Espacio virtual de apoyo para cursos sobre la filosofía y la educación en la Maestría de Educación de la Universidad Pedagógica Nacional
viernes, 6 de junio de 2014
14. El traslado del saber
Así continúa la labor de Sócrates: «Y no sólo eso, amigo, sino que aún no creo haber encontrado tampoco alguien que la conozca». En otras palabras: no sé qué es la virtud y creo no haber encontrado alguien que lo sepa. A lo que Menón responde: «¿Cómo? ¿No encontraste a Gorgias cuando estuvo él aquí?» (que es como preguntar: “¿Cómo? ¿No escuchaste a Lady Gaga cuando estuvo en Bogotá?”). Obsérvese que, para Menón, el saber está adherido a alguien. Si no está en Sócrates, al menos tiene que estar en Gorgias. Si éste habló en Atenas y Sócrates no sabe sobre la virtud, entonces seguramente Sócrates no lo oyó. Si lo hubiera oído, lo sabría. (¿No es ese el fundamento de cosas que decimos muchas veces los maestros?: “¡Pero si ya se los había dicho!”; o: “¿Cuántas veces quieren que se los repita?”).
Esto tiene su paralelo —irónico— en los desplazamientos que se presentan en el texto: Gorgias estuvo en Larisa, Menón está de paso en Atenas, Gorgias anduvo por Atenas… Igualmente, el saber ha migrado: de Atenas hacia la Tesalia. Creo que es una ironía pues, en boca de Menón, parece que el saber “pasa” de esa manera: si oíste a Gorgias, tienes que saber qué es la virtud. De tal forma, los tesalios, que antes eran famosos por su destreza en la equitación como por su riqueza, ahora también lo son por el saber, ya que Gorgias pasó por allí y habló. Casi que sería un asunto de ósmosis. Otra idea de ese “pasar” va a expresar Sócrates.
Su respuesta a la sorpresa (expresada en forma de pregunta) de Menón es sencillamente «Sí»; o sea, sí escuchó a Gorgias. Entonces, arremete Menón: «¿Y te parecía entonces que no lo conocía [lo que es la virtud]?». La respuesta de Sócrates materializa una impugnación a la idea de que el conocimiento pasa de una persona a otra, de un lugar a otro: «No me acuerdo bien, Menón, y no te puedo decir en este momento qué me parecía entonces […]». Es decir: no hubo ósmosis, no hubo “paso” en el caso de Sócrates, no es cierto que con sólo escuchar se aprenda. Algo faltó en ese decir para que algo hubiera pasado de Gorgias a Sócrates. Lo hemos planteado antes: el quid del asunto no está solamente en lo dicho (enunciado), sino también en el decir (enunciación). Y la repuesta de Sócrates plantea claramente los dos niveles: no se acuerda de lo que dijo Gorgias (de sus enunciados) y —además— no puede decir qué le pareció en ese momento (su enunciación). ¡Y no es que no se acuerde! (sabemos que tiene buena memoria: ¿por qué sí se acuerda, más adelante, de lo que sostiene Empédocles o de lo que plantean los pitagóricos, por ejemplo?)... más bien insinúa que el saber no "pasa" así y que falta la enunciación.
Para Menón, la enunciación no parece ser crucial. El hecho de hablar, aparentemente válido para todo contexto, neutral... es para él la condición del aprender. En cambio, para Sócrates, quedar tocado por el discurso requiere —además— otra cosa. No se necesita saber mucho para decir que se escuchó a Gorgias cuando pasó por Atenas (es algo relativo a la información). En cambio, para decir qué es la virtud, sí hay que saber algo, no basta con haber escuchado a alguien. Si los discursos de Gorgias sobre la virtud hubieran sido importantes para Sócrates, tendría que recordar, no sólo lo dicho, sino también lo que entonces le parecía.
Así continúa la respuesta de Sócrates: «[…] Es posible que él lo conociera, y que tú sepas lo que decía. En ese caso, hazme recordar qué es lo que decía. Y, si prefieres, habla por ti mismo. Seguramente eres de igual parecer que él». Dice que no se acuerda, que aquello no “pasó”. Menón tendrá que preguntarse por qué unos discursos, que tiene en tan buen concepto, no hicieron mella en un hombre que él considera sabio (en la medida en que lo ha oído de otros… ya lo sabemos). Con todo, Sócrates le da un margen: es posible que Gorgias lo conociera. Acaso porque eso no es tan importante (que Gorgias lo sepa, no implica que Menón, que lo oyó, también lo sepa). Pero ya sembró la duda y ya interrogó sobre el “paso” del saber.
El asunto es que si Menón, a su vez, lo escuchó, entonces veamos qué fue lo que “pasó” del uno al otro: “hazme recordar lo que él decía”. Y, si algo “pasó”, pues Menón puede decirlo como si fuera suyo: “habla por ti mismo”. Atención, no se trata de esa simpleza de que uno debe decirlo "con sus propias palabras". Se trata, más bien, de estar a la altura de los enunciados, de asumir la enunciación correspondiente. ¡Se puede hablar por sí mismo y, para eso, citar a otro! Por eso, a lo de “habla por ti mismo”, Sócrates añade: “Seguramente eres de igual parecer que él”. De igual parecer (enunciación), no necesariamente de iguales discursos (enunciado). Veremos que, aunque Menón puede reproducir los enunciados, su “parecer”, su enunciación, no está muy clara; el lugar desde el que habla es muy débil.
Y, por supuesto, Menón contesta que sí es de igual parecer que Gorgias. A lo que comenta Sócrates: «Dejémoslo, pues, a él, ya que, además, está ausente. Y tú mismo, Menón, ¡por los dioses!, ¿qué afirmas que es la virtud? Dilo y no te rehúses […]». Si el asunto fuera “hablar con palabras propias”, pues este pedido se volvería contra Sócrates, que por ejemplo, va a argumentar más adelante [76a] «como se hace en los problemas geométricos». Pues bien, esa manera de proceder no es propia, ¡es de la geometría!... sí, pero Sócrates puede dar cuenta de ella.
Así continúa el comentario de Sócrates que cortamos hace un momento: «[…] para que resulte mi error el más feliz de los errores, si se muestra que tú y Gorgias conocéis el tema, habiendo yo sostenido que no he encontrado a nadie que lo conozca». En todo el texto hay un sistema de oposiciones. Acá se presenta una: desde la perspectiva de la demanda, el error se lamenta; desde la perspectiva que Sócrates está introduciendo, el error se celebra. Desde la primera, el ateniense anónimo sería dichoso por saber sobre la virtud; desde la segunda, Sócrates declara no saber, como condición de posibilidad; y mientras Menón se encuentra satisfecho de creer que sabe, Sócrates sería feliz si se equivocara al sostener que no ha encontrado a alguien que conozca lo que es la virtud. Se va esclareciendo para qué es el saber, según el caso:
En el primero, sirve para lustrar una imagen; en consecuencia, la satisfacción correspondiente es la de sentirse completo. Si, desde esta perspectiva, uno es objetado, queda resquebrajada su imagen y, entonces, se molesta.
En el segundo caso, el saber no sirve para lustrar la imagen… todavía no es muy claro para qué sirve, pero podemos decir que sirve para continuar buscándolo; la satisfacción correspondiente es la de hacer algo con la incompletud, tratar de estar a la altura de eso que sería constitutivo. Y si, desde esta perspectiva, uno es objetado, pues se trata de una suerte, pues descompletar algo que se sabía permite continuar en la búsqueda, que es lo que quiere quien está en esa posición.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No arredra, aunque sí sorprende. Se nos ha propuesto un recorrido minucioso, detallado, largo para poder estar alerta y detectar algunos efectos del diálogo (frente al saber, frente a la formación, frente a los sujetos que intervienen en ambas relaciones). Rudo esfuerzo el de anhelar un vínculo con el saber, relación impregnada de duda y en la que el formador dialoga no para igualar sino para posibilitar, pero también para desaparecer. Creo entender, por fin, aquello de que cuando disuadimos a los estudiantes de que algo sabemos ya no es posible intervenir en su formación.
ResponderEliminarAhora bien, no creo que la relación con el saber pase por el traslado, si fuera traslado bastaría con la enseñanza. Sócrates insiste en una relación mucho más gris, incierta, profundamente dificultosa con el saber, incluso lo que reitera es su cara negativa: “no sé qué es, no me acuerdo, no he encontrado a nadie que lo sepa”. Aspiramos con el saber a algo cuya especificidad es algo menos que imposible. El saber no puede completar, no puede completarnos, no suele dejarnos satisfechos.
Las condiciones que se requieren para conocer, y que si entendí bien en el último encuentro presencial aluden a estar en falta, tanto del mundo (objetos) como de sí mismo (sujeto); delatan una posición entre Menón y Sócrates bastante “antagónica” –aunque formativa–, que se podría describir así: Menón busca una respuesta rápida porque en el fondo piensa que el saber se puede trasladar, lo ubica primero en Gorgias, luego lo demanda a Sócrates, e incluso se va a dar el lujo de colocarlo en sí mismo, como ha escuchado a Gorgias puede aceptar la invitación –trampa– que le hace Sócrates de definir la virtud desde sus propias palabras. El saber no se traslada en el orden sensible, su esfuerzo se juega en otra parte.
Jhon, cordial saludo
EliminarCompletamente de acuerdo con tus palabras.
Sólo quisiera ubicar algo suplementario (no complementario): Freud, en “El malestar en la cultura”, dice que la felicidad no existe, pero que es indigno renunciar a buscarla.
Ahora le corresponde el turno al saber. Después de haber hablado de la comunicación y sus condiciones en términos de corto circuito, de la relación "inconsciente" entre el maestro y el discípulo, en términos de demandas, deseos, identificación y demás; toma lugar central el asunto del saber. Releer el dialogo a partir de lo expuesto por el profesor Guillermo, permite entre otras cosas, repensar lo que se considera conocimiento, criticar su reducción a la condición de producto, de resultado; "empaquetado" en diferentes moldes; hoy a manera de mercancía.
ResponderEliminarCobra vigencia aquí la idea expuesta en entregas anteriores del "no avanzamos, nos movemos" o de la insistencia en los "efectos", más que en los "propósitos", puesto que es la incertidumbre lo que caracteriza la relación con el saber, la que mantendría el "goce" que se obtiene en dicha relación; la certeza aquí representa el fin de la historia, el final de la relación, al considerar que ya "todo fue consumado", desaparece el misterio.
Gracias, Fernando
EliminarParece que nos estuviéramos despidiendo. No de otra manera se explica que deba decir aquí lo mismo que dije en el comentario anterior a Jhon: estoy de acuerdo con tus palabras.
Me gusta que hayamos empleado bien nuestro tiempo.
Definitivamente la idea del corto circuito es cada vez más constatable; para nada el comentario anterior refiere una despedida. ¡Por mí, que sigamos!. Hace muchos años estuve enamorado del psicoanálisis y con este seminario parece corroborarse que donde hubo fuego cenizas quedan... Gracias por revivir ese fuego e invitarnos a lo esencial: la relación pedagógica entre los seres humanos.
EliminarEn espera de una próxima entrega.
Es evidente que las discusiones llevadas en el seminario en torno al saber y a la formación, no dejan certezas, sino que por el contrario, abren la frontera a la incertidumbre y al “caos”, en tanto que “chocan” con gran parte del sistema de creencias que se mantienen al respecto, no solo desde el ámbito de la escuela sino también en el aspecto personal.
ResponderEliminarMe siguen resonando algunas expresiones de la última entrega: “El saber no sirve para ilustrar la imagen… todavía no es muy claro para qué sirve, pero podemos decir que sirve para continuar buscándolo….”
En ese sentido, el saber es utopía, jamás se podrá llegar a éste, pero aun así sirve para caminar hacia un ideal que no existe o por lo menos no tiene límites. Si se llega a una frontera con el saber, este se aleja todavía más, la cercanía es en apariencia la ilusión de saber y la lejanía la sensación de no saber-el “estoy incompleto”. Ello me recuerda un mito de la obtención del fuego por los hombres, en la que los indios tenían la ilusión de robar un rayo de luz al Sol, pero se dieron cuenta que cuanto más caminaban, el Sol se ponía en otro horizonte, cansados de tan infructuosa tarea, decidieron abandonar su propósito, y a cambio buscarse un tlacuache que pudiese aliviar la tarea robando el fuego a un único hombre que lo poseía en la Tierrra. Algo muy similar sucede en nosotros con el saber, pues somos conscientes que su búsqueda no es solo de “querer saber”, sino de tener “voluntad de saber”, esto es un trabajo con rigor y pasión respecto al objeto que se desea, pues de lo contrario, al igual que en el mito y en la relación que quiere entablar Menón con Sócrates, es una cuestión sencilla de la “demanda”, la idea de querer vivir en la certeza, en la somera respuesta.
Ahora bien, el saber además de ser utopía y presentarse como un “horizonte,” mantiene opaca la “verdad”, es entonces un velo que se hace más fino y delicado cuando más se opta por “saber”. El saber entonces, jamás puede saciar nuestro deseo de ver las cosas con la transparencia que quisiéramos, el saber ha de ser oscuro, pero luminoso en ciertos puntos, es un efecto de las sombras que se relaciona directamente con el “ser pensante”. En tanto que “pensamos con las palabras” y sabemos a través de la palabra, ya es garantía que el saber es sombrío, la palabra es sencillamente otro velo. La palabra no es lenguaje universal, es simplemente un fragmento reducido a la escala humana.
Pareciera que todo es ilusión: el saber, la felicidad, la libertad, la pureza, la virtud, …….y el humano corre detrás de esos espejismos según sea su deseo, aun cuando sabe que allá no llegará; es paradójico que gastemos energía en lo que es inalcanzable, en lo que ni siquiera existe, y que finalmente sean esos deseos y utopías lo que mueve toda la humanidad. “parecemos locos pisoteando nuestras propias sombras y buscando un objeto que supuestamente perdimos, pero que ilusoriamente jamás hemos poseído”. Queremos quitar el velo, pero lo que hacemos es aumentar su espesor. Aun así vale la pena continuar, ser reflejo de esas utopías.
Hola, Marisol
EliminarDe acuerdo contigo. Y, a propósito de una palabra que traes a cuento (utopía), quisiera enfatizar en una distinción. “Utopía” es un no (u-) lugar (topos). Un lugar imposible. Mientras que el deseo hace algo posible, permite trabajar sin el peso de los ideales. Que la frontera se aleje cada vez es propio del hecho de que, en el corazón, el objeto del deseo es nuestra falta. El deseo es un intento de estar a la altura de esa falta.
En el mito que nos cuentas, un único hombre poseía el fuego. Podríamos preguntarnos cómo lo obtuvo, pero sería necio, pues se trata de un mito; el caso es que en esa cultura se concibe, como condición de partida, que alguien puede estar a la altura de lo humano (el fuego). De ahí en más viene, no “compartir”, sino robar.
En tanto “la palabra es sencillamente otro velo”, como dice Marisol, hay algo de ilusorio en el saber, la felicidad, la libertad, la virtud... sí, pero es que todas estas cosas terminan en decisiones del sujeto según su “régimen de satisfacción”, que ya no es velo, sino cuerpo.
El asunto de la formación es cómo vincular esos asuntos del velo (unos que a la sociedad escoge), con los asuntos del cuerpo (uno que el sujeto tiene).
Cordial saludo compañeros y profesor, en lo personal no me atemoriza llegar al final del semestre, al contrario, me siento más comprometido y motivado en la manera como hemos venido avanzando en la construcción de nuestras propias ideas frente al diálogo de Platón.
ResponderEliminarA partir de esta entrega, hay que reconocer una vez más que esta lectura de Platón es un pretexto muy interesante para indagar nuestra práctica pedagógica como maestros, y considerar la importancia de la dialéctica en la construcción y en el acercamiento del conocimiento. Por otro lado, si bien es cierto, el ser humano está determinado por las seguridades o inseguridades de su conocimiento que lo llevan a explorar si lo que piensa es cierto o no lo es. Esté asunto humano del conocimiento requiere de relaciones de oposición entre el objeto y el sujeto, puesto que no se puede estar seguro de lo que se sabe. Con respecto a lo anterior y desde mi parecer, creo Menón se encuentra en una encrucijada con esa pregunta que le formula Sócrates, ya que al decir sus argumentos, su enunciación, no son muy confiables ni creíbles; se podría decir que Menón no asume con responsabilidad la enunciación ya que en él hay dudas con respecto a lo que escucho de que es la virtud. De acuerdo a esto, me surge la siguiente pregunta: ¿Será que si se genero un vínculo de saber entre Menón y Gorgias?
En este punto, se puede pensar que la duda y aprender a ser preguntas es el inicio del verdadero conocimiento que plantea el proceso pedagógico socrático. De acuerdo a este principio, Sócrates invita nuevamente a su amigo Menón a preguntarse sobre la esencia de la virtud, dejando a un lado lo enunciado por Gorgias, para que él mismo dé a luz a sus propias ideas.
Édgar, cordial saludo
EliminarPor supuesto que hemos reflexionado sobre lo que llamas “acercamiento del conocimiento”. Sin embargo, me parece que también hemos visto que la formación (la que hace Sócrates, la que punto por punto comparamos con la que hacemos los profesores) va un poco más allá del conocimiento. Digamos que realiza su acción a propósito del conocimiento. O, si quieres, que utiliza el conocimiento para realizar su propósito.
Menón no tiene argumentos (sería el nivel del enunciado) y su postura frente al saber es muy incierta (sería el nivel de la enunciación). Si uno se fía “de lo que escuchó”, quiere decir que no tiene postura. Lo enunciado puede no explicitar todo lo que es necesario para entender un hilo argumentativo; por eso, si el otro está en pos de las mismas reglas del juego que el primero, completa lo dicho. En la conversación cotidiana verificamos todo el tiempo que el asunto no se juega únicamente en lo dicho. Una cosa es el vínculo “de oídas” (muy solidario con la demanda) y otra el vínculo a partir de ese tercer asunto que es, por ejemplo, una manera lógica de argumentar (hasta donde podemos, hasta donde creemos que eso llega).
Estimados compañeros y profesor, buenas noches:
ResponderEliminarEl conocimiento no es algo que se pasa de un lado a otro, de un cerebro a otro. Así que el saber no es repetir, no es traspasar, en tanto son sujetos los que intervienen, no existe el medio tal, como una USB traslade o comparta la información entre sujetos.
Así, el aprender-- enseñar como camino al saber, no es simplemente el resultado de emitir, o enunciar del maestro ante un auditorio, se acompaña de una posición, de un lugar del maestro y del estudiante. Ello hace relevante, que aprender o enseñar hace referencia necesariamente a sujetos, y que ello implica diferencias frente a lo que se espera del diálogo maestro y estudiante, dado que cada uno trae consigo su pasado, sus experiencias, ya eso se observa cuando Menón hace referencia de Gorgias. Precisamente Menón ha escuchado a Gorgias y cree saber algo sobre la virtud, es decir trae a colación los enunciados, la forma pero no el relleno. Así mismo tiene la necesidad de preguntarle Menón a Sócrates sobre ello, ¿qué ha conllevado a volver sobre el tema ya visto con Gorgias?, pues no es otra cosa, que la opacidad que todavía habita en él.
Para Menón esa opacidad es algo lamentable, en tanto para Sócrates es una oportunidad, algo para celebrar, ello, esta disposición no es más, que parte de la enunciación que han mantenido constantemente en el diálogo Menón y Sócrates.
Así la opacidad, la incompletud, es el inicio para crear las condiciones de formación y de enseñanza aprendizaje. Sin ello, no podríamos colocar el saber en el régimen de satisfacción del estudiante, aún más, el maestro, en este caso Sócrates, previamente no hubiera buscado en el saber satisfacción, placer. En otras palabras y recogiendo las dichas por el compañero Jhon, “anhelar un vínculo con el saber”.
Hola, Luis Fernando
EliminarEfectivamente, saber es distinto a información. Lo que no entiendo es tu alusión al cerebro. Saber e información están en el lenguaje. Ahora bien, éste no funciona si no hay cerebro, claro, pero el cerebro no causa los asuntos del lenguaje; en cambio, los asuntos del lenguaje, causan funcionamiento del sistema nervioso central. La neurolingüística explica las condiciones de posibilidad del lenguaje, pero no el lenguaje; así mismo, puede explicar las condiciones de posibilidad del saber, pero no el saber. Es importante saber en qué dirección ponemos la flecha de la determinación.
De acuerdo también en que aprender y enseñar no se agota en la emisión o la recepción de mensajes. Es eso y mucho más. Y ese plus es explicable cuando introducimos sujetos en transformación.
¿Estás de acuerdo, Luis Fernando, en que el diálogo es una crítica a Gorgias, usando a Menón como pretexto y, al mismo tiempo, tomándolo como sujeto a formar?
Saludos compañeros y profesor:
EliminarConsidero que no solo critica a Gorgias, sino a un estilo, podría decir, epistemológico en decadencia, donde el saber ya no trae sorpresas, ni nuevos cuestionamientos.
Por otro lado, Sócrates evidentemente comparte con Menón su relación, su vínculo con el saber, pero con la expectativa de desaparecer, de no pescar para él, sino enseñarle a pescar. Compartir un vínculo, creo, es mucho más que un ejercicio de explicar, ya que allí en el vínculo, se ubica el régimen de satisfacción del cual goza Sócrates.
Buenas noches compañeros y profesor
ResponderEliminarEn cuestiones del saber y la formación me surgen las siguientes ideas, que más que la definición, es más enriquecedor establecer relaciones entre las dos.
Para la formación es necesario una postura “critica”, no todo lo que brilla es “oro”; puede resplandecer una nueva idea…un parecer sobre algo… a lo que es necesario sospechar y hacer sospechar. Desconfiar de lo que dicen unos y otros nos hace escudriñar sobre el origen de eso que brilla y allí frente a las situaciones en cuestión se fortalece nuestra postura crítica frente a la formación.
Lo que creemos “saber” debe ser claro y visible y más nuestro discurso al exponerlo a otros en formación. Por ello la enunciación argumentada parece dar más claridad a los procesos de formación que lo enunciado; hablar con otro sobre algo que “queremos saber” no es suficiente ya que la enunciación es jerárquica, se debe asumir desde una postura crítica…. Esta le dará la jerarquía.
Uno de los interrogantes que se establecen en la discusión es el ¿Para qué del saber?. Esta pregunta nos llevaría a pensar que se puede responder desde dos posturas: la primera que prima la demanda creyendo saber sobre un saber, sintiéndose satisfechos con su saber y sin darle importancia a la equivocación como condición de posibilidad para la formación. Otros cuestionarían la importancia del error, convirtiéndolo en una condición de posibilidad de entrada en el proceso de formación ; sospechando siempre sobre ese saber.
En oposición estará la demanda y el deseo por investigar.
Buenos dias profesor Guillermo ,compañeros
EliminarEn medio de los paralelos y las ironías no arredra sino que posibilita.Me queda muy claro que el saber no se aprende por ósmosis ,tampoco esta adherido necesariamente a alguien ,me cuestiona sobre nuestra profesión ,cuantos colegas se desgastan hablando a sus estudiantes a veces alardeando de su saber,pero este saber no toca a sus estudiantes ,me cuestiono a mi misma cuál es el quid del asunto, que claro no esta solamente en el enunciado, cuantos maestros e instituciones se preocupan por cumplir un programa, muchísimo contenido a veces desbordante pero que termina siendo solo información ,información votada en un cesto .
Me encanta la postura de Sócrates asumir el no saber como condición de posibilidades, continuar buscando y me encanta que pese a mi inicial encrucijada sobre los diálogos de Platon sea en este seminario donde estén saliendo los interrogantes de fondo sobre la educación en nuestro contexto y el tipo de satisfacción que quiero alcanzar yo y la que puedo posibilitar a los estudiantes
Seomara, cordial saludo
EliminarPara este asunto de la postura “critica”, sugiero leer (en el blog que hacemos sobre investigación en educación) las siguientes dos entradas:
http://investigareneducacion.blogspot.com/search/label/03.%20%C2%BFPosici%C3%B3n%20cr%C3%ADtica%3F
http://investigareneducacion.blogspot.com/search/label/04.%20Cr%C3%ADtica%20de%20la%20cr%C3%ADtica
Antes de poder “desconfiar” (como dices), ¡hay que confiar! Si aprender es una desobediencia rigurosa, no nos quedemos sólo con la desobediencia.
Te preguntas para qué el saber. Y, en efecto, la respuesta no puede ser una, tiene que consultar la postura. Si estamos en la demanda, el saber es para lucir la imagen. Si estamos en el deseo, es para hacer algo con la falta. Si estamos en la “necesidad”, el saber es para “aplicar”.
Hola, Mariela
EliminarHay muchas razones para que un “saber” (habría que averiguar si efectivamente lo es) no toque a los estudiantes. Pero en la manera como lo dices hay una clave: “alardeando de su saber”. ¡Se trata de la enunciación! Es eso lo que hace Gorgias: ¿no alardea, pues, de responder a cualquier pregunta que se le haga? Sabemos cuál enunciación produce, como dices, mucha información botada (no ‘votada’) al cesto. Pero, ¿cuál enunciación (no la que debería-ser, sino la que es) produce como efecto que el otro reciba la posta del saber y siga —tropezando— con ella?
Buenas noches profesor Guillermo
EliminarAgradezco la oportunidad de leer sobre este tema, que a la luz de lo encontrado en el blog me hace pensar sobre la postura crítica de los maestros en formación la cual se va "construyendo", no para enseñar como la pueden adquirir los estudiantes, sino para ponerla en práctica frente a las cuestiones que en "formación" se vienen adaptando del mercado global a la educación. Por otro lado me atrevo a preguntar ¿Desde el deseo el saber actúa en el campo del aprendizaje y desde la necesidad el saber se enfoque para la enseñanza?
Seomara, cordial saludo
EliminarRespecto a tu pregunta y sólo si hay formación: del lado del aprendizaje vimos que, inicialmente, se presenta la demanda de saber. Luego, se puede establecer un anhelo de saber (que va más allá del otro como imagen, pero que, como todo amor, va paralelo con el odio). Y, finalmente, es posible que se produzca el deseo de saber.
Del lado de la enseñanza, estaría el deseo instalado, tanto del lado del saber, como del lado del "hacerse cargo del otro".
En ningún caso hay "necesidad".
Me parece que esta propuesta de lectura del texto de Platón nos lleva necesariamente a considerar como profesores un principio de acción que sería "el cultivo de la actitud vigilante" (y esto implica "autovigilante") respecto al saber y, especialmente, respecto a los discursos que en cualquier momento nos autoproclaman o autoproclaman a otros como conocedores de algo... de cualquier cosa.
ResponderEliminarTambién vemos que la formación es un proyecto de vida del educador; proyecto concomitante a su actividad investigativa, que ha de ser permanente pues solo la consciencia sobre la incompletitud respecto al conocimiento es acicate no sólo para continuar en la búsqueda de la verdad por sí mismo, sino para estimular a otros, vía el ejemplo, a considerar su propia incompletitud. El trabajo formativo en el aula de ese modo está, no sólo en hacer evidente la propia falta en medio de lo que se conoce, sino en llevar al otro a descubrir la falta en sí mismo. En otras palabras, el valor de un profesor y de su actividad está en que es capaz de nutrir al otro, no con su saber, sino con su ejemplo.
Alberto, cordial saludo
EliminarNo he pretendido establecer principios de acción. Los profesores tenemos principios de acción, pues la enseñanza es una labor que implica una decisión. Pero lo que ocurre, ¡no obedece a tales principios! En cambio, acá hemos intentado describir lo que ocurre entre sujeto formador y sujeto en formación (a propósito de Sócrates/Menón).
Hemos visto que si en el formador hay deseo de saber (no amor al saber, ni anhelo de saber), eso implica para el otro una posibilidad —apenas una posibilidad— para que consienta en hacer pasar su satisfacción por el saber. De tal manera, un principio de acción, como dices, sería: “desea el saber”. ¡Pero no tiene sentido recomendarle eso a nadie! (sería como ordenarle a otro crecer). Recuerda: nadie puede improvisar lo que no es. Quien puede estar vigilante (y autovigilante) no es porque se lo digan, porque se lo recomienden, sino porque esa actitud resulta siendo constitutiva de su hacer (sin esa actitud no podría trabajar por lo que quiere).
En ese sentido, la formación puede ser un “proyecto de vida” del educador… pero, ¿estaría la educación como está si así fuera en la gran mayoría de los casos? El proyecto de vida —como dices— del educador pueden ser muchas otras cosas.
Traes a cuento un antiguo tema educativo: enseñar con el ejemplo. Es lo más parecido al campo de la demanda que hemos descrito en la posición de Menón…
Buenas Tardes Profesor Bustamante y compañeros:
ResponderEliminarEl traslado del saber permite reflexionar cómo a través del diálogo entre Sócrates y Menón surgen constructos acerca de la formación para saber vivir en la vida, la transferencia de saberes, la importancia de la palabra, y la búsqueda constante del saber como objeto de la enseñanza.
Hola, María Bernarda
EliminarNo hay "traslado del saber". Escribí así en atención a esos movimientos que se describen en el diálogo, pero que son una ironía de Sócrates. "Saber vivir" es algo tan difuso que no acabo de entenderlo. Quien cree que sabe vivir y, en consecuencia, intenta enseñarle a otro a vivir, incurre en cosas terribles (es lo que hoy presenciamos en la escuela y por eso se nos deshace en las manos). En todo caso, si la formación tiene que ver con eso de "enseñar a vivir" es a la altura de los EFECTOS, no de los propósitos.
Buenas noches profesor y compañeros
ResponderEliminarQuisiera iniciar mi intervención con la relación traslado del saber y el enunciado de Sócrates “habla por ti mismo”. Y es en este momento donde el vínculo del saber trasciende; Más que un transmitir, una enseñanza, una respuesta, el misterio inicia. Hacer algo con la opacidad, la cual se oscurecerá más, mas es necesario incitar el deseo, como lo decía el profesor en la sesión presencial “conocer es ejercer algo de si”.
Entiendo entonces que, ese traslado se da en el momento en que el otro reconoce su postura en el saber, el vínculo con el deseo, logrando dar el paso de un campo al otro y redescubriendo la opacidad del conocimiento cada vez.
¿Pero son las pruebas de competencias, en el sistema educativo un traslado del saber? O sesgan el mismo?
Alguna vez en mi adolescencia, leí una frase, que no solo redescubrí sino que también entendí, con este dialogo de platón y las entregas del profesor. “Aquel que ve la luz, jamás vuelve a dormir tranquilo” la cual ceo pertinente en este momento del seminario.
Hola, Ludy
EliminarNo hay traslado del saber. Si queremos conservar la palabra "traslado", podríamos decir que hay traslado del trabajo.
En cuanto a las pruebas "de competencias", ¿no contaminaríamos nuestra reflexión sobre la formación y la condición humana refiriéndonos a tan poca cosa? Bueno, contaminémosla un poco: las pruebas tratan de tapar --por la peor vía: la psicometría, la cuantofrenia de la época-- el hueco dejado por nuestra dejación del saber.
Buenas Tardes Compañeros y Maestro.
ResponderEliminarEl posible vínculo que se establezca con el saber, no se debe basar en una simple suposición ó del saber que se sabe algo ó del saber que alguien debe saber algo ó del saber que se puede llegar a saber algo, escuchando a alguien que cree saber algo.
De esta manera, el vínculo que se establezca con el saber, se debe considerar como algo complejo, que solo se puede llegar a él si tiene el deseo y la pasión de conocerlo en todas sus dimensiones, este conocerlo no se debe ver de una forma simple (transmisión), sino más bien de una forma que amerita un esfuerzo para poder entender y comprender las complejas interrelaciones que se presenta en el camino hacia el saber.
Desde este punto se puede decir, que para generar un vínculo con el saber y lograr una satisfacción hacia el saber en un individuo, se debe tener coherencia entre lo enunciado y las enunciaciones que se realicen. Ya que a partir de estas el individuo puede interiorizar, aprender e interpretar un saber, lo que posibilita una búsqueda constante del querer saber, ya que cabe la posibilidad de que se generen ciertas incoherencias entre lo enunciado y las enunciaciones lo que genere una insatisfacción en el individuo y lo conduzca a la búsqueda del saber.
De esta forma no se presenta un saber único y certero sino un saber que puede estar en constante cambio que abre la posibilidad de seguir en la búsqueda del saber.
Katalina, cordial saludo
EliminarAcuérdate: si investigamos la educación, tenemos prohibida la expresión "debe" (¡está cinco veces... en un texto de 16 líneas!). A los investigadores no nos queda sino el "es así, desde esta perspectiva".
De otro lado, la suposición de saber no es todo, pero no podemos prescindir de ella. La formación sería ir más allá de la suposición --claro está--, pero a condición de servirse de ella.
Por último, no es posible una "coherencia" entre enunciado y enunciación. Eso sólo lo logran los PBX. Empezando porque mientras el enunciado es, por ejemplo, "Y la virtud, con respecto al ser virtud, ¿diferirá en algo por encontrarse en un niño, en un anciano, en una mujer o en un hombre?", la enunciación sería "Diferencia entre el ser y la cualidad".