respuesta, y no la respuesta misma.
    Parece claro que la intensión de Sócrates es crear un nuevo campo desde donde observar, analizar, en este caso, la virtud, pero que permitiría por extensión conocer cualquier otro. En nuestras aulas ¿Cómo construiríamos esos nuevos campos, esas nuevas condiciones? ¿Cuáles serán esos referentes por los cuales los estudiantes crean esa imagen de maestro? Pues ello definiría que esperan ellos del docente (demanda), y por otro lado indicaría lo cómo debemos actuar para crear nuevos escenarios, nuevas condiciones. También implicaría devolver atenciones cuestionándolos sobre lo que se supone es un estudiante; en otras palabras “tomar el campo” a través de tácticas y estrategias que obliguen al interlocutor hacer movimientos.

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    1. Saludo, Luis Fernando
      El asunto es que la posición del sujeto es la que lo lleva a intentar construir la relación de cierta manera. El otro, a su vez, tiene otra posición y forcejea con el primero. Así, “poseedor del saber” quiere decir muchas cosas, de acuerdo con la posición. Por ejemplo, para Menón, Gorgias es un “poseedor del saber” en un buen sentido; para Sócrates, en cambio, Gorgias es un “poseedor del saber” en un mal sentido.
      No me parece que Sócrates vea en Menón un objeto de conocimiento. Más bien, me parece que ve un sujeto con el cual hacer la apuesta de la formación. Cuando lo pone como ejemplo de algo que puede ser conocido (efectivamente, como objeto de conocimiento), ese episodio del diálogo apunta a la postura que, como sujeto, se tiene para conocer. ¡No es que si se conoce a sí mismo, pueda entonces conocer cualquier otra cosa! ¡Al contrario!: que si reconoce la opacidad hacia las cosas, lógicamente tendría que reconocer una opacidad hacia sí mismo (y viceversa).
      El “nuevo campo” no es para ver mejor, sino para ver distinto.
      Buena tu pregunta de cómo construir esos nuevos campos, esas nuevas condiciones en la escuela. Pero no me parece que averiguar los referentes por los cuales los estudiantes crean una imagen de maestro, nos indique a los maestros “cómo debemos actuar”. Primero, porque no actuamos conforme a un “deber”, sino conforme a lo que somos. ¡No podemos improvisar lo que no somos! Segundo, porque desde la posición del formador se toma la contingencia de lo que hay (incluso si no hay demanda) para construir unas condiciones de posibilidad para el saber.

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    2. Sócrates ve a Menon como algo importante para el objetivo de encontrar conocimiento o quizás construir conocimiento basado en lo que Menon puede aportar, puesto que lo considera un ser con mucho saber, sin embargo transportando al aula de clase ese es el ejemplo que deberían tener nuestros estudiantes mientras están en procesos paralelos educativos, no obstante la dinámica actual en algunos casos hacen ver al educador como un ser sin brillo, quizás porque el educando no encuentra la luz intelectual en el o quizás porque está muy ciego y no quiere comprender lo real, en muchos casos el educando no quiere aprender, no quiere llegar al conocimiento esto lo lleva a perder el rumbo y el foco, pero ¿qué tiene de fascinante Menon que logra hacer que Sócrates lo vea como ejemplo y que lo considere importante? Quizás esta al resolver esta pregunta podamos despejar dudas en nuestra misión.

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  2. Es posible suponer que Menón ante Sócrates presenta una realidad creada, la cual ha sido dada por otros. Estas realidades creadas lo han hecho posicionarse de creer saber algo, lo cual lo sesga y lo limita ante la búsqueda y construcción de su propia verdad o satisfacción de conocimiento.
    Por otro lado, Sócrates al percibir, la posición que ha tomado Menón ante él (poseedor de gran conocimiento, hecho que ha sido creado por otros), aprovecha la oportunidad de tomar a Menón como objeto de conocimiento, para sacarlo del campo que ha querido establecer (de esas realidades construidas o prejuicios), acogiendo ese espíritu curioso y necio que tiene Menón, por tanto, busca la forma a través de sus enunciados y enunciaciones que sea el mismo Menón el que responda sus preguntas y cuestionamientos ,pues no hay mejor camino que uno mismo llegar a conocer y construir ¡la razón de ser de las cosas! Y de esta manera poder llegar a crearse una imagen del conocimiento, sin la necesidad que sea alguien el que le construya esa realidad.

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    1. Hola, Katalina
      Menón presenta una realidad creada, dada por otros, sí… ¡Como todos! ¿Quién tiene el privilegio de hacer la diferencia entre lo creado y lo no creado?, ¿quién no está sesgado y limitado en la búsqueda? La diferencia no es entre lo dado por los otros y lo de uno mismo, pues lo más personal se ha producido en el contexto de los otros, en interacción con otros (¡no hay verdades propias!); tampoco la diferencia es entre creado y real, pues a partir de sumirnos en el lenguaje, ya todo es creado; tampoco la diferencia es entre los que van por los catetos y los que van por las hipotenusas (con sesgo), porque el buen camino no existe (si existiera, ¿por qué nos desviaríamos? Caperucita sabe cuál es el camino recto, pero es que por el otro camino también se juega el deseo).
      Las posturas no limitan, sino que abren un cierto panorama de posibilidades.
      Lo que llamamos “curiosidad”, como si fuera algo positivo, no es más que la búsqueda o la expectativa desde cierta postura. Curiosidad tiene el verdugo de ver cómo cae la cabeza del condenado. Curiosidad tiene el masoquista. Lo importante, entonces, no es la curiosidad (eso ya quedó repartido), sino la postura desde la cual se ejerce.
      No creo que Sócrates busque, al final, que Menón responda sus propias preguntas. Por eso dices: “no hay mejor camino que uno mismo llegar a conocer y construir la razón de ser de las cosas”. Me parece que el diálogo dice otra cosa. ¿Cuáles preguntas serían “propias”? Toda pregunta está constituida en el seno de la relación con los otros. Más que llevar al otro a que responda sus propias preguntas, la acción de Sócrates tiene que ver con la manera de construir preguntas según la postura y, en consecuencia, según cierta relación con los otros.

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  3. El juego de las especificidades me hace pensar en ese juego de roles, aquel que a diario se vive en la escuela: profesor, estudiante,( padres de familia, administrativos, personas de apoyo, comunidad como esos otros que inciden en vinculo del saber). Más aun todo el dialogo de Sócrates y Menón implica un juego de roles, quizás ese rasgo identificatorio que redefine la demanda y el saber mismo.
    Ese juego de especificidades implica un proceso de identidad, conócete a ti mismo, considerar que la identidad esta íntimamente relacionada con el ser, conlleva a esa relación misma del saber, ya que el ser implica toda una cosmovisión personal, un cosmogonía y un reconocimiento del yo en presencia del otro, siendo entonces aquel que se reconoce capaz de dar a conocer lo que es y así mismo los conocimientos propios dándoles postura aceptando su existencia. “Menón no se ha movido de su lugar. Sócrates tendrá que seguir con su labor” es ahí don de inicia ese otro campo del saber ese nuevo camino por recorrer, ese devenir de la escuela donde la educación misma debe considerar al estudiante como sujeto no como objeto.

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    1. Hola, Ludy
      De acuerdo con que todos los roles que convergen en la escuela inciden de alguna manera en el asunto de vincular a alguien con el saber. De lo que podemos deducir que, por convencionales que sean esos roles, no quiere decir que no sean necesarios (otra cosa es cómo lo ejerce la persona X en el contexto Y). También de acuerdo en que el diálogo es un juego de roles, tanto como la formación (o: porque es la formación lo que está en juego).
      “Conócete a ti mismo” no tiene que ver con identidad, sino con su falta. Si tuviéramos identidad, ¿para qué decir “conócete a ti mismo”? En esa vuelta sobre sí, se descubre una opacidad, una falta de identidad. La trajimos a cuento porque la posición de conocimiento frente al mundo no le da identidad al objeto de conocimiento, sino opacidad, falta de certeza, falta de identidad.
      Si tuviéramos una verdadera “cosmovisión personal”, seríamos más odiosos de lo que somos sin ella. Tenemos un desconocimiento radical de lo que somos. Y, por idénticas razones, tenemos un desconocimiento radical del mundo. Es posible conocer desde el reconocimiento de la falta y de la incognoscibilidad del mundo, no desde el pedestal de una “cosmovisión” (sea personal o sobre el mundo). Ahora bien, es con una “cosmovisión personal” que uno se cree especial o común, bonito o feo, simpático u odioso... y con eso va uno por el mundo. Igualmente, es con una “cosmovisión” sobre el mundo (esto es una redundancia, pero quiero mantener los términos) que trabajamos y nos divertimos (o nos casamos). Pero el asunto de conocer es una acción específica, que se diferencia justo porque allí no funciona la identidad ni la cosmovisión. No es algo “mejor” o “superior”, sino que es distinto. Damas y parqués son distintos, no hay manera de decir que uno es mejor que otro, pero tampoco se puede jugar el uno con las reglas del otro.

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  4. Aquí me atrevo a decir que precisamente lo que quiere Menón, tras formular su demanda y negarse a seguir el camino de Sócrates, es negarse a ser alimentado (claro si es posible utilizar este expresión) con la manera o una manera de conocer. Uno supone que al negarse a seguir este camino también está cuidando su deseo de saber, ya que con toda seguridad su deseo desaparecerá una vez satisfecha la demanda. Creo que Menón intenta siempre poner en vilo la consecución de este deseo precisamente para mantener y alargar una relación con su maestro que de otra manera seria efímera. Y Sócrates tal vez lee y acepta este recurso permitiendo en el transitar hacia el conocimiento una suerte de goce o de permanente deleite de su interlocutor. Así tal vez la contrademanda de Sócrates sea “déjate guiar hacia la posibilidad de una verdad: aceptemos que somos ignorantes y que no tenemos seguridad sobre lo que decimos o pensamos que conocemos”
    Enfrentarse a un aspecto real, a reconocer que estamos de pie sobre un piso inestable, lejos de una seguridad tal, es la labor de este maestro. Y Supongo que con respecto a esto, y pasando de una vez a mi segundo punto, es lo que podría ser la labor docente, ¡comprender que no hay un desplazamiento cómodo hacia un supuesto saber, que la imagen de ese otro que parece investido con un saber, el cual nos seduce, no goza de certeza total. Sin embargo nuestra forma de educar y ser educados no pone en duda esta cuestión. Me pregunto entonces si no será posible educar utilizando estas orientaciones socráticas, trasladarlas a la escuela, es decir sacar a nuestros estudiantes del acostumbrado lugar que ocupan hoy como alcancías de saber en el que los maestros depositarían un cierto saber y después solicitarían entregarlo o retornarlo según se necesite o la circunstancia lo exija.

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    1. Hola, Luis
      Siguiendo la figura —y trayendo al mismo Platón—, uno no quiere ser alimentado ¡porque ya está lleno! Menón no se niega por terco, sino porque comer más sería indigestarse. Entonces, lo que está cuidando es su manera de alimentarse (por eso demanda) NO su deseo, que es el reconocimiento de una falta. Menón no desea saber. Por su parte, Sócrates quiere que Menón desee saber.
      La demanda no desaparece luego de ser satisfecha. Es el caso del niño (para seguir con la figura) que se queja de que a su hermanita le dan siempre más y mejor comida. El padre se lo lleva a un restaurante y le da todo lo que quiera. Al final le pregunta: “¿qué tienes para decir?”. Y el niño contesta: “que si esto me dieron a mí, ¡qué no le habrán dado a mi hermanita!”. Esa es la lógica de la demanda.
      El deseo, en cambio, no desaparece después de satisfecha alguna cosa… Sigue empujando. ¿Por qué?
      No veo que sea Menón quien mantiene y alarga la relación con Sócrates. Al contrario: su pregunta podría haber sido respondida en una frase breve. Es Sócrates, más bien, quien alarga la cosa. Síntoma de que la demanda siempre es “¡ya!” (¿recuerdan la propaganda de Leonel Álvarez con su hijo?: “Listo, papito, si es ya es ya”. Leonel Álvarez es lo contrario de Sócrates). En cambio, el deseo implica un trabajo, en cuyo la consecución del asunto no es ya, es despuesito.
      Con todo, en Sócrates no todo es “piso inestable”. Hemos hablado de eso como condición de posibilidad, no como gramática del saber. ¿Acaso cuando habla del triángulo y de las áreas habla desde la incertidumbre? No. Yo diría que sabe geometría (por lo tanto, no podemos criticar al “depositario de saber”, si es que sabe algo). La labor del maestro no es una. Con este ejemplo, ya llevamos dos.
      Te preguntas si es posible educar utilizando estas orientaciones socráticas. ¿Qué diría Sócrates de tu pregunta?

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    2. Buenos días Maestro y Compañeros:
      Retomando el esquema del profesor Bustamante en la sesión presencial, me ha quedado una duda, en el esquema se puede observar una dinámica entre sujeto 1, el que dice que quiere saber, entre el sujeto 2, que es el formador y quien está en constante relación con el campo del saber. En esta dinámica se habla de demanda, investigación, deseo, etc. Pero no se habla de necesidad.
      Es claro que la condición para llegar al saber no está dada, es decir, nadie quiere saber en un inicio, la condición para llegar al saber hay que crearla, pero cuando el saber logra tocar nuestro régimen de satisfacción sea cual sea la condición, ¿el saber no se convierte en una necesidad? En la necesidad de llenar ese régimen de satisfacción?

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