«Lo que habré de decir aquí no es difícil ni polémico; el único mérito que quisiera reivindicar para mi exposición es que es verdadera, por lo menos en parte» [§1].Uno puede entender allí el clásico chiste de la falsa modestia (“el único mérito...”), y entonces uno espera un poco de algo, el pequeño mérito, pero dice: “... es que es verdadera”, ¡que no es poca cosa! ¡Atreverse a afirmar que dice la verdad! Como un Papa. Pero Austin tiene sus razones. O sea que Austin comienza con una ironía, salvo que esa ironía es comprensible si se conoce todo el texto. ¿A qué se refiere?
Y luego agrega que su exposición es verdadera “por lo menos en parte” (1). ¿Por qué dice esto? Una opción —la más obvia— es que dude de la veracidad de una parte del texto. Pero si sus conferencias tienen por tema, ente otras cosas, los juicios de ±verdad en relación con las frases, puede que ese comienzo de Austin encuentre una explicación más compleja. Podemos decir que si la primera conferencia objeta que el juicio ±verdad sea el único juicio posible sobre las expresiones verbales, entonces es posible que Austin esté afirmando que es verdadera la parte de su exposición a la que aplica la opción de ±verdad, pero que no es verdadera la parte de su exposición donde esa opción no aplica, justamente porque aplican otros juicios (dicho de otra manera: que de esa parte no es pertinente preguntarse si es ±verdad).
Luego dice:
«El fenómeno que examinaré es muy difundido y muy obvio, y sería imposible que otros no lo hubieran advertido, al menos ocasionalmente. Sin embargo, no he visto que se le preste atención de manera específica» [§1].
Pero, ¿no suena eso contradictorio?: si es obvio ¿por qué no se le ha prestado atención? (también puede ser que no sea interesante). Austin dice: “de manera específica”. ¿No será justamente la manera la que convierte lo obvio —a cualquier mirada— en algo específico —a la mirada de Austin—? Si nos devolvemos con esta idea, tendríamos que decir que no tenemos delante cosas (entonces, tuvo que anteceder la otra manera), sino maneras de ver las cosas. Y, entonces, hay unas maneras de ver que convierten las cosas en obvias; y hay otras maneras de ver que le quitan obviedad a las cosas, con lo cual las convierten en objeto de “atención específica” (entonces, la atención ha sido “inespecífica”), como dice Austin.
Si delante de nosotros estuvieran los actos de habla, si fueran obvios, no habría necesidad de investigarlos. El juego que Austin hace con las palabras, el tono irónico con el que comienza, nos plantea que no basta con la evidencia (¡pero la evidencia es un efecto de sentido!) para que algo se entienda. Incluso al contrario: que la evidencia es un obstáculo para comprender y que sólo emprendemos una investigación cuando lo obvio pierde su evidencia y se encuentran asuntos “subyacentes” que no estaban dados a la contemplación. Lo supuestamente obvio aplica casi que exclusivamente a lo sensible. Mientras que la investigación discurre todo el tiempo en el campo de lo inteligible.
(1) Eso recuerda la intervención de Lacan en la televisión francesa en los años 70: «Yo digo siempre la verdad […]»; Lacan también tiene sus razones: «[…] no toda, porque de decirla toda, no somos capaces».
Efectivamente, Austin comienza en su primer párrafo con una ironía y es presentar como verdadera su exposición por lo menos en parte dice él y no creo que esta frase de Austin sea presuntuosa, simplemente que aún no lo hemos entendido pero creo que en algún momento el lo mostrará; y más adelante, el centra su atención en lo que es “obvio” y a lo que nadie le presta mucha atención, esto no me parece una contradicción como lo manifiesta el profesor, (creo que irónicamente también) es porque precisamente es a lo obvio a lo que dejamos de prestarle atención, basta que echemos un vistazo a nuestra cotidianidad para darnos cuenta de eso, puede porque si sea trivial y se haga de manera mecánica o porque nos preocupan otros asuntos de mayor relevancia.
ResponderEliminarDe todas maneras Austin en su primera conferencia nos aterriza sobre los enunciados que en (matemáticas nos enseñaron son falsos o verdaderos) pero que en la cotidianidad los tomamos como hechos concretos y finalizados, La filosofía y la gramática han puesto su atención en estos enunciados de los cuales algunos son pseudo-enunciados, que pueden ser perfectos a la luz de la gramática pero que son sinsentido, definición según el autor proviene de Kant. Ahora bien, como no todos estos enunciados se presentan como términos para describir, Austin los ha llama do enunciados fácticos descriptivos o constatativos.
Pero existen otros términos que aunque no corresponden a la clasificación de los sinsentido traen sus peligros verbales a juicio de los filósofos, términos como “todos”, “bueno”, “poder” .
y la otra categoría de enunciados que Austin presenta en su libro es la de los términos realizativos los cuales denomina así porque según explica no están informando ni describiendo algo que se va a hacer, sino que se hace y coloca el ejemplo del juramento en la posesión de un cargo, donde realizar es un verbo lo que supone una acción, “juro”
(4) “Siguiendo esta línea se ha mostrado, fragmentariamente hasta ahora, o por lo menos se lo ha presentado como probable, que muchas perplejidades filosóficas tradicionales han surgido merced a un error: el error de tomar como enunciados fácticos lisos y llanos a expresiones que son sinsentidos de maneras interesantes, aunque no desde un punto de vista gramatical, o bien que han sido formuladas con un propósito diferente”.
Esto es lo que Austin ha empezado a dilucidar en las dos primeras conferencias, errores que cometemos al utilizar el lenguaje tanto para explicar como para interpretar asuntos que sin ser hechos los percibimos como tal, cuando pronunciamos algunas palabras a veces carentes de sentido. Sin entrar a ninguna interpretación personal (lo que no ha sido fácil) he querido abreviar para dejar que otros tengan la oportunidad de aportar dejo hasta ahí y por ahora mi comentario.
Martha Raquel, cordial saludo
EliminarEfectivamente, la frase de Austin no es presuntuosa, pero tampoco él se ocupará de ella, pues se trata de una ironía. No tiene gracia echar un chiste y explicarlo. De otro lado, no tratemos con obviedad el asunto de lo “obvio”: no es que se le preste menos atención… al contrario: estamos sumidos en lo obvio; ni que haya otros asuntos de mayor relevancia (¿con qué criterio se determina dicha relevancia?). Así, para la investigación, la pregunta es: ¿cómo se produce lo obvio? O sea: la investigación no desvela lo oculto, sino que busca los mecanismos de “obvietización”, si nos permiten el neologismo; con eso, produce una reflexión que ya no tiene que ver con lo visible, sino con lo inteligible (en ese sentido, decíamos “subyacente” en la entrega, con sus respectivas comillas).
¿Qué quiere decir eso de que los enunciados en matemáticas son falsos o verdaderos PERO que en la cotidianidad los tomamos como hechos concretos y finalizados? ¿Están en el mismo nivel de análisis esos juicios (de un lado V/F, de otro “concreto y finalizado”)? ¿Qué es tomar un enunciado como un hecho concreto? Nos parece que Austin va por otro lado…
Finalmente, ¿para qué publicar como comentario un resumen del texto? No estamos diciendo que no, sino que preguntamos para qué.
No es cierto que Austin hable de “errores que cometemos al utilizar el lenguaje tanto para explicar como para interpretar asuntos que sin ser hechos los percibimos como tal, cuando pronunciamos algunas palabras a veces carentes de sentido”. No vayamos tan rápido…
Austin en esta primera conferencia, manifiesta su interés por mirar que pasa con el lenguaje, principalmente problematizar la idea de su obviedad o neutralidad. Al pensar que cada palabra describe específicamente la "cosa" de la que habla estableciendo que es y que no es, se establecen unos límites para su comprensión. Se coloca al lenguaje como fuente de verdad, cada palabra seria un reflejo natural de como es el mundo y quizás de cómo funciona, entonces ¿para qué cuestionarlo, investigarlo o transformarlo?.
ResponderEliminarLo anterior promueve una idea de que el lenguaje se encuentra alejado de la influencia de los sujetos que lo utilizan, y quizás Austin por ello menciona que a este fenómeno, refiriéndose al trato que se le da al lenguaje se le ha prestado poca atención, en especial desde el campo de la filosofía: "Durante mucho tiempo los filósofos han presupuesto que el papel de un “enunciado” sólo puede ser “describir” algún estado de cosas, o “enunciar algún hecho”, con verdad o falsedad" [§2].
Lo irónico considero que aparece cuando Austin comienza exponiendo como verdad lo que planteará en su conferencia y más adelante mostrándonos que un error filosófico ha sido justamente plantear discusiones partiendo del establecimiento de que algo es falso o verdadero, error que habría cometido la filosofía.
EliminarMaría Fernanda, cordial saludo
EliminarNo entendemos qué tiene que ver el hecho de que la palabra sea o no un reflejo natural del mundo con el cuestionamiento, la investigación y la transformación del mundo. En las cuevas de Altamira los hombres transformaban el mundo sin ocuparse de si la palabra refleja o no la realidad; hoy se hace la gran mayoría de la investigación, sin ocuparse de si la palabra refleja o no la realidad; durante toda la historia se ha cuestionado el mundo, sin ocuparse de si la palabra refleja o no la realidad.
Tampoco entendemos por qué esto “promueve una idea de que el lenguaje se encuentra alejado de la influencia de los sujetos que lo utilizan”. Lo que Austin va a hacer, paradójicamente, es una descripción formal —no “subjetiva”— de efectos que el lenguaje produce.
Luego, usando la opción de respuesta a tu propio comentario, respondes la pregunta que hicimos sobre la ironía. Efectivamente, como dices, Austin critica el juicio de verdad y, sin embargo, afirma que su exposición es verdadera. ¡Pero eso no sería irónico, sino contradictorio! La ironía viene en la aclaración que sigue: “… por lo menos en parte”.
Buenas noches profesores y compañeros:
ResponderEliminarComo se planteó en la primera entrega, la investigación de Austin es genuina y considero que lo es porque se pregunta por aquello que se ha naturalizado, y que por lo tanto, desde la perspectiva de muchos no sería concebido como un objeto de estudio. Y es que la normalización de lo que percibimos (desde lo sensible), también es algo que pasa en la escuela; los maestros nos hemos acostumbrado y adaptado a las reformas y discursos que provienen de otros campos, por eso hoy podemos repetir sin problema el discurso proveniente del Ministerio de Educación (entre otros) sobre la calidad educativa, sobre la necesidad de educar por competencias para asegurar el éxito de los estudiantes en su vida o sobre el papel que ahora tenemos como mediadores o facilitadores del conocimiento y no como formadores, etc. Poco o nada deseamos interrogamos por la manera en qué estos discursos han llegado a ser considerados como verdaderos por el solo acto de ser dichos por quienes diseñan las políticas educativas.
Gisela, cordial saludo
EliminarExactamente: lo naturalizado no se investiga. Se investiga aquello que no se sabe y lo naturalizado, por definición, es así, no hay problema, ya se sabe. Si una investigación vale la pena es porque retira el velo de evidencia de algo. En educación, podríamos decir que una buena investigación explica la manera como algo contingente ha terminado viéndose como necesario. En ese sentido, nosotros mismos somos un obstáculo para la investigación, en la medida en que consideremos ciertos asuntos como evidentes: que los niños deben aprender a leer y a escribir, que es necesario mejorar la calidad de la educación, que la evaluación debe ser por procesos… y ese tipo de enunciados que son moneda corriente en la escuela.
Ahora bien, eso hace que sea irrelevante si el discurso al que nos hemos acostumbrado “proviene de otros campos”, como dices. Lo interesante es entender los mecanismos de ese acostumbramiento.
La introducción a la conferencia de Austin resulta irónica y paradójica. Aquí interesa el aspecto paradójico en relación con lo verdadero; señala que el asunto de la verdad "no es difícil ni polémico"(§1), aseveración que lleva al lector, de entrada, a la dificultad y a la polémica sobre la naturaleza y las condiciones de verdad. Es una paradoja en tanto descoloca de esa percepción, aprendida desde los esfuerzos de diferentes disciplinas, tantas veces fallidos, por establecer qué es la verdad y bajo qué condiciones se tiene la experiencia de este privilegio en tanto móvil que justifica las búsquedas del sujeto del lenguaje. Como paradoja representa una estrategia ambigua en la que puede caer el lector: confiarse en que los actos de habla son algo connatural a los rasgos que nos definen como especie, y asumir que lo que viene tras esa aclaración le va a confirmar en lo que cree que sabe, ya no desde la filosofía, sino desde la gramática. ¿Por qué detenerse en expresiones que son claras, con sentidos reconocidos y que son utilizadas cotidianamente para, de manera efectiva, entendernos? Lo paradójico también está en esa decisión, avalada por Austin, de ocuparse de lo obvio; además, desde la filosofía del lenguaje. Otro asunto tiene que ver con la la clasificación de las miradas, contraste señalado en "Ironía de Austin". Su verdad parcial se refiere, al contrario de lo que allí se sostiene, no a las expresiones que pueden saldarse desde los juicios de verdad, sino, precisamente, a aquellas que no se someten a esa discriminación fundada en los nexos con lo que está más allá de las palabras, con lo extralingüístico, por decirlo de alguna manera, pues esas son las que constituyen su tema de investigación. Aún a despecho de que sobre ellas se puedan, de manera efectiva, escanciar juicios de valor en el sentid de verdad y falsedad. Y hablar de verdad parcial sobre estos tipos de expresiones alude a que no le será posible, quizás llegar a desentrañar lo que de verdad guarda aquello que escapa a las determinaciones de sus lógicas. En cuanto a la clasificación de las miradas, ya aludidas en el texto arriba señalado, hay un contraste notable; mirara desde lo obvio no permite pasar de la superficie de lo mirado, y supone una postura en la que el mundo carece de fisuras, es "como debe ser", y funciona en consecuencia. Su armonía permite expresar lo que se desea, las intencionalidades son transparentes, y hay una lógica en la escucha que se cree entendible desde la gramática y sus elementos clasificatorios.Traducción: Existe la comunicación. La mirada específica exige, entre otras cosas, detenerse, preguntar, ahondar y ampliar en lo que se advierte como natural, como propio del mundo y del sujeto, en este caso, el lenguaje. Estas sutilezas planteadas por Austin, no consideradas porque no son evidentes, y si lo fueran tampoco serían motivo de reflexión en la medida en que son el sustento y la herramienta para "hacer en otras dimensiones", desorientan la investigación, particularmente en la que se adelanta en el campo de lo educativo, aspecto que es el que aquí llama la atención. Surge aquí la pregunta sobre cómo ocuparse de lo específico -que tiene como condición lo inteligible para su develamiento, así sea temporal y parcial- en un espacio en el que todo tiende a lo obvio, a lo naturalizado, a la respuesta inmediata y, quizás, automática, especialmente porque no se ha dimensionado lo que implica preguntar desde la especificidad de lo que se observa. Estas son algunos de los interrogantes que se desprenden de la lectura de esos primeros párrafos.
ResponderEliminarAura Romelia Guzmán Rojas.
Aura, cordial saludo
EliminarAustin no se refiere a “los esfuerzos de diferentes disciplinas por establecer la verdad”. Entre otras, porque las disciplinas establecen su propio régimen de veridicción. Al contrario lo que las disciplinas dicen es que una explicación, desde una gramática explícita, parece ser consistente. Es por eso que dicha gramática puede cambiarse, es por eso que podemos objetar la cadena de razonamientos. Las disciplinas nunca han pretendido la verdad. Otra cosa son las recontextualizaciones (los manuales, por ejemplo) y los recontextualizadores (los profesores, en primer término). Las disciplinas estiman más una buena objeción que mil alabanzas desde fuera de su campo.
No olvides que V es la mitad del asunto (V/F) al que Austin se refiere cuando habla de verdad. Pero, además, ese conjunto, a su vez, no es todo el campo del juicio sobre las frases que proferimos.
Si aceptamos decir que Austin se ocupa de lo obvio, es en la medida en que va a desvelar la obviedad, a sistematizar lo que funciona en la obviedad pero no vemos.
Como dices, su verdad parcial no se refiere a las expresiones juzgables desde el juicio de verdad, sino, a aquellas que requieren otro juicio.
¿Hasta qué punto justifica Austin la idea de “extralingüístico”, cuando justamente salta a la palestra hablando de “cómo hacer cosas CON palabras”?
Una “verdad parcial”, ¿escapa a la determinación lógica o, más bien, sugiere un sistema de más de dos valores (V/F)? Podemos medir la llegada de una carrera de tortugas con un reloj de arena; pero cuando necesitamos establecer la llegada de una carrera de fórmula uno, no decimos que es imposible, sino que nos inventamos un cronómetro que mida milésimas de segundo.
Como dices, “Mirar desde lo obvio no permite pasar de la superficie” y supone “una postura en la que el mundo carece de fisuras, es ‘como debe ser’, y funciona en consecuencia”. Ahora bien, a eso habría que agregarle que ese mundo es compartido y produce satisfacción. De ahí que la investigación no sólo desmonte lo obvio, sino que requiera —y es por esto que es difícil— desmontar el sistema de satisfacciones que lo obvio apuntala.
Interesante tu pregunta final: ¿cómo hacer inteligible la educación, cuando todo allí tiende a lo obvio?
Sí, de acuerdo, fue un traspiés mortal caer en la ingenuidad de relacionar disciplinas con reflexión sobre qué es la verdad. Quizás solamente la filosofía se ocupa de ello, no es una certeza... Por otra parte, los juicios de verdad implican también a los enunciados falsos en el sentido de que es verdad que algo es falso, es decir, es falso. Así que cuando se habla de ellos (los juicios), no se está ignorando las posibilidades que tal expresión implica, por lo menos en lógica matemática, por supuesto en todo lo que implica valorar proposiciones -término que domina tal lógica. Con Austin se entiende que hay expresiones que, aunque acaso permitan otro tipo de intervenciones, se dirimen a través de esos juicios de verdad. En cuanto a lo "extralingüístico", la idea procede de su aseveración según la cual decir es hacer, con un corolario que no puede pasar por desapercibido en el sentido de que decir no basta para completar el acto, aunque enunciar ya es un acto. Eso hace pensar en que, para completar el acto, hay algo de carácter no lingüístico que complementa el acto de proferir enunciados. Los actos se traducen en cosas, pero el mismo acto de enunciar ¿desde ese momento sería una cosa? Además, ¿la verdad parcial es una expresión relacionada con relatividad?
EliminarVale la pena insistir un poco en la investigación desde lo planteado por Austin; se toman en cuenta apartados no considerados en el fragmento al que se refiere "La ironía de Austin". Un primer acercamiento al texto revela una propuesta de investigación. Acerca de lo obvio, establece la diferenciación de miradas, una general, indistinta que sostiene lo que las disciplinas hacen , y otra específica, diferenciadora, mediadas por la idea de lo que es verdadero, así sea de manera parcial. Esto ubica su estudio en un lugar, le confiere rasgos, no se sabe si de cientificidad, pero sí de oposición desde una voluntad de clasificación, sistematización y explicación, como respuesta a las confusiones generadas como resultado de la falta de rigor al considerar que todo es enunciado y que un enunciado responde a las normas que le son propias, sin dejar de lado las perspectivas teóricas y los usos que la gramática y la filosofía , con acepciones diferentes, dan a la idea de "enunciado". Esto justifica el trabajo abordado y demarca una ruta que consiste en desbrozar, desde la especificidad, lo que singulariza y deslinda el territorio de lo aparente común. Se aplica, entonces, a la delimitación de las expresiones lingüísticas que le interesan, los realizativos, y a su caracterización de acuerdo a sus manifestaciones "lícitas", efectivas, o, variante frecuente, a su naturaleza "aparente", mediada por el disfraz. En este sentido, la delimitación es algo que permite la revisión de un fenómeno, de un conjunto de hechos en los que algo ha llamado la atención del investigador. Planteado y delimitado el problema, su estrategia consiste poner en juego, a través de comparaciones, los realizativos aparentes, para luego llevar a la consideración de los que son explícitos, esto es, revisar lo engañoso para contrastarlo con lo que no lo es, con la finalidad de volver sobre lo aparente y revelarlo como tal, lo que implica hallazgos. En la investigación se da prioridad a lo que es excepción, a lo que falla, a lo que anuncia imposibilidad o vacío, rasgos reunidos bajo lo evidente. Austin deja hablar a su objeto de investigación, sin prejuicios o supuestos, aunque no renuncia a las posibilidades que abren las hipótesis. Son dos cosas bien distintas. Así, sostiene lo que que intenta comprobar, desde la primera conferencia, "Expresar palabras (...) es el episodio principal de la realización del acto..."; se permite interponer, así, una hipótesis que, como tal, marca el objetivo de su investigación. En la segunda conferencia explicita que se va a ocupar de los casos en los que decir es hacer. Aquí, actúa de manera contraria a la señalada arriba: propone lo que caracteriza lo afortunado, para luego enfatizar las condiciones del infortunio, de una "Doctrina del infortunio". Esto remite al hecho de que el investigador viene y va, se adelanta, regresa... señala que se puede empezar de nuevo, o avanzar con pasos lógicos, esto es, las condiciones de lo necesario e imprescindible, en franca lid para un eficaz "debilitamiento del prejuicio". No teme utilizar lo que tiene a la mano para hacer legibles sus reflexiones, e insiste en el carácter convencional de los recursos utilizados. Se hace referencia aquí al esquema de los infortunios, y a las palabras que elige para "dar nombre" a lo que quiere señalar como propio de cada situación de fracaso en relación con los actos no cumplidos. Aquí, de nuevo, hay una característica en consonancia con las posibilidades del investigador y del proceso que adelanta. Estos términos son conocidos por el lector y, sin embrago, adquieren otras dimensiones, aunque el filósofo duda y parece poner todo entre comillas al recomendar que se evite la inclusión de significados preconcebidos. No tiene los términos, hace malabares con los que puede adecuar, al menos de manera convencional, y aborda el problema de la terminología y su precisión, de su vigencia, claro, no exclusivamente en el campo de la filosofía.
ResponderEliminarEn verdad considero que Austin si usa la ironía cuando expone que no es "difícil" , palabra bastante compleja, porque lo que no es difícil para él, tal vez si lo sea para el resto que lo lee, y en cuanto a que tampoco es polémico: ¿cómo explicamos entonces que sesenta años después estemos desentrañado el texto de Austin y queriendo entender lo que el dijo, justamente acerca de lo que podemos hacer con las palabras?
ResponderEliminarReferente a la parte b de su exposicion; "es verdadera", podemos decir que la considera verdadera porque la coloco bajo la lupa de la investigación, de la observación, sin embargo aclara "al menos en parte", porque precisamente la critica que él hace a la filosofía es que todo lo trata bajo la dicotomia de lo verdadero/falso, blanco/negro, y que no es tan así, puede haber otros matices, otras posibilidades, otros diálogos, otras investigaciones que pongan en duda, o bajo sospecha lo que se ha dicho como una verdad papal (para usar el ejemplo del profesor).
Cordial saludo, Jacqueline
EliminarCuando Austin dice que su exposición no es difícil, ¿no es una posición frente al saber?: desvelar algo no lo hace difícil (aunque encontrarlo sí haya sido difícil); pasa que cuando aprendes a armar el rompecabezas, de ahora en más se te hace fácil. Cuando leemos algo por segunda vez, puede que ya no sea tan complicado… quizá haya que leer diez veces, pero podemos registrar que quien cambia es uno, no el texto.
Igual para la idea de “polémico”. Si todavía lo leemos sesenta años después, no es principalmente por ser polémico, sino por ser iluminador.
Finalmente, no dice simplemente que su exposición sea verdadera (en cuyo caso, como dices, es por haberla colocado bajo la lupa de la investigación), sino que al menos lo es en parte. Pero no porque V/F sea una dicotomía odiosa (me parece que en educación poner algo en términos dicotómicos es equivocarse, de ahí que agregues: “blanco/negro”), sino porque él va a proponer otra dicotomía.
Introducir “otros matices”, “otras posibilidades”, “otros diálogos”… suena muy democrático, pero nada tiene que ver con el asunto. Si juegas tenis, la pelota pega dentro o fuera del campo, ¡no hay otros matices, otras posibilidades, otros diálogos!… Si hablas en lógica modal, el juicio cae entre cuatro posibilidades (posible, imposible, contingente y necesario), ¡no hay otros matices, otras posibilidades, otros diálogos! Como investigadores, nos toca saber cuántos son los juicios posibles con la gramática de conceptos que estamos usando. Si estamos hablando de gamas de color entre el blanco y el negro, son millones; pero si estamos hablando del dictamen de un juez, más allá de si hay pruebas suficientes o no, más allá de si se prevaricó o no… se trata de culpable o inocente (y eso no impide que se abran los casos de nuevo, bajo nuevas pruebas… pero en el nuevo juicio, el juez, de nuevo, sólo tiene dos opciones).
La ironía en Austin es lo que él llama mérito, que si bien sabemos es una falsa modestia, pero que tanto de modesto tiene infringir al mérito y acompasarlo de una verdad; para que algo sea tan tangible que al ser hablado tendría que conocerse el fenómeno de principio a fin -pero si miramos que lo es obvio, es tan bien relativo - a lo que se sustenta o a lo que hace referencia y que efecto causa el escribirlo. Esto por un lado, porque podría también abordarlo desde lo que él da como verdad y esta no es absoluta por que tendría que pasar por las cosas o hechos que pueden ser verdaderos o falsos en su construcción y lo obvio es relativo a lo que se sustenta o lo que hace referencia y que en efecto busca causar tener sentido para ser verdadero o falso por simplemente ser.
ResponderEliminarEl escribir tiene su esencia para ser y tener sentido, pero Austin lo describe y lo enmarca en el enunciar, con lo que pone en juego las oraciones para formular preguntas, ya que en él debe haber un orden y no solo un modo verbal de tiempo sucinto para que un enunciado tenga validez y pueda verse desde el punto de vista expuesto, es decir, desde el enunciar que sería el descrito de las cosas o hechos que se dan como verdaderos o falsos pero ello tiene como referente el que preguntar-como preguntar y para que preguntar y en qué orden se hace—esto implica una construcción gramatical que lleva un modo verbal que desde el punto de vista puede ser expuesto o no, pese a que hay escritos impecables que suenen naturales. La realidad es absoluta sobre las partes o los hechos que se manifiesten, pero estas como influyen en la construcción gramatical cuando las palabras específicas se quiebran pasando al plano de verdadero o falso y como lo sinsentido cobra valides y la valides se desdibuja, las manifestaciones de emociones se dejan influenciar, el adoctrinamiento cobra forma y sentido y las palabras son el dogma que hace que la realidad sea leída y enunciada como verdad.
Hola, Luis Alberto
EliminarNi se trata de falsa modestia, ni la ironía es mérito. La ironía —que anula la falsa modestia— es decir que el ÚNICO mérito es que la exposición es verdadera.
Las partes que estamos comentando no hablan de lo tangible, ni de la escritura, ni de las cosas, ni de los hechos, ni del ser, ni de la esencia, ni del orden, ni del deber, ni de los modos verbales, ni de la realidad…
¿Podrías ceñirte al texto? Estamos tratando de entender lo que dice Austin, no de imponerle nuestros saberes o nuestras creencias.
Buenas noches, profesores y compañeros:
ResponderEliminarEn los primeros acercamientos al lenguaje del autor y después de releer la conferencia de la “Ironía”. El Autor afirma que gran parte de la conferencia es verdadera, me atrevo a decir que, él lo hace con la intención de confirmar sus propios enunciados, pues estos pueden ser verdaderos o falsos. Los neologismos a los que hace referencia, son palabras que le dan sentido al uso de la expresiones utilizadas en los enunciados y como éstas pueden estar disfrazadas, pasar de verdaderas a falsas de acuerdo a la acción que se realiza ( realizativo), este acto necesita no solo de palabras apropiadas que se expresan sino de circunstancias, donde la expresión puede ser verdadera o falsa o tratarse de un acto interno espiritual, cuando la expresión es falsa no se habla de la expresión sino del acto. Estas ideas que extraigo del texto, me permiten comprender los enunciados del autor e intento acercarme a ellos diciendo, que como estudiante en la investigación puedo llegar a escribir y a pensar en enunciados (sean citados o “propios”) los cuales planteo como verdaderos, pero que las circunstancias o las acciones pueden determinar su veracidad o falsedad y no me detengo a develar el sentido de las expresiones que se utilizan en estos.
Hola, Jenny
EliminarEfectivamente, si Austin dice que lo que plantea es verdadero, pues se trataría del ámbito en el que la oposición Verdadero/Falso opera. Pero resulta que él va a aclarar que no todos los ámbitos de uso del lenguaje se agotan mediante ese juicio. O sea, hay otros ámbitos y, por lo tanto, otros juicios. Así, será verdadera la parte de su exposición que pertenezca al ámbito donde operan los juicios V/F. La otra parte no será verdadera, porque en ese otro ámbito operan otros juicios.
Yo puedo estar en “jaque” cuando juego ajedrez. Pero si paso a jugar damas, el juicio de “jaque” ya no tiene lugar.
Buenas noches
ResponderEliminarCuando el autor afirma que el fenómeno que examinará es muy difundido y muy obvio-enunciado-, y hace referencia a los presupuestos que hacen de este, tanto filósofos como gramáticos, me lleva a pensar como en el acto educativo la palabra y por ende el –enunciado- se han vuelto tan obvios y cotidianos que difícilmente identificamos, analizamos e interpretamos cuáles son sus implicaciones en la gramática que usamos.
Alicia, cordial saludo
EliminarEl asunto de la obviedad está planteado en la entrega: de un lado, se trata de un efecto de sentido; de manera que para los investigadores la pregunta es cómo se produjo el efecto de obviedad. De otro lado, lo obvio es un obstáculo para investigar; el investigador hace su labor contra lo obvio… y no es raro que en él mismo habite la sensación de que algo es obvio. Así las cosas, no vamos a considerar lo obvio para decir que hay que estar atentos y fijarnos en las implicaciones. Eso sería caer en otra obviedad, pues el asunto no estriba en los enunciados, sino en la manera de atribuirles sentido. Y esas maneras no se cambian con llamados de atención o con buenos propósitos.
La manera de leer y entender con obviedad está ofrecida para todos; pero cuestionar esa manera sólo está dada para quien se tome el trabajo de establecer sus fundamento y ubicarse en otro lugar. Si pudiéramos llamar la atención de todos para que no cayeran en la obviedad, no sería necesario investigar… ni estudiar.
De acuerdo al texto de la primera conferencia de John Austin en referencia a su expresión “irónica”, “quisiera reivindicar para mi exposición es que es verdadera por lo menos en parte”, quizás podría tener explicación en que hasta el momento, tal vez de exponer su conferencia, para los filósofos los enunciados solo cumplen el papel de describir o enunciar algún hecho, a los cuales se les puede atribuir un juicio de verdad o falsedad, sin embargo, los gramáticos han ampliado la utilización de enunciados para otro tipo de expresiones como preguntas, exclamaciones, órdenes o deseos aunque algunos de estos análisis se limitan a razones más de forma que de fondo, para Austin no.
ResponderEliminarEl estudio realizado de los enunciados que hace Austin permite entender que hay expresiones que no encajan en esta descripción, hay enunciados a los que no necesariamente se les da el juicio de valor como verdaderos o falsos. En la cotidianidad se dan numerosas expresiones que tienen otras intenciones que permiten generar otro tipo de acciones.
De otra parte expresa “El continuo descubrimiento de nuevos tipos de sin sentidos ha sido, en conjunto, beneficioso, por poco sistemática que haya sido la explicación de ellos y por misteriosa que haya seguido siendo la explicación”, algunas expresiones, explicaciones o teorías, pueden dar razón de un hecho en tanto y hasta tanto, no haya alguien que cuestionando su “veracidad”, explique de otra manera el fenómeno, así a través de la historia, muchas cosas dichas anteriormente han sido aceptadas sin mayores reparos, ya sea por la fuerza de imposición o por la aprobación del sentido común que nos lleva a pensar que siempre han sido así.
En educación, en política, como en otros espacios, numerosos ejemplos podíamos señalar de aquello que en su momento pareciera indiscutible, en ocasiones se termina reproduciendo el discurso porque alguien con reconocimiento social o por su posición social lo ha señalado, se imponen como “moda”, pero hay quienes tienen la osadía de cuestionar lo incuestionable, son ellos los que han permitido encontrar otras explicaciones a los fenómenos cotidianos o no.
El papel del investigador es quizás encontrar en aquello que parece evidente otras posibilidades, otras explicaciones, entender a los que ya han hablado del tema, sin el acto de repetición sin sentido, posiblemente permitirá encontrar que hay mucho por decir en el tema, situación o problema que se quiere abordar.
Hola, Gisella
EliminarDe acuerdo: hay expresiones que no encajan en el juicio (no “descripción”) de V o F. Pero no es que esas expresiones tengan “otras intenciones” y que permitan generar otro tipo de acciones. Más bien, tienen otra ESTRUCTURA. Veremos que Austin no justifica la idea de intención. Su descripción es a escala de la lengua, no del uso caprichoso que cada uno pueda hacer de ella. Justamente por eso va a criticar la idea de que “lo juré pero no con el corazón”. No señor: jurar es jurar, independientemente de la intención.
Austin no hace parte de nuestro espíritu “moderno” que relativiza todo (salvo el saldo de la propia cuenta bancaria). No se trata de que hoy juzguemos de otra manera las mismas cosas y, así, lo que antes era V, ahora es F. NO. En el ámbito donde opera V/F (¿es V o F que Gisella introdujo un comentario al blog?) se trata de un juicio que se hace en una comunidad. Que en otra época se modifique ese juicio no cambia en nada su pertinencia y la manera de producirse. Acá no estamos pontificando, como para que se sientan en obligación de relativizar todo. Si no hay verdad, entonces no hay lógica, ni matemáticas y ustedes no podrían quejarse de que no les paguen el sueldo.
Adriana, cordial saludo
ResponderEliminarNo podemos imponer otras reglas a un juego. Y, en caso de poder, tendremos otro juego. Un árbitro no puede decir que, como él es muy moderno y no ve solamente blanco y negro, sino también grises, entonces dictamina que fue “más o menos gol”. No. Tiene que decir si fue gol o no fue. El asunto de Verdadero o Falso no tiene ninguna ambigüedad en el campo donde efectivamente es pertinente esa oposición. En geometría euclidiana, dos rectas que no sean paralelas, se tocan en un punto; no es cierto que para unos geómetras sea una cosa y para otros sea distinta.
Muy distinto es plantear —como Austin— que hay ámbitos en los que los juicios V/F no son pertinentes. Pero no lo dice para relativizar los juicios, sino para establecer otros que también tienen su rigor de aplicación.
En un campo disciplinar, el objeto de estudio nunca es obvio. Ese juicio (“obvio”) no pertenece a los campos disciplinares. Las disputas que hay en los campos disciplinares por los objetos de estudio son de otra índole.
ResponderEliminarCon el ánimo de hacer un dialogo entre autores, encuentro cierta relación entre el planteamiento de Austin durante la primera conferencia “en primer término y en forma más obvia , se mostró que muchos “enunciados” son, como Kant fue quizás el primero en sostener sin sentidos estrictos, pese a su forma gramatical impecable”. El filósofo Nietzsche por su parte dice en su libro, Crepúsculo de los ídolos: “la otra idiosincrasia de los filósofos no es menos peligrosa: consiste en confundir lo último y lo primero. Colocan aquello que viene al final -¡lamentablemente!, los “conceptos máximos”, es decir, los conceptos más universales, los mas vacíos, el último vapor de la realidad evanescente, al comienzo como comienzo”. De acuerdo a lo anterior se pude decir que, tanto Nietzsche como Austin, hacen la crítica a los planteamientos filosóficos que son sustentados de manera arbitraria, como absolutamente verdaderos, aprovechándose de un uso hábil del lenguaje.